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Si Bruselas inicia una guerra comercial, Pekín la terminará

Si Bruselas inicia una guerra comercial, Pekín la terminará
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Un simulacro del conflicto entre la UE y China advierte a Europa de no iniciar las hostilidades contra un oponente con una potencia de fuego superior. Leer
Financial TimesSi Bruselas inicia una guerra comercial, Pekín la terminará
  • ALAN BEATTIE
Actualizado 16 JUN. 2026 - 15:26China tiene una potencia de fuego superior en una guerra comercial sin cuartel.dreamstimeEXPANSION

Un simulacro del conflicto entre la UE y China advierte a Europa de no iniciar las hostilidades contra un oponente con una potencia de fuego superior.

Ha llegado la hora de la verdad. Esta semana, los líderes de la UE se reúnen en Bruselas para decidir cómo afrontar la situación comercial con China. Claro que, últimamente vivimos una hora de la verdad permanente. Durante años, la UE se ha ido mostrando cada vez más alarmada ante el dominio de China en la tecnología verde y su política comercial e industrial intervencionista, pero ha hecho poco para combatirla.

Las divisiones internas han frenado la firmeza de la UE. Alemania y España, deseosas de proteger, respectivamente, las exportaciones a China y la inversión en vehículos eléctricos procedentes del gigante asiático, están preparadas para poner freno a lo que consideran unos guerreros comerciales exaltados. Herramientas como el Instrumento Anticoerción (ACI), que podría dar cobertura legal a una amplia variedad de medidas de represalia, siguen sin utilizarse.

Pero incluso si se alcanza un consenso, los europeos deberían aprender de la experiencia de Donald Trump y abstenerse de acciones agresivas que puedan provocar una escalada. El pasado octubre, el presidente estadounidense amenazó impulsivamente con enormes aumentos de los aranceles, pero luego dio marcha atrás rápidamente después de que China comenzara a paralizar las fábricas estadounidenses cortando las exportaciones de tierras raras como el disprosio. Pekín demostró claramente su "dominio en la escalada": una potencia de fuego superior en una guerra comercial sin cuartel.

Es probable que ocurra lo mismo en Europa, que sufrió daños colaterales en el conflicto del año pasado. Recientemente asistí a una simulación de mesa de una guerra comercial entre la UE y China basada en una evaluación de la realidad económica y política europea. Diversos analistas, académicos y otros expertos representaron a la Comisión Europea, el Consejo (que representa colectivamente a los Estados miembros), algunos gobiernos de la UE, China y actores secundarios como Estados Unidos y Japón.

Los participantes que representaban a la Comisión pusieron a prueba una estrategia de confrontación, tratando de amenazar con fuertes subidas de los aranceles y de presionar al ACI para que atacara una de las debilidades reales de China: su dependencia de la maquinaria de litografía para la fabricación de semiconductores de la empresa neerlandesa ASML. Sin embargo, Alemania y España socavaron esta postura, instando a la cautela. Los representantes de Países Bajos, en un principio, parecían dispuestos a restringir aún más las ventas de ASML a China, pero luego se mostraron reticentes ante la posibilidad de poner en peligro su joya corporativa nacional.

Incluso una versión atenuada de la propuesta de la Comisión recibió una respuesta feroz por parte del participante chino, que amenazó con cortar el suministro de tierras raras y recordó a los europeos la dependencia de su industria farmacéutica de las materias primas chinas. La postura consensuada final de la UE aceptó una contrapropuesta china algo vaga para que Pekín presentara en dos meses planes para reducir el exceso de capacidad y emprender un pequeño estímulo fiscal para reequilibrar el déficit comercial. Un análisis posterior reveló que el participante chino no se había sentido seriamente amenazado por nada de lo dicho por la UE y confiaba en que Pekín podría volver a posponer la decisión dos meses después.

Los investigadores han argumentado, con justificación, que la UE puede explotar diversas dependencias chinas de Europa. Pero el ejercicio de simulación sugiere que, incluso con la amenaza de ASML, persiste lo que un participante denominó una "desconexión temporal" en un conflicto comercial de alto nivel. Cortar el suministro de maquinaria de litografía a China podría tener un impacto limitado en unos meses, pero Pekín puede utilizar las tierras raras como arma para perjudicar gravemente la producción automovilística europea en cuestión de semanas. En ese momento, cualquier disposición de la UE a entrar en conflicto seguramente sufriría un severo revés.

¿Qué hacer entonces, aparte de no partir desde este punto? Incluso soluciones aparentes como el almacenamiento preventivo de minerales críticos presentan problemas. El régimen de control de exportaciones de tierras raras de China exige licencias de usuario final, lo que permite a Pekín retener las ventas a cualquier comprador del que sospeche que se está protegiendo contra la coerción. China realmente lo ha pensado muy bien.

No hay una respuesta real, salvo que la UE se proteja desarrollando un sector industrial más resiliente y reduciendo su dependencia de las tierras raras. Es un proyecto de años o décadas y requerirá una política industrial cuidadosamente diseñada que minimice las distorsiones comerciales y no provoque represalias por parte de China.

La tentación de que la UE inicie una guerra comercial para responder a la manipulación china es fuerte, pero esto me parece un ejemplo del silogismo político. (Primera premisa: tenemos que hacer algo. Segunda premisa: esto es algo. Conclusión: debemos hacerlo).

Apostaría un kilo de disprosio a que la reunión de la UE de esta semana dará como resultado algo vagamente amenazante pero impreciso. Como William Shakespeare hizo exclamar impotente a su trágico héroe, el rey Lear: "Lo haré... No sé aún qué va a ser, mas será el terror de la tierra".

No pretendo infundir desesperación ni abogar por una pasividad indefinida. Sin embargo, sugiero que la UE evalúe con realismo su armamento antes de lanzarse a la batalla contra un adversario formidablemente bien organizado.

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Fuente original: Leer en Expansión
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