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Economía

Sánchez muestra su guía de campaña: frentismo plebiscitario y tomar las calles

Sánchez muestra su guía de campaña: frentismo plebiscitario y tomar las calles
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Los socialistas buscarán el enfrentamiento social y el miedo a la ultraderecha, intentando que los grupos a su izquierda no capitalicen los movimientos en la calle. Mientras, el PP no debería confiarse y lanzar un programa que afronte los principales problemas que preocupan a los españoles. Leer
La aguja de marearSánchez muestra su guía de campaña: frentismo plebiscitario y tomar las calles
  • JAVIER AYUSO
Actualizado 6 OCT. 2026 - 00:26El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer.MONCLOAEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Los socialistas buscarán el enfrentamiento social y el miedo a la ultraderecha, intentando que los grupos a su izquierda no capitalicen los movimientos en la calle. Mientras, el PP no debería confiarse y lanzar un programa que afronte los principales problemas que preocupan a los españoles.

Finalmente, el presidente del Gobierno ha decidido disolver el Parlamento y convocar elecciones generales el próximo 29 de noviembre.No le quedaba otra. Era consciente de que la situación iría a peor mes a mes y de que ahora se le abría una ventana de oportunidad para evitar un descalabro histórico. Pero bajo la apariencia de un mensaje institucional, Pedro Sánchez decidió abrir la campaña con un mitin electoral desde las puertas del Palacio de la Moncloa. Con su habitual estilo de superioridad moral, el líder socialista mostró las claves de su guía electoral: polarización y frentismo llevados a su máxima expresión, planteamiento plebiscitario e intención de tomar las calles bajo el tema de la lucha antifascista.

Su discurso de despedida estuvo plagado de ataques a todos los políticos y partidos con lo que quería ajustar cuentas. Del PP dijo que "nos hemos enfrentado a la peor oposición de la historia"; de Junts señaló que no hay que confundir "negociación con traición"; a Vox se refirió destacando sus posiciones ultraderechistas, y respecto a los líderes regionales populares se despachó diciendo que les habían aumentado sus dotaciones presupuestarias y que éstos las habían destinado "a comprar áticos y privatizar la Sanidad". También se refirió a los ataques supuestamente recibidos desde los poderes económicos, que calificó de "élites muy poderosas". Sánchez en estado puro.

Pero lo más grave de su intervención fue cuando se refirió al problema de la vivienda y los acampados y manifestantes de toda España. Se atrevió a afirmar sin vergüenza alguna que "hay una mayoría social que está indignada porque el Parlamento pisotea los intereses de la gente de a pie por el interés de unos pocos". Una afirmación más propia de alguien que no cree en la democracia representativa y en que la soberanía nacional corresponde a los diputados y senadores y no a los que toman las calles. Durante toda la legislatura, el presidente había atacado al Poder Judicial y en su despedida ha decidido insultar al Legislativo.

Como es habitual en él, el líder socialista hizo un balance elogioso de su gestión durante los últimos años. "El Gobierno de coalición progresista no ha dejado de trabajar y avanzar", dijo antes de destacar la modernización de la economía y la industria con los fondos europeos y la consolidación del Estado del bienestar "frente al altar del 5%" de los gastos en Defensa. También se refirió a los mejores resultados económicos, sociales y medioambientales. Se le olvidó mencionar los problemas reales que afectan a los españoles, su imposibilidad para gobernar por su debilidad parlamentaria, así como la corrupción en su partido y en su familia, la debilidad exterior de España o la invasión reciente de la ciudad autónoma de Ceuta. Prefirió autoensalzarse como el líder mundial de la izquierda, el único capaz de enfrentarse a la ola ultraderechista que invade el mundo.

Tras una primera parte de elogios, Sánchez pasó a pedir el voto a los españoles. "Debemos movilizarnos para obtener una mayoría suficiente para seguir avanzando, ilusionar y volver a ganar", afirmó. "Hay que elegir entre retroceso o avance, depende de vosotros". Y aquí volvió a su lema de 2023 que tan buenos resultados le dio: "Hay que evitar la mayoría ultraderechista que solo quiere recortar derechos", concluyó en su habitual alerta antifascista, antes de pedir a los españoles que se sitúen "en el lado correcto de la historia". La alternancia política, esencial en una democracia, ha dejado de ser un valor para él.

