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Sentencia y vida

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¿Qué condena merece matar a tres personas en un siniestro de tráfico?, aunque no haya intención
Sentencia y vida

¿Qué condena merece matar a tres personas en un siniestro de tráfico?, aunque no haya intención

Regala esta noticia Añádenos en Google Un quitamiedos instalado en una carretera española donde se produjo un accidente, imagen de archivo. (Alberto Mingueza)

David Landazábal

Vicepresidente de Stop Accidentes

08/06/2026 Actualizado a las 13:10h.

Normalmente estos artículos los escribo los domingos. Es el día que más tranquilo estoy: me levanto, desayuno, leo la prensa, me pongo al día. Y ... en este último gesto, en el de leer la prensa, hoy me he vuelto a quedar petrificado por dos conceptos: el de la justicia y el de la vida. Hay muchas noticias, pero, como siempre, me centro en las vías y en las vidas.

Pero quizás lo que más me inquieta es que la Audiencia dice que la imprudencia de la conductora «no adquiere la calificación de grave por más que la infracción administrativa sea catalogada como tal». Añade que rebasó la línea continua de separación de carriles de manera involuntaria, pero «ni iba a una velocidad excesiva, ni circulaba bajo los efectos de alcohol o drogas, ni se aprecia zigzag o que vulnere las normas de prudencia más esenciales exigibles». Y la frase que ya merecería un premio a lo absurdo: «no se ha acreditado que el comportamiento de la acusada significase un total desprecio u omisión de los más elementales deberes de cautela».

La conductora se mete en el coche con su café, como si fuera una cafetería en la que espera paciente a que llegue alguien. Primer error gravísimo: el vehículo pesa entre una y una tonelada y media, y se desplaza entre 1 y 120 km/h si se respetan las normas. Por lo tanto, tenemos un arma pesada entre las manos. ¿De verdad no requeriría toda nuestra atención?

Comienza a circular y lleva el café en la mano derecha; solo conduce con la izquierda —no sé si el vehículo es manual o automático—. Segundo error: circula bebiendo café. Y ocurre lo que creemos que solo les pasa a los demás. Pierde la atención, el vehículo se desplaza a la derecha rozando con algún elemento, y eso provoca que dé un volantazo a la izquierda invadiendo el sentido contrario. Tercer error —las distracciones son la principal causa de muerte en los siniestros viales—.

Al realizar ese gesto reflejo chocó contra tres vehículos de dos ruedas. Dos mujeres jóvenes, de 34 y 44 años, y un hombre de 43, murieron el día que salieron de paseo con sus motos. Alguien entendió que un café era más importante que la vida de otro.

Aquí me queda una pregunta importante antes de entrar en el fondo: ¿se podría haber evitado? Imagino que ya saben la respuesta.

Ahora quiero entrar en la cuestión.

Está claro que no hay intencionalidad. Lo siento muchísimo por la conductora, que creyó que un acto tan inocente no tendría tanto drama ni responsabilidad. Y este es uno de los principales problemas: normalizamos lo más peligroso simplemente porque lo hacemos a diario y «no pasa nada». Aunque, lo reconozco, lo siento mucho más por las tres familias que están atravesando este desastre.

Esto no fue un «accidente». Esto fue una «decisión» que provocó un siniestro. Una decisión que solo parece equivocada cuando ocurre algo así.

Y aquí viene lo peor. Bueno, no, lo peor que se lo pregunten a las familias. Aquí viene lo que nos encontramos las víctimas en muchas ocasiones: un ente ignorante de la realidad, porque a él no le ha pasado —si no, ya les digo que la cosa cambiaría bastante—. Con los bemoles, por no decir los cojones, de algo catalogado como infracción grave, por alguna cuestión que nadie entendería en su sano juicio, decide que la culpa es del café y que no es grave.

¿O sea que matar a tres personas, aunque no haya intención, no es grave? ¿Entonces? ¿A qué está jugando esta sociedad? ¿Se está victimizando al causante? Pobre, no se dio cuenta. El que iba hasta las cejas de alcohol y drogas: pobre, tuvo un mal día. El que no se despegaba del teléfono: pobre, es su negocio, son sus redes sociales…

También dice que no circulaba en zigzag. Entonces salirse de su carril, invadir el arcén, golpear con un bordillo, volver a cruzar su carril e invadir el contrario… ¿eso no es zigzag? No hay más ciego que el que no quiere ver. Y así es imposible arreglar este desastre.

Hace falta responsabilidad: particular, administrativa y de todo tipo. Entender que una decisión mía, por inocente que parezca, puede causar la muerte y debe castigarse con justicia. Entender que ir tomando café al volante no es un acto benevolente; al contrario. Igual que ir borracho no es un atenuante. Es imperativo que la sociedad y la justicia tomen conciencia del riesgo y la gravedad de nuestros actos. Y también de lo que supone no ser verdaderamente justos con la vida de los demás.

¿Estos gestos son la manera de construir una defensa hacia nuestros propios actos irresponsables? Es decir: como yo también lo hago, ¿me preparo el terreno por si me pasa a mí? Que el castigo no sea muy grave, total, fue un despiste sin intención. Porque, si no, no lo entiendo. ¿Y qué pasa con las víctimas?

¿Oiga, hay alguien ahí?

Mientras la justicia y la sociedad no entiendan que conducir un vehículo requiere toda nuestra atención, esto no se arreglará. Es como llevar una escopeta de caza cargada por la calle.

Por cierto, ¿saben ustedes lo que pasaría si alguien viese caminar por la calle a un individuo con una escopeta sin funda?

Gracias.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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