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Steven Pinker, desencantando las palabras confortables

Steven Pinker, desencantando las palabras confortables
Artículo Completo 1,108 palabras
¿Cómo piensan los individuos en lo que otros piensan, y cómo piensan en lo que otros piensan que aquellos piensan, y cómo piensan en lo que otros piensan que ellos piensan que ellos piensan? A responder a este largo interrogante es lo que trata de dilucidar el catedrático de la Universidad de Harvard, Steven Pinker (Montreal, 1954). Este ejercicio mental al que nos entregamos diariamente en nuestra vida cotidiana, posee un nombre técnico, «conocimiento común» . Este intercambio de información y saberes saca a la luz muchos enigmas sobre la vida social humana. ¿Por qué las personas a menudo no dicen lo que realmente piensan?, ¿por qué esconden sus intenciones a través de insinuaciones y un doble lenguaje ?, ¿por qué se dejan tantas charlas y conversaciones en el aire pendientes de que nuestro interlocutor las interprete? Y estas interpretaciones, ¿coinciden o no con lo que nosotros realmente queríamos decir?Ensayo 'Cuando todos saben que todos lo saben' Autor Steven Pinker Editorial Paidós Año 2026 Páginas 360 Precio 28 euros Valoración **** Para Pinker, las declaraciones «descaradas» generan «conocimiento común». Pero los eufemismos refinados no lo hacen. El «conocimiento común» es quien crea relaciones sociales o las rompe. En este libro, el autor de 'En defensa de la Ilustración' , desarrolla y defiende la trascendencia del «conocimiento común» en la organización social. Sobre todo la influencia que conlleva en el poder político y en la economía. Los capítulos más interesantes de este volumen son aquellos que se dedican al estudio del «conocimiento común» y el sentido común. Pero también a la necesidad del «conocimiento común» que Pinker denomina como un prerrequisito de la vida social ; a la tensión entre nuestro interés en los estados mentales de otras personas y nuestra dificultad para estar al tanto de ellos.Noticia relacionada No No CRÍTICA DE: 'Mitos progres', de Michael Huemer: el wokismo asesina a nuestras elites intelectuales César Antonio MolinaPinker cita unos versos preciosos, anónimos, escritos en inglés hace tiempo, que dicen: «…Ve a ver a mi padre, me dijo, cuando le pedí que se casara conmigo,/ cuando ella sabía que yo sabía que su padre había muerto,/ pero ella sabía que yo sabía qué vida había llevado./Así pues, ella sabía que yo sabía a qué se refería /al decirme que fuera a ver a su padre…». En las relaciones sociales son muy esenciales los «juegos de coordinación» manejados por símbolos no solo lingüísticos sino también gestuales en los que el rostro cumple un papel esencial.¿Por qué no decimos directamente lo que pensamos? ¿Por qué la vaguedad es tan importante? ¿Por qué está tan presente en el lenguaje sexual? El capítulo quinto está dedicado muy ampliamente a Maimónides y su 'Guía de perplejos'. La vida social humana puede antojarse desconcertante, pues funciona con rituales, símbolos y ceremonias, así como está plagada de paradojas y absurdos que Pinker califica como «estratégicos». De ahí el dicho de que la vida social es un teatro. Todos nosotros somos actores en un escenario desconocido representando papeles arbitrariamente asignados por un director ausente. En el capítulo seis el rostro humano toma el protagonismo. Sus cuarenta y tantos músculos son controlados por la parte voluntaria del sistema nervioso motor y son coreografiados sin ningún esfuerzo en configuraciones que indican la alegría, la tristeza, el miedo, la ira, la sorpresa, el asco, el interés, la satisfacción y el dolor. Este es un capítulo que nos ayuda, por ejemplo, con el rostro enjuto del presidente .«Datos colaterales» De las palabras ambiguas se habla en el capítulo siete. ¿Por qué no decimos directamente lo que pensamos? ¿Por qué la vaguedad es tan importante? ¿Por qué está tan presente en el lenguaje sexual? Del lenguaje directo es muy difícil desdecirse y eso trae problemas. Del lenguaje indirecto, más estratégico, podemos desdecirnos. La insinuación siempre es un pecado venial porque depende de la interpretación del interlocutor. El eufemismo, la cortesía, el circunloquio elegante y otras maneras de hablar hacen posible la vida social, pero hay un lado oscuro. Algunos historiadores y pensadores, basándose en el libro de Orwell 'La política y la lengua inglesa', han señalado que el empleo de eufemismos (por ejemplo, minusvalorar los muertos civiles en una guerra calificándolos de «daños colaterales«) pueden permitir el perpetrar atrocidades. El grave asunto de la cancelación ocupa el octavo capítulo de este libro. Y Pinker la critica no solo teóricamente, sino basándose también en su experiencia de tantos años como profesor universitario. Él habla de un «instinto de cancelación». Ese impulso de impedir que las ideas se conviertan en «conocimiento común». Y esa censura se está ejerciendo en los templos de la libertad de las ideas: las universidades . El catedrático de Harvard advierte que hoy la libertad de expresión está en peligro en los colegios y universidades sean públicas o privadas. Muchos profesores están siendo atacados, censurados y expulsados de sus cátedras. E igualmente grandes investigaciones científicas están detenidas porque no son favorables a algunos grupos sociales históricamente marginados. Entre las muchas anécdotas sangrantes que cuenta hay una muy significativa. Pinker se imagina a él mismo repartiendo folios en blanco antes de permanecer en silencio durante la hora de su clase. ¡Terrible! ¡Terrible! Este es un libro muy útil e interesante. Y lo sería aún más si lo hubiera descargado de cierta retórica académica.

