- LEE HARRIS Y TOBY NANGLE
El sector asegurador se enfrenta a una paradoja peligrosa: los riesgos globales aumentan, pero el exceso de capital alternativo desploma los precios. Una desconexión que podría provocar una crisis sistémica.
Los ejecutivos de los seguros están acostumbrados a lidiar con crisis. Pagados por evaluar los riesgos globales, están familiarizados con huracanes, terremotos y atentados terroristas.
Pero el peligro que afronta Laurent Rousseau desde su oficina en Marsh, el mayor bróker de seguros del mundo, en Londres, es la caída de los precios en su sector.
Un mundo más peligroso debería ser beneficioso para su industria: empresas y gobiernos buscan reducir su creciente exposición a riesgos que van desde desastres naturales y guerras hasta conflictos comerciales y disturbios callejeros. La protección contra desastres nunca ha sido tan codiciada.
Durante los últimos años, el sector ha disfrutado de enormes beneficios. Pero Rousseau y otros como él temen que las aseguradoras, respaldadas por una avalancha de capital financiero, estén infravalorando el riesgo que asumen.
Al mismo tiempo que se multiplican los riesgos, la contratación de cobertura se abarata. Los precios de los seguros para riesgos cibernéticos, por ejemplo, han caído cerca de un 40% desde su máximo en 2022, según datos de los brókeres, a pesar del aumento de los ataques digitales.
A veces, dice Rousseau, existe "una enorme brecha entre el rendimiento financiero del sector y la valoración del riesgo subyacente. En este momento, esa brecha se está ampliando".
La desconexión entre riesgos y precios es un ejemplo contundente de cómo las oleadas de grandes capitales han distorsionado incluso los sectores más consolidados. Es un fenómeno que, en el caso de los seguros, ha provocado una bajada de las primas, una tendencia que preocupa en el sector y que no se puede sostener.
Los agentes de seguros afirman que la cobertura se ofrece a tarifas que hoy son rentables para las aseguradoras "en términos contables", pero que podrían mermar su valor a largo plazo una vez que se acumulen las reclamaciones.
Previendo un techo del mercado, Rousseau y 20 miembros de su equipo dedicaron dos días en junio a elaborar "un plan de acción para la próxima crisis de los seguros", simulando escenarios que podrían causar la siguiente gran pérdida al sector, y dar lugar a la próxima gran reestructuración.
Entre los escenarios considerados se encontraban los ciberataques, los desastres naturales e incluso un colapso en las carteras de inversión de las aseguradoras, ya que algunas instituciones están cada vez más expuestas al problemático sector del crédito privado estadounidense.
Este ejercicio refleja la creciente preocupación de altas figuras del sector, quienes advierten que el buen comportamiento actual está atrayendo más capital del que las aseguradoras saben cómo dar uso. Temen que, cuando llegue la hora de la verdad, las empresas que asumieron demasiado riesgo a precios muy bajos durante los años de bonanza quiebren.
Ciclo beneficios-desastre
Históricamente, el sector atraviesa ciclos. Tradicionalmente, si el sector obtiene grandes beneficios, nuevos competidores entran en la industria, lo que reduce el precio del riesgo, las primas de los asegurados y, en última instancia, los propios beneficios. Tras una serie de desastres, el consiguiente aumento de las reclamaciones agota las reservas de capital de las aseguradoras y lleva a algunas a la quiebra.
A medida que disminuye la presión competitiva, las aseguradoras pueden aumentar las primas, mejorando así su balance. La mejora de la rentabilidad atrae una nueva oleada de capital, lo que hace que los precios vuelvan a bajar hasta que llegue la siguiente racha de desastres.
Pero la actual caída de precios es más pronunciada que en el pasado, impulsada por el capital procedente de gestoras de activos alternativos de rápido crecimiento, hedge fund y fondos soberanos que inundan el sector, dispuestos a asumir riesgos reales crecientes como el cambio climático y la guerra.
