Felipe VI junto a Pedro Sánchez. EFE
Editorial EL RUGIDO DE EL ESPAÑOL Sánchez se borra de la Pascua Militar y exhibe su desdén institucional Publicada 6 enero 2026 04:46hLa ausencia de Pedro Sánchez en la Pascua Militar de este martes, 6 de diciembre, es un síntoma tan evidente de la degradación de la institucionalidad en España como absurda es la justificación que esgrime el presidente para su espantada.
Que el presidente del Gobierno se ausente por primera vez en democracia de un acto que lleva 244 años celebrándose, o que sea el único jefe del Ejecutivo que ha faltado en democracia a esta ceremonia de reafirmación institucional ante la Corona y las Fuerzas Armadas, no debería poder justificarse con una cita internacional de conveniencia.
Y menos cuando esa cita, examinada con frialdad, revela precisamente lo contrario de lo que el Gobierno pretende.
No es que Sánchez tenga tanta importancia internacional que no puede faltar a París, sino que tiene tan poca que su ausencia en Madrid sólo puede ser interpretada como un desplante al rey, a las Fuerzas Armadas y a los españoles.
El presidente ha ido a París para asistir a la cumbre de la Coalición de Voluntarios sobre Ucrania. Un viaje legítimo, ciertamente, en su dimensión formal.
Pero la realidad es que Sánchez viaja a una reunión en la que no tiene el menor papel.
Porque no participa en las conversaciones decisivas sobre una eventual paz ucraniana.
Porque no está en el círculo de líderes con los que Washington negocia.
Porque no forma parte de ese grupo de países europeos (Alemania, Francia, Italia, Polonia, Reino Unido, Finlandia) que definen en estos momentos el futuro geopolítico del continente.
Porque su presencia en París es secundaria, su voz no pesa y su influencia es nula.
Mientras Sánchez pone rumbo a la capital francesa, donde ocupará un asiento de segunda fila, otros líderes de países de menor tamaño económico moldean el nuevo orden continental.
Pero hay algo más que invalida completamente la justificación de Sánchez. Su política exterior ha dejado de ser compatible con la de sus aliados naturales.
Esta misma semana, Sánchez se posicionó junto a gobiernos latinoamericanos de la izquierda populista más cercana a la dictadura chavista para rechazar la intervención estadounidense en Venezuela, delineando una postura que le enfrenta implícitamente con la dirección marcada por Occidente.
Mientras la UE busca una transición democrática negociada en Venezuela, Sánchez se alinea con Brasil, Chile, Uruguay y México en una posición que protege los flancos del régimen de Maduro.
Y en ese contexto llega la Pascua Militar, ese acto que durante más de dos siglos ha reunido al jefe del Estado, el Gobierno y las Fuerzas Armadas en un ritual de armonía civil e institucional.
Un acto que tiene un significado que trasciende lo ceremonial: representa el compromiso del poder civil democrático con sus Fuerzas Armadas.
El rey como comandante supremo, el presidente como máxima autoridad civil.
Pero Sánchez se ausenta porque no quiere estar en una sala con el rey. Porque su falta de sintonía con la institución monárquica es evidente. Y eso ha transformado la Pascua Militar en un acto incómodo para él.
Margarita Robles llevará las flores. El rey presidirá el acto. Y las Fuerzas Armadas sabrán que su jefe de Gobierno estaba en otra parte.
La justificación de la cumbre sobre Ucrania es, evidentemente, una cortina de humo.
Si realmente fuera tan importante su presencia allí, si realmente España jugara un papel decisivo en las negociaciones sobre la paz, entonces quizá se entendería la renuncia a la Pascua Militar.
Pero no es así. La realidad es que un presidente débil, sin autoridad en el escenario internacional, sin coherencia en su política exterior, ha usado una cita secundaria en París como excusa para no comparecer ante una institución, la Corona, con la que tiene una relación de desconfianza mutua.
La ausencia en la Pascua Militar no es un mero incidente institucional. Es un síntoma de una crisis mayor: la de un presidente que ha perdido el eje, que no sabe distinguir entre lo urgente y lo importante, que abandona las instituciones españolas por participar en cónclaves donde nadie lo espera.