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Sumar emprende su enésima refundación sin Yolanda Díaz

Sumar emprende su enésima refundación sin Yolanda Díaz
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Este fin de semana, Sumar celebró su tercer congreso en un intento de emprender su enésima refundación para recuperar el espacio político en la izquierda radical. Leer
La aguja de marearSumar emprende su enésima refundación sin Yolanda Díaz
  • JAVIER AYUSO
Actualizado 14 JUL. 2026 - 00:01La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.EFE

Este fin de semana, Sumar celebró su tercer congreso en un intento de emprender su enésima refundación para recuperar el espacio político en la izquierda radical.

Tras la decisión de Yolanda Díaz de abandonar su posición en la cúpula de la formación, los 300 delegados de Movimiento Sumar escenificaron una unidad algo endeble, bajo la doble dirección de Verónica Barbero y Rosa Martínez, dos auténticas desconocidas en la política, que acumularon el 95% del voto. Llegan a las vacaciones de verano sin un nombre para el nuevo partido, ni un candidato capaz de volver a ilusionar a sus posibles votantes. La única decisión de peso del sábado fue fomentar las alianzas amplias con otras formaciones progresistas y ofrecerse a ser el "pegamento" y puente entre las fuerzas regionales; es decir, comprar la propuesta realizada hace semanas por Gabriel Rufián sin el apoyo de su propio partido, ERC.

La historia de Sumar ha estado plagada de enfrentamientos internos, fracasos y contradicciones. Díaz fue la sucesora de Pablo Iglesias en la Vicepresidencia del Gobierno de coalición progresista y muy pronto tomó la decisión de "matar al padre" e intentar acabar con todas las figuras políticas de Podemos. Creó una coalición con líderes renegados del partido morado y, poco a poco, la nueva formación fue cayendo en la irrelevancia. La división de la izquierda a la izquierda del PSOE le llevó a ir perdiendo, una tras otra, todas las citas electorales, mientras aumentaban los enfrentamientos entre las distintas fuerzas políticas radicales.

Tras los sucesivos fracasos, la líder designada por el dedo de Iglesias anunció su dimisión de los cargos en el partido, pero no de su puesto como vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo. Emprendió entonces una campaña en busca de mayor protagonismo de ella misma y sus cuatro ministros, con propuestas radicales que casi nunca salieron adelante. Se habían acabado los tiempos en los que Podemos tenía una influencia decisiva en el Gobierno. Pero, pese a ser ninguneados por el bando socialista en el Ejecutivo y pese a los innumerables casos de corrupción que asolan al PSOE, Sumar ha optado con mirar hacia otro lado y mantener sus sillones en el Consejo de Ministros.

Las encuestas han sido muy duras, no solo para Sumar, sino también para Podemos, IU y para el resto de formaciones de la izquierda. La huida de posibles votantes socialistas no ha ido a parar a las papeletas progresistas, sino a la abstención, al PP o alguna formación regionalista, como ha ocurrido en Andalucía. La situación no puede ser más preocupante para unos partidos que generaron una enorme ilusión hace menos de diez años.

Con esos mimbres, los delegados de Sumar debatieron el documento político-organizativo y eligieron a la nueva dirección, en una votación sin misterios, porque sólo había una candidatura. La anterior coordinadora, Lara Hernández, había dimitido el pasado 1 de julio tras una enconada lucha, calificada por ella misma como "guerra sucia" con denuncias por acoso laboral que finalmente fueron retiradas.

El posyolandismo arranca ahora con varios retos para recuperar la capacidad de convocatoria entre las fuerzas de la izquierda y la ilusión de los millones de votantes desilusionados. El primero de ellos en esta refundación es acabar con las luchas intestinas entre los líderes y presentar una propuesta de unidad. Una tarea muy complicada, teniendo en cuenta los durísimos enfrentamientos que se ha producido en los últimos años.

El segundo reto es rediseñar un modelo de relación con los socialistas, unos socios que han hecho todo lo posible para acabar primero con Unidas Podemos y luego con Sumar y los partidos de su coalición. Pedro Sánchez tuvo muy claro cuando abrazó a Pablo Iglesias para formar el Gobierno de coalición que su compromiso con ellos era solo temporal para llegar a La Moncloa y que los dejaría caer en cuanto pudiera. Hacer de la necesidad virtud también es traicionar a sus propios aliados.

En tercer lugar, los nuevos dirigentes de Sumar tienen que definir hasta dónde están dispuestos a llegar en sus pactos con la izquierda nacionalista e independentista. La experiencia les debería llevar a pensarse muy bien el precio a pagar con los acuerdos, porque cada vez que han hecho suyas las exigencias nacionalistas han supuesto una sangría de votos en favor de EH Bildu, ERC o el BNG. Los votantes prefieren el original a la copia.

Y, por último, aunque no menos importante, la refundación de la coalición exige buscar un buen candidato y un programa electoral diferenciado del resto de las propuestas electorales. Podemos, IU y Sumar han quemado a demasiados líderes en su corta vida, en la mayoría de los casos por enfrentamientos personales y egos excesivos. Por eso, es muy importante dar con una persona capaz de coser las heridas pasadas e ilusionar a los votantes.

En cuanto al programa, los mensajes que salieron del congreso del fin de semana se centraron en diferenciarse con una mirada mucho más verde, más moderna en el lenguaje, enfocada en derechos laborales y la conquista de los derechos sociales; también, recuperar el favor de los votantes jóvenes que fueron los que les llevaron al poder. Una declaración de intenciones que hay que pulir y desarrollar, porque no vale con ser una coalición ecologista, laborista y social. Tienen mucha tarea si no quieren desaparecer del mapa político.

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Fuente original: Leer en Expansión
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