La perspectiva de obtener altos rendimientos ligados a eventos aleatorios, en lugar de a las fluctuaciones esperadas de la política monetaria o el desempeño empresarial, ha hecho difícil resistirse al sector.
El exceso de capital de inversión supera el valor asegurable de los activos -edificios, barcos o intangibles como los ingresos empresariales- sobre los que las aseguradoras pueden cobrar primas a los precios actuales. Las aseguradoras de todo tipo están intentando crecer donde sea posible.
Grandes ganadores
Un ejemplo de la nueva ola de dinero que inunda los seguros se encuentra tras los famosos muros de Lloyd's of London, un mercado centenario que, en muchos sentidos, constituye un microcosmos del sector global de los seguros especializados, de propiedad y de responsabilidad civil.
Lloyd's, que representa aproximadamente 71.000 millones de dólares de un mercado global de 1,5 billones, ha sido uno de los grandes beneficiarios del reciente auge del sector. Sus sindicatos han obtenido beneficios agregados de alrededor de 10.000 millones de libras en cada uno de los últimos tres años, en parte como resultado del aumento de precios por parte de las aseguradoras de todo el mundo durante el último repunte cíclico en 2023.
Antiguamente estos beneficios se habrían repartido entre las decenas de miles de los llamados "Nombres", inversores privados que durante mucho tiempo habían aportado capital de suscripción a Lloyd's y asumido responsabilidad ilimitada por las pérdidas. Sin embargo, una serie de pérdidas catastróficas a finales de la década de 1980 y principios de la de 1990 se llevó consigo a muchos de estos Nombres, y las aseguradoras institucionales intervinieron para proporcionar el capital adicional que el mercado necesitaba.
Ahora esas aseguradoras institucionales se están viendo desplazadas por los inversores alternativos. Hace una década, las fuentes alternativas de capital, como los fondos del mercado privado y los valores vinculados a seguros, representaban sólo el 3% de los fondos de los miembros de Lloyd's. Desde entonces, han crecido y han llegado a superar el 12%.
No es difícil comprender su atractivo. En los últimos 20 años, la rentabilidad del capital invertido en sindicatos de seguros en Lloyd's of London ha superado a cualquier inversión diversificada en acciones y bonos globales, tanto en términos totales como ajustados al riesgo.
Bajo la dirección de Patrick Tiernan, quien asumió el cargo de consejero delegado el año pasado, el mercado ha mejorado su gestión de la asunción de riesgos, limitando la extralimitación de los suscriptores menos competentes y fomentando el crecimiento de los mejores.
Para mitigar el riesgo de que el capital que busca mayor rentabilidad menoscabe los estándares de suscripción, los sindicatos que deseen operar deben presentar y perfeccionar sus planes de negocio, modelos de capital y supuestos anualmente.
Proyectan el alcance y la magnitud de las pérdidas sufridas bajo una serie de "escenarios de desastre realistas" predefinidos por Lloyd's, así como los escenarios catastróficos en los que se especializa cada sindicato.
El mercado sigue ofreciendo rentabilidades atractivas, especialmente para los inversores que logran que sus bancos les emitan una carta de crédito. Esto puede aumentar las rentabilidades al incrementar el apalancamiento ya presente en el negocio de los seguros.
Para atraer a gestoras de activos como la neoyorquina Blackstone, Lloyd's ha enfatizado su estructura de capital excepcionalmente eficiente, así como la diversificación que ofrece la inversión en seguros.
Lloyd's afirma que esto significa que una aseguradora que suscribe pólizas dentro de su mercado necesita aproximadamente un tercio menos de capital que una que opera fuera de él.
Qué eleva los precios
Las presiones sobre los precios siguen afectando a los sindicatos de Lloyd's y a sus inversores.
Las pérdidas significativas más recientes del sector se produjeron tras la temporada de huracanes del Atlántico Norte de 2017. Al cambiar el ciclo, las perturbaciones en la cadena de suministro derivadas de la pandemia y las sucesivas pérdidas por tormentas menores contribuyeron a que las primas volvieran a subir.
