El nuevo jefe de la Policía Nacional es un profesional que tiene la aprobación de todo el Cuerpo. El consenso en torno a José Luis Santafé Arnedo, hasta ayer jefe superior de Baleares, hay que buscarlo en una trayectoria sin sobresaltos en la que nunca se ha vinculado con una sensibilidad política. Así lo atestiguan altos mandos policiales consultados por este periódico. Hay quórum. El Ministerio del Interior ha acertado, coinciden.
No es de extrañar la meticulosidad con la que Fernando Grande-Marlaska ha designado al nuevo director adjunto operativo (DAO) de la Policía tras la abrupta salida hace tres semanas de su predecesor, José Ángel González, provocada por la admisión de una querella por violación presentada en su contra por una inspectora. El ministro tenía tanta confianza en Jota -como se le conoce en la Policía- que, de manera sospechosa, utilizó un decreto de ayudas a las familias afectadas por la dana para esquivar su jubilación obligatoria. «Santafé no tiene cadáveres», zanjan para apuntalar la visión de un perfil «directo» y resolutivo. «No es influenciable», destacan.
Tras el escándalo que ha supuesto la denuncia contra el ex DAO, Grande-Marlaska no podía permitirse otro traspiés con el máximo cargo uniformado de la Policía Nacional por la crisis de imagen que supuso para el Cuerpo la salida de González y el clima de inestabilidad que se ha instalado en todos los niveles de la Policía Nacional por este asunto. Una vez que la querella se conoció, saltó al escaparate público lo que en la Policía ampliamente se conocía a nivel interno: el carácter «arbitrario» de González, su «costumbre» de iniciar relaciones «sentimentales» desiguales con sus subordinadas y su manera errática de entender el cargo. «A Jota le costaba subirse la bragueta», contaron altos mandos. El nuevo director adjunto operativo de la Policía llega avalado por Aina Calvo, secretaria de Estado de Seguridad, número dos del ministro del Interior y mujer influyente en el socialismo balear. Como policía, Santafé lo ha sido casi todo en el Cuerpo policial balear y ahí es donde ha desplegado, según quienes han trabajado con él, su carácter de hombre firme y pacificador. Justo lo que necesita la cúpula de la Policía Nacional en este momento tan volcánico.
Es diplomado en Magisterio por la Universidad Complutense de Madrid y ha participado, indican fuentes policiales, en cursos y jornadas formativas relacionadas con asuntos como delitos de odio, dirección estratégica de la seguridad pública, cooperación internacional en políticas de seguridad, liderazgo y transformación digital en la Policía Nacional, entre otras. Desde el Ministerio del Interior, a través de un nota distribuida ayer, informaron de que Santafé «ha recibido además numerosas condecoraciones y reconocimientos por su trayectoria profesional».
El apoyo de Calvo, que fue alcaldesa de Palma (2007-2011) y delegada del Gobierno en Baleares entre 2020 y 2023, ha sido definitivo para que Grande-Marlaska haya consumado el nombramiento, cuyo plazo de presentación terminó el pasado miércoles. Fue en aquella época cuando Calvo trabajó codo con codo con Santafé, por entonces ya alto mando policial. Ambos mantuvieron una buena relación profesional, especialmente intensa durante los meses más complicados de la pandemia, cuando Santafé ocupaba el cargo de director regional de Operaciones de la Policía en Baleares. Fue además jefe de la Policía Judicial.
Fogueado en las unidades de Antidisturbios del Madrid bronco de los 90 y en la siempre complicada plaza de Ibiza, a la que fue destinado en su segunda etapa en Baleares, desde 2022 ha sido jefe superior de la Policía Nacional en Baleares. Durante su mandato ha tenido que enfrentarse, entre otros retos, al gran desafío de la organización policial y logística para paliar la interminable crisis de las pateras o a sofocar con mano de hierro la crisis interna provocada por el caso Cursach, en la que tuvo que intervenir el fiscal anticorrupción Alejandro Luzón. Santafé defendió a sus compañeros y la Justicia acabó dándoles la razón. «Está sobradamente preparado para ejercer un cargo de estas características porque conoce bien todos los niveles de la Policía», insisten las mismas fuentes consultadas.
«Había que dar un paso adelante y he asumido darlo». A sus 60 años, José Luis Santafé Arnedo resumía ayer a este diario con estas escuetas palabras su ascenso al máximo cargo policial al que puede escalar un agente uniformado. El nuevo DAOes madrileño de nacimiento (del barrio de Malasaña), pero está arraigado en Mallorca, donde reside su familia. En estos años, bajo su jefatura en Baleares se han asestado sonados golpes al narcotráfico: el último, la desarticulación junto a la Guardia Civil de la banda de Milojevic, investigada por sus conexiones con el hampa internacional.
En esta última etapa de su carrera profesional, y aunque evita dar más detalles de la intrahistoria de su ascenso, Santafé asume el cargo a pesar «del coste personal y familiar» que afronta y que describe su entorno más cercano. Indican que es consciente de que desembarca en Madrid en un momento muy delicado para la institución en la que lleva cuatro décadas y que asume el reto «con ganas de aportar».
Dentro de dos semanas, el día 17, su predecesor en el cargo, José Ángel González, se sentará ante el titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 8 de Madrid, que le mantiene imputado por un delito de agresión sexual para prestar declaración. Los hechos denunciados se remontan a abril de 2025, cuando, según la víctima -ambos habían tenido una relación sentimental con anterioridad que en ese momento estaba acabada-, la obligó a subir a su casa tras hacerla dejar su puesto de trabajo «aprovechando su superioridad» y la forzó a masturbarle mientras él le introducía los dedos en la vagina. La inspectora también declarará el mismo día.