¿Cómo piensan los individuos en lo que otros piensan, y cómo piensan en lo que otros piensan que aquellos piensan, y cómo piensan en lo que otros piensan que ellos piensan que ellos piensan? A responder a este largo interrogante es lo que trata ... de dilucidar el catedrático de la Universidad de Harvard, Steven Pinker (Montreal, 1954). Este ejercicio mental al que nos entregamos diariamente en nuestra vida cotidiana, posee un nombre técnico, «conocimiento común».

Este intercambio de información y saberes saca a la luz muchos enigmas sobre la vida social humana. ¿Por qué las personas a menudo no dicen lo que realmente piensan?, ¿por qué esconden sus intenciones a través de insinuaciones y un doble lenguaje?, ¿por qué se dejan tantas charlas y conversaciones en el aire pendientes de que nuestro interlocutor las interprete? Y estas interpretaciones, ¿coinciden o no con lo que nosotros realmente queríamos decir?

Para Pinker, las declaraciones «descaradas» generan «conocimiento común». Pero los eufemismos refinados no lo hacen. El «conocimiento común» es quien crea relaciones sociales o las rompe. En este libro, el autor de 'En defensa de la Ilustración', desarrolla y defiende la trascendencia del «conocimiento común» en la organización social. Sobre todo la influencia que conlleva en el poder político y en la economía. Los capítulos más interesantes de este volumen son aquellos que se dedican al estudio del «conocimiento común» y el sentido común. Pero también a la necesidad del «conocimiento común» que Pinker denomina como un prerrequisito de la vida social; a la tensión entre nuestro interés en los estados mentales de otras personas y nuestra dificultad para estar al tanto de ellos.

'Mitos progres', de Michael Huemer: el wokismo asesina a nuestras elites intelectuales

Pinker cita unos versos preciosos, anónimos, escritos en inglés hace tiempo, que dicen: «…Ve a ver a mi padre, me dijo, cuando le pedí que se casara conmigo,/ cuando ella sabía que yo sabía que su padre había muerto,/ pero ella sabía que yo sabía qué vida había llevado./Así pues, ella sabía que yo sabía a qué se refería /al decirme que fuera a ver a su padre…». En las relaciones sociales son muy esenciales los «juegos de coordinación» manejados por símbolos no solo lingüísticos sino también gestuales en los que el rostro cumple un papel esencial.

¿Por qué no decimos directamente lo que pensamos? ¿Por qué la vaguedad es tan importante? ¿Por qué está tan presente en el lenguaje sexual?

El capítulo quinto está dedicado muy ampliamente a Maimónides y su 'Guía de perplejos'. La vida social humana puede antojarse desconcertante, pues funciona con rituales, símbolos y ceremonias, así como está plagada de paradojas y absurdos que Pinker califica como «estratégicos». De ahí el dicho de que la vida social es un teatro. Todos nosotros somos actores en un escenario desconocido representando papeles arbitrariamente asignados por un director ausente.

En el capítulo seis el rostro humano toma el protagonismo. Sus cuarenta y tantos músculos son controlados por la parte voluntaria del sistema nervioso motor y son coreografiados sin ningún esfuerzo en configuraciones que indican la alegría, la tristeza, el miedo, la ira, la sorpresa, el asco, el interés, la satisfacción y el dolor. Este es un capítulo que nos ayuda, por ejemplo, con el rostro enjuto del presidente.

De las palabras ambiguas se habla en el capítulo siete. ¿Por qué no decimos directamente lo que pensamos? ¿Por qué la vaguedad es tan importante? ¿Por qué está tan presente en el lenguaje sexual? Del lenguaje directo es muy difícil desdecirse y eso trae problemas. Del lenguaje indirecto, más estratégico, podemos desdecirnos. La insinuación siempre es un pecado venial porque depende de la interpretación del interlocutor. El eufemismo, la cortesía, el circunloquio elegante y otras maneras de hablar hacen posible la vida social, pero hay un lado oscuro. Algunos historiadores y pensadores, basándose en el libro de Orwell 'La política y la lengua inglesa', han señalado que el empleo de eufemismos (por ejemplo, minusvalorar los muertos civiles en una guerra calificándolos de «daños colaterales«) pueden permitir el perpetrar atrocidades.

El grave asunto de la cancelación ocupa el octavo capítulo de este libro. Y Pinker la critica no solo teóricamente, sino basándose también en su experiencia de tantos años como profesor universitario. Él habla de un «instinto de cancelación». Ese impulso de impedir que las ideas se conviertan en «conocimiento común». Y esa censura se está ejerciendo en los templos de la libertad de las ideas: las universidades.

El catedrático de Harvard advierte que hoy la libertad de expresión está en peligro en los colegios y universidades sean públicas o privadas. Muchos profesores están siendo atacados, censurados y expulsados de sus cátedras. E igualmente grandes investigaciones científicas están detenidas porque no son favorables a algunos grupos sociales históricamente marginados. Entre las muchas anécdotas sangrantes que cuenta hay una muy significativa. Pinker se imagina a él mismo repartiendo folios en blanco antes de permanecer en silencio durante la hora de su clase. ¡Terrible! ¡Terrible!

Este es un libro muy útil e interesante. Y lo sería aún más si lo hubiera descargado de cierta retórica académica.

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