Cátedra Jean Monnet-Esade
05/09/2026 a las 18:55h.El curso empieza en Bruselas con una propuesta franco-alemana para quitar poder al Servicio de Relaciones Externas de la UE y dárselo a la ... Comisión. Lo que podría parecer como un nuevo reparto interno de cartas con la excusa de ahorrar en el presupuesto tiene transcendencia para la reinvención de la integración europea. El Tratado de Lisboa creó este embrión de Ministerio europeo de Asuntos Exteriores, pero no ha funcionado a pleno rendimiento. A estas alturas la mayoría de los veintisiete Gobiernos nacionales siguen aferrados a la regla de la unanimidad para tomar decisiones en este ámbito, lo que limita mucho el despliegue diplomático comunitario.
Una de las ventajas europeas en el nuevo tiempo geopolítico es la capacidad de trabajar con aliados, algo que ni China ni Estados Unidos saben hacer bien o se plantean. La Administración Trump trata peor a los socios que a los rivales -el caso de Canadá es muy ilustrativo- y entiende que para que su país gane otro ha de perder. El régimen de Xi Jinping proclama la igualdad soberana de todos los países, pero en la práctica trata como vasallos y feudatarios a sus vecinos y no duda en utilizar la coerción económica, tecnológica y militar.
Así que mientras los europeos dan solo pequeños pasos hacia una defensa común, deben reforzar y acelerar la puesta en marcha de una diplomacia efectiva. En los asuntos operativos de defensa, sin embargo, los Gobiernos seguirán llevando la voz cantante, porque la Comisión carece de la legitimidad política suficiente para decidir sobre cuestiones de esta naturaleza. Los acuerdos comerciales recientes con India y con Mercosur, liderados por la Comisión, son buenos ejemplos de las alianzas que se pueden establecer con países de todo el mundo, unidos por un mismo empeño: mantener las rutas de la globalización económica y sobrevivir a los tics depredadores de las dos superpotencias.
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