- Grynspan: "La fragmentación geopolítica también impacta en la economía"
- "Hoy se utiliza cualquier interdependencia como arma de guerra"
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Europa debe ser capaz de asegurar de manera autónoma sus necesidades estratégicas. La IA tiene que ser la infraestructura clave para poder elevar la competitividad de las empresas españolas.
Las transformaciones generadas en la economía global por la revolución tecnológica de mano de la inteligencia artificial (IA) y la competición geopolítica obligan a los actores económicos a asumir que la seguridad ya no es un reto que afecte a ciertos sectores, sino una condición determinante que todos deben integrar en sus estrategias. Así se puso de manifiesto durante la primera jornada del VII FORO INTERNACIONAL EXPANSIÓN, organizado en colaboración con el Think Tank The European House Ambrosetti. La coyuntura presente impone distintas urgencias a las economías que quieran ser competitivas, pero en el caso de la zona euro son consecuencia de décadas de complacencia que obligan a mayores esfuerzos que otros competidores. No sólo en el ámbito de la seguridad y la Defensa para cumplir los compromisos asumidos en el marco de la OTAN, sino también en energía, financiación y regulación. A diferencia de crisis precedentes, esta vez el diagnóstico es claro, lo que sitúa el ámbito de acción prioritaria en el plano de la política y las decisiones empresariales.
Desplegar las redes
Europa en general, y España en particular, debe ser capaces de asegurarse la mayoría de sus necesidades estratégicas en seguridad energética, infraestructuras y tecnología. Un desafío que hace más importante el despliegue definitivo de la unión bancaria europea y del mercado de capitales para respaldar las inversiones necesarias. El viejo continente se mueve más rápido que hace unos años, pero todavía menos que las potencias económicas globales más dinámicas como EEUU, China e India. La lentitud burocrática sigue siendo excesiva para facilitar la transición que ayude a sortear las fragilidades que han quedado de nuevo patentes con la crisis bélica de Oriente Próximo, ya que, si bien Europa tenía una menor dependencia de la energía del golfo Pérsico que otras áreas como Asia, también está sufriendo las consecuencias del encarecimiento de los carburantes y las disrupciones en las cadenas de suministro. Si la soberanía energética es de verdad prioritaria para los países europeos, ha llegado la hora de apostar de forma decidida para alcanzarla porque la interdependencia se está usando como arma de guerra.
Freno fiscal
Una de las áreas críticas para alcanzar esos retos es la fiscalidad, y en este punto emergen como un freno para la competitividad de la zona euro algunas iniciativas en varios países, entre ellos España, encaminadas a incrementar la carga tributaria sobre la industria financiera y la energética. En un mundo en el que el capital se mueve a velocidad de vértigo, y cada vez es más voluble a las decisiones políticas, el marco jurídico debe ser estable y predecible. Un aspecto en el que nuestra economía tiene un amplio margen de mejora. Del mismo modo, la regulación debe orientarse a facilitar la ganancia de tamaño empresarial en los sectores más pujantes como la Defensa, la industria o los servicios de tecnología. Las fronteras entre lo militar y lo civil se están difuminado. Por ello, el rol del sector privado en la economía global que está moldeando la competencia geopolítica entre las grandes potencias es crítico para proteger la soberanía estratégica del continente, que es también económica y financiera, e impulsar las soluciones que sirvan para reducir la brecha innovadora y asegurar el talento que sea capaz de desplegarlas.
Maximizar la IA
Dado el retraso que acumula Europa en los desarrollos basados en inteligencia artificial, la clave competitiva puede estar en las aplicaciones innovadoras de las herramientas ya disponibles con unos modelos segmentados para no duplicar esfuerzos. El ámbito de la Defensa es uno de los que presentan mayores potencialidades, que son visibles también en el energético o el industria, sin olvidar la optimización de las cadenas de suministros. En suma, esta tecnología adquiere un papel si cabe más relevante como la infraestructura básica del futuro para elevar la capacidad competitiva de las empresas y el desarrollo de sus profesionales.
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