Pistoletazo de salida

En definitiva, el secretario general del PSOE dio el pistoletazo de salida a una campaña electoral que se presenta especialmente polarizada, incluso frentista. Sánchez quiere seguir poniendo ladrillos en el muro que empezó a construir en 2023 y que ha imposibilitado acuerdo alguno. Un muro en el que ha dejado al otro lado a uno de sus aliados de investidura, Junts, a quien regaló una amnistía, pero no ha podido pagar todos los precios que le ha ido poniendo en la mesa de negociación.

La guía de campaña tendrá como eje principal el plebiscito sobre su figura política como único candidato capaz de avanzar frente a la ola ultraconservadora y el poder de las élites. Para ello, tiene previsto agarrar la bandera de la vivienda como elemento para movilizar a los votantes de izquierda. Algo que ya hizo en 2019 y en 2023 y cuyos resultados han sido nefastos.

La pregunta es: ¿Quién va a sacar provecho de las movilizaciones contra la carestía de la vivienda y los desahucios? Es dudoso que sean los socialistas, o incluso el PP (por muchos planes que anuncie ahora Alberto Núñez Feijóo), los que consigan ganar votos de ese movimiento. El Gobierno central y los autonómicos han hecho caso omiso al problema de la vivienda, que ha ido subiendo mes a mes entre las principales preocupaciones de los españoles. Será la izquierda radical la que consiga más papeletas en las urnas de los indignados.

Habrá que ver, sin embargo, cómo plantean unos y otros la agenda política durante las próximas semanas. Los socialistas buscarán el enfrentamiento social y el miedo a la ultraderecha, intentando que los grupos a su izquierda no capitalicen los movimientos en la calle. Tienen a su favor que todavía no se sabe quién estará al frente del Frente Amplio y si Podemos acabará dentro de sus candidaturas.

Las encuestas siguen siendo machaconas sobre la intención de voto de los españoles. Entre el PP y Vox podrían superar el 50% de los votos y más de 200 escaños de los 350 hábiles en el Congreso de los Diputados. El PSOE no consigue avanzar de ese suelo de 100 diputados y aunque previsiblemente logre movilizar a varios cientos de miles de sus antiguos votantes desengañados por el sanchismo, no parece que puedan superar los 140 escaños que se atribuye a los populares. Ese es, hoy por hoy, el objetivo de los socialistas, aunque saben que no le servirá para gobernar. En España, hace tiempo que los resultados no se miden por partidos, sino por bloques.

En cuanto al PP, ayer mismo se desató una ola de euforia entre sus dirigentes. "Por fin", decía una lona colocada con urgencia en su sede de Génova en Madrid, mientras distribuía un vídeo en redes sociales con música triunfalista. Alberto Núñez Feijóo comparecía poco después de Sánchez para decir que, "por fin, la palabra la tiene España" y que "es el momento más importante de mi vida política".

Sin embargo, los populares no deberían confiarse, como hicieron en 2023. No solo porque el PSOE puede resucitar, sino porque desde el Vox de Santiago Abascal les pueden seguir "comiendo la merienda" como viene sucediendo desde hace años. Además de lanzar una campaña para acabar con el sanchismo y reconstruir España, Feijóo debería centrarse en un programa electoral confiable y que afronte los principales problemas que preocupan a los españoles. Está bien prometer cientos de miles de viviendas construidas en un año, pero hay que desarrollar toda una serie de propuestas que puedan eclipsar los ataques de la izquierda.

Ayer también se produjeron unas declaraciones fuera de tono de varios líderes. Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal recomendaron a los españoles que votarán en persona y no utilizarán la opción del correo. Y lo explicaron diciendo que no se fían de los socialistas. No tiene sentido poner en tela de juicio la limpieza del sistema electoral, al más puro estilo trumpista.

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Fuente original: Leer en Expansión
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