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Internacional

Salvando vidas en Uganda: César Ramírez vuelve de su última misión

Salvando vidas en Uganda: César Ramírez vuelve de su última misión
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El cirujano opera a afectados de hernias y forma a profesionales locales para que puedan atender a la población
Salvando vidas en Uganda: César Ramírez vuelve de su última misión

El cirujano opera a afectados de hernias y forma a profesionales locales para que puedan atender a la población

Regala esta noticia Añádenos en Google César Ramírez durante una operación en Uganda. (SUR)

Matías Stuber

30/07/2026 a las 14:23h.

Entre el 4 y el 12 de julio, los pasillos del Hospital Bishop Ceaser Asili, en la región ugandesa de Luwero, se convirtieron en un ... escenario de esperanza. Una expedición de la Fundación César Ramírez Bisturí Solidario, en alianza con la Fundación Cirujanos en Acción, desembarcó en el país africano para completar otra campaña quirúrgica que se ha saldado con 104 procedimientos realizados a 84 pacientes. Detrás de cada cifra hay un rostro, y detrás de cada hernia operada, una vida devuelta a la dignidad.

Durante esta expedición, enmarcada en el proyecto Hernia Aid Uganda, el equipo abordó prioritariamente estas patologías utilizando la técnica Lichtenstein mediante la colocación de mallas quirúrgicas. Tal y como explica el doctor César Ramírez, fundador de Bisturí Solidario y líder de la misión, con esta técnica aseguran el tratamiento de la hernia con seguridad, sencillez y buenos resultados a largo plazo. En entornos con recursos limitados, utilizar una técnica estandarizada y con bajas tasas de recurrencia supone ofrecer a los pacientes una solución definitiva que les permite recuperar su vida laboral, familiar y social.

Las personas que padecen de una hernia en África sufren exclusión social

El engranaje asistencial no fue obra de un solo hombre. A su lado trabajó un equipo formado por las cirujanas Teresa Butrón y María Pelloni, los anestesistas Filadelfo Bustos y Jesús Barrera, y las enfermeras Lidia Honeine, Olga Clemente, Ana Ferrer y Marta Villarraso. Esta campaña, la segunda del año para la fundación tras su paso previo por Gambia, ha tenido una máxima innegociable: el impacto de la solidaridad no puede empaquetarse en la maleta de vuelta a España.

Durante ocho días de trabajo hombro con hombro con el personal sanitario del centro, el equipo español compartió protocolos anestésicos, técnicas de intervención y esquemas organizativos para fortalecer las capacidades locales. El doctor Ramírez enfatiza que tan importante como realizar estas intervenciones es enseñar a los cirujanos locales a dominarlas para que puedan seguir aplicándolas cuando la misión haya terminado, garantizando así un impacto duradero en la comunidad.

Si la expedición en Luwero tuvo un momento especialmente emotivo y simbólico, ese llevó el nombre del doctor Paul Clement Fillie. Originario de Sierra Leona, Fillie tuvo que trasladarse a la Universidad de Kampala para perseguir su sueño, convirtiéndose en el primer profesional becado por el programa «Ayudas a la Formación» de Bisturí Solidario.

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Más imágenes de la misión humanitaria de la Fundación Bisturí en Uganda. . (SUR)

Es precisamente en este punto donde cobra dimensión el verdadero alcance de la expedición. Tras la misión, el doctor Fillie regresa a Freetown, su ciudad natal, con la preparación necesaria para liderar el futuro de la cirugía en su país. La misión en Uganda ha terminado, pero el surco trazado por Bisturí Solidario demuestra que la medicina verdaderamente transformadora es aquella que cura hoy, pero se encarga de que mañana otros puedan seguir curando.

Conversar con el doctor Ramírez es, por encima de todo, un ejercicio de toma de conciencia; un delicado equilibrio entre la entrega más absoluta y la punzante certitud del desamparo. La lista de hombres y mujeres que aguardan una intervención en estos rincones del mundo es virtualmente infinita, y la dura realidad impone su peso: este escenario no se resolverá a corto plazo; quizá, no cambie nunca.

Cuerpos al límite

«Llevamos nuestros cuerpos al límite, pero llega un momento en el que tenemos que parar», reconoce el cirujano malagueño. Ese límite suele marcarlo el reloj alrededor de las diez de la noche. Por inquebrantable que sea la voluntad de ayudar, Ramírez rehúsa tajantemente entrar a quirófano sin la plena certeza de que su mente y sus manos están al cien por cien. La responsabilidad ética no entiende de fronteras: «Cada paciente es un reto y yo me pongo las mismas exigencias de resultados que me pondría en España».

Son jornadas frenéticas que sacuden las certezas y resignifican conceptos cotidianos, empezando por la gratitud. En un entorno donde las palabras sobran, «aquí los agradecimientos son los rostros y las caras de la gente», confiesa el doctor. Una mirada basta para devolver el aliento y recargar el motor de un cirujano que, apenas concluye una misión, ya se encuentra planificando la siguiente.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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