Pero después de que los precios comenzaran a caer a finales de 2024, ni siquiera los devastadores incendios forestales de California fueron lo suficientemente costosos como para sostener las tarifas de los seguros. Los datos de los brókeres muestran que los precios llevan siete trimestres consecutivos cayendo.
Algunas aseguradoras ahora anhelan en privado que se produzca un gran desastre para estimular los precios. Inga Beale, ex consejera delegada de Lloyd's, provocó una gran polémica en 2017 al confesar que los huracanes, "de una manera perversa benefician al sector".
Unos pocos desastres en regiones con altos precios de los activos (la costa de Florida en California, propensa a los terremotos, y Japón) pueden terminar distorsionando el mercado en general.
Actualmente, las aseguradoras también intentan comprender si los ciberdelincuentes o la inteligencia artificial maliciosa podrían provocar pérdidas significativas a nivel mundial.
Las aseguradoras ya están modelando escenarios en los que agentes de inteligencia artificial desatan episodios de caos -como el fraude con deepfakes, la manipulación del mercado o lesiones corporales- que podrían exponer a las empresas a grandes pérdidas, potencialmente recuperables a través de sus pólizas de responsabilidad civil.
Kevin Kalinich, agente de seguros de Aon, ha advertido que tales pérdidas podrían volverse sistémicas.
"La industria aseguradora puede permitirse pagar una pérdida de 400 ó 500 millones de dólares a una sola empresa que haya implementado una inteligencia artificial que proporcionó precios erróneos de aerolíneas o diagnósticos médicos incorrectos", afirma Kalinich. "Lo que no pueden permitirse es pagar si un proveedor de IA comete un error que resulta en 1.000 o 10.000 pérdidas: un riesgo sistémico, correlacionado y agregado".
¿Es diferente esta vez?
La pregunta para el sector es qué harán estos nuevos inversores tras una catástrofe importante. Si huyen despavoridos, el ciclo tradicional podría reiniciarse, impulsando nuevamente los precios al alza.
Por ejemplo, los inversores alternativos se alarmaron cuando el huracán Ian causó daños asegurados por valor de 67.000 millones de dólares en Florida en un momento de inflación y tipos de interés en alza en 2022.
Grandes inversores soberanos retiraron conjuntamente al menos 4.000 millones de dólares de capital durante ese período, amplificando así las subidas de precios.
Cuando finalmente se acordaron los términos en diciembre de ese año, los precios del reaseguro (seguros para aseguradoras) se dispararon hasta un 200%. Munich Re, la mayor reaseguradora del mundo, ha apuntado a esa subida de los precios como una señal de que los inversores alternativos del sector podrían retirarse cuando llegue la próxima crisis, provocando una fuerte subida de las tarifas.
Los críticos replican que esto es hipocresía. Las reaseguradoras tradicionales, como Munich Re, también suben sus precios y se retiran de algunos riesgos tras sufrir grandes pérdidas, con efectos en los precios que, en última instancia, se trasladan a los consumidores.
Otra teoría es que los nuevos inversores podrían reducir permanentemente los precios de los seguros. Los gestores de activos que buscan rentabilidades no correlacionadas con los mercados de renta variable y renta fija en general han mostrado una demanda constante de inversiones como los bonos catástrofe, que generan beneficios si se cumplen ciertos criterios, incluso a pesar de que los diferenciales se han reducido.
Quienes defienden esta postura sostienen que los hedge fund, los fondos soberanos y los fondos de pensiones han comprendido el ciclo de precios de los seguros, y ahora lo aprovecharán comprando en las caídas tras grandes desastres.
La próxima gran catástrofe, ya sea un huracán, una pandemia o un peligro aún desconocido, pondrá a prueba si la enorme cantidad de capital alternativo que entra en el mercado ha acabado con el ciclo tradicional de auge y caída del sector y ha reducido las tarifas de forma permanente.
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