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El fuerte repunte de los precios de la energía aún es menor que en 2022 y aunque hace temer subidas de tipos la situación macro es muy distinta.
El estallido de las tensiones bélicas entre Estados Unidos e Irán y el repunte de los precios del petróleo y el gas ha llevado a algunos analistas a ver paralelismos con la invasión de Ucrania de 2022.JPMorgan, Bank of America y Tressis coinciden en que el mercado está operando bajo un patrón de "choque energético" que recuerda al inicio de la ofensiva rusa. Sin embargo, existen diferencias relevantes.
Similitudes
La principal semejanza es que, en ambos casos, el mercado reacciona en cadena al encarecimiento de la energía, el temor a su impacto en la inflación y en el crecimiento económico y el consiguiente aumento de la aversión al riesgo. "Energía más cara y una divisa débil frente al dólar -que encarece la factura energética negociada en esta moneda- supone un doble impacto negativo para economías importadoras de energía como Europa", apunta Samuel Pérez, gestor de Tressis.
Según BofA, el salto del crudo Brent en la última semana ha sido muy similar al registrado al inicio de la crisis en Ucrania, al igual que el fortalecimiento del dólar. No obstante, iCapital, Renta 4 y Atl Capital recuerdan que el repunte del petróleo y del gas es ahora menos intenso que entonces.
El Brent llegó a rondar los 130 dólares por barril en 2022, mientras que ayer, pese a subir un 29% hasta los 119,5 dólares, luego acabó la jornada en torno a los 100 dólares. Los futuros del gas natural de referencia en Europa alcanzaron cerca de 70 euros entonces y ayer se colocó en 56,45 euros, según datos de Bloomberg.
En ambos conflictos, los inversores descuentan más incertidumbre, mayor presión sobre los márgenes y menos visibilidad para los bancos centrales. "En 2022, la guerra en Ucrania obligó a recortar previsiones de crecimiento en la zona euro y elevó la inflación a niveles récord. Ese temor vuelve al mercado, con el añadido de que la Fed y el BCE pueden tener más difícil bajar los tipos si la energía sigue repuntando", advierte Antonio Castelo, de Ibroker.
JPMorgan añade que en ambos episodios los inversores temen un escenario de estanflación -inflación elevada sin crecimiento-. Pero el shock inflacionario previsto ahora parece "mucho más contenido". Entre los inversores minoristas se ha repetido un patrón: ventas de bonos ante el temor a un repunte de la inflación.
Diferencias
La diferencia más relevante es que Europa llega hoy mucho menos expuesta energéticamente que en 2022. Entonces, el problema no era sólo el petróleo, sino la fuerte dependencia del gas ruso, que representaba alrededor del 35% del suministro europeo y cerca del 50% del alemán.
Aquello supuso un auténtico golpe para la economía europea. En esta ocasión, el foco está más en el crudo, el transporte marítimo y el estrecho de Ormuz, un riesgo relevante, pero distinto de una dependencia energética tan directa y difícil de sustituir.
Además, no se espera que se alargue tanto el conflicto como en Ucrania, porque a Trump le conviene llegar a la reunión con China, el 31 de marzo, en una posición de fuerza y a las elecciones de noviembre fortalecido.
También es distinto el punto del ciclo. En 2022 el sistema estaba inundado de liquidez heredada de la pandemia -la masa monetaria en EEUU creció más de un 35% entre 2020 y 2021-, un factor inflacionario hoy menos intenso.
Los bancos centrales llegan más curtidos. Tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, el BCE tardó hasta julio en empezar a subir tipos, después de haber calificado el repunte de precios como "transitorio". Ahora es menos probable que las autoridades monetarias den por pasajero un nuevo shock energético, señala Castelo.
Francisco Quintana, director de Estrategia de ING, advierte de que "en 2022, la estructura económica mundial era extremadamente vulnerable a la tensión inflacionaria. Las cadenas de suministro seguían rotas tras la pandemia, los mercados de empleo se encontraban en una situación de escasez, y la política fiscal era profundamente expansiva. Todos estos elementos son diametralmente opuestos ahora e impediría que la inflación se descontrole con la facilidad que vivimos en 2022", explica el experto.
Atl Capital cree que los bancos centrales deberían mantener su hoja de ruta y evitar subir los tipos como reacción inmediata, ya que enviaría una señal alarmante al mercado.
Metal precioso
En cuanto al oro, no está actuando con claridad como activo refugio. Muchos inversores ya lo tenían en cartera y han aprovechado las subidas para recoger beneficios. En enero de 2022 cotizaba cerca de 1.790 dólares por onza y subió más del 14% hasta principios de marzo. En 2026 ha alcanzado récord por encima de 5.400 dólares y ahora ronda los 5.000 dólares.
Según BofA, el crédito ha reaccionado mejor que en 2022. Entonces los diferenciales con grado de inversión se ampliaron 17 puntos básicos en la primera semana, mientras que ahora atraen inversores en busca de rentabilidad.
Otra diferencia es la composición del daño bursátil. Ahora se observa presión sobre aerolíneas, bancos y cíclicos, aunque el mercado distingue con mayor rapidez entre ganadores y perdedores: energía y Defensa resisten mejor, mientras transporte y consumo se ven más penalizados.
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