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Surgen las primeras grietas en la alianza contra Irán: Trump y Netanyahu chocan por cómo y cuándo terminar la guerra

Surgen las primeras grietas en la alianza contra Irán: Trump y Netanyahu chocan por cómo y cuándo terminar la guerra
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Mientras la mayoría de los israelíes respalda la ofensiva, los estadounidenses muestran un apoyo mucho más limitado. Así, ambos mandatarios parecen tener dificultades para alinear sus objetivos finales. Más información: Trump, sin plan definido en Irán: promete no cometer los errores de Irak pero no descarta poner botas sobre el terreno

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirige a la Knesset en Jerusalén, en una imagen de archivo. Reuters

Oriente Próximo Surgen las primeras grietas en la alianza contra Irán: Trump y Netanyahu chocan por cómo y cuándo terminar la guerra

Mientras la mayoría de los israelíes respalda la ofensiva, los estadounidenses muestran un apoyo mucho más limitado. Así, ambos mandatarios parecen tener dificultades para alinear sus objetivos finales.

Más información: Trump, sin plan definido en Irán: promete no cometer los errores de Irak pero no descarta poner botas sobre el terreno

J. Atienza Publicada 6 marzo 2026 03:19h

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El enemigo es el mismo, pero los objetivos divergen, y esa diferencia podría estar empezando a tensar la sintonía entre Benjamin Netanyahu y Donald Trump.

Ambos líderes acordaron lanzar la ofensiva contra Irán el 28 de febrero. "Tuve una excelente conversación con Bibi; estamos en la misma onda", aseguró Trump ese día. 

Sin embargo, tras casi una semana de conflicto, parece que están teniendo dificultades para definir con claridad unos objetivos finales comunes y el horizonte temporal que consideran necesario para alcanzarlos.

Desde el principio, Netanyahu ha presentado la ofensiva como la culminación de una cruzada política y militar contra lo que describe como la "amenaza existencial" que supone el régimen de los ayatolás y su programa nuclear para Israel. Para el primer ministro israelí, la guerra no se limita a frenar capacidades militares concretas, sino a acabar con el poder que gobierna en Teherán. Por eso Netanyahu incluso ha llegado a pedir a los iraníes que se rebelen y "tomen las riendas de su destino". 

Desde Washington, en cambio, el mensaje ha sido mucho más difuso. Trump y su gabinete han ido alternando explicaciones: impedir que Irán obtenga armas nucleares, destruir su capacidad de misiles, provocar un cambio de régimen, responder a un supuesto ataque inminente, vengar un intento de asesinato.... Tampoco han sido claros sobre los siguientes pasos: se habló de "cuatro o cinco semanas" y de "el tiempo necesario", luego se reiteró la idea de que no era "una guerra interminable" como la de Irak, pero se puso sobre la mesa la opción de desplegar botas sobre el terreno.

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Políticamente, esa ambigüedad le da margen de maniobra al presidente estadounidense. Estratégicamente, sin embargo, la falta de un objetivo claro podría convertirse en su mayor debilidad. "Si no tienes un objetivo claro es muy difícil para los militares planificarse o calcular la munición, por ejemplo", advertía el general retirado Ben Hodges, antiguo comandante del Ejército de los Estados Unidos en Europa, en conversación con este periódico

"En toda guerra, los objetivos son los que marcan el rumbo de la campaña", señalaba The Economist en un reportaje en el que habla de "una guerra sin estrategia". Pero sobre todo, son los objetivos los que determinan cuándo puede darse por terminada la operación y complican o no el apoyo popular. Y es precisamente ahí donde la asimetría entre Israel y Estados Unidos parece evidente.

Ataques lanzados contra Irán contra los países aliados de EEUU en Oriente Próximo. Diseño: Arte EE

En Israel llevan décadas preparándose para una posible confrontación directa con el régimen iraní. Una preparación quese refleja en el respaldo ciudadano a la bautizada por el Ejército israelí como Operación León Rugiente. De hecho, según el Instituto para la Democracia de Israel, el 93% de los judíos israelíes apoya la intervención y una mayoría cree que debe continuar hasta neutralizar por completo la amenaza del régimen iraní.

En Estados Unidos, en cambio, los ciudadanos apenas fueron avisados de que iba a estallar un conflicto que amenaza con extenderse en el tiempo, en un país donde las "guerras sin fin" como Irak o Afganistán son sinónimo de desgaste político. Y sobre todo porque Trump insistió una y otra vez en que no iba a llevar a su país a un conflicto interminable.

De ahí que diversas encuestas realizadas en los últimos meses señalen como profundamente impopular la guerra contra Irán. Según un sondeo de la CNN, seis de cada diez estadounidenses desaprueban las acciones militares contra la República Islámica, mientras una encuesta de Reuters/Ipsos apunta que solo uno de cada cuatro respalda los ataques.

Donald Trump enfrenta crecientes presiones internas (también dentro de su propio partido) a medida que la guerra con Irán se prolonga y se expande. Y es que la crisis también está golpeando ya la economía, prioridad central de Trump. La interrupción del transporte marítimo por el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% de los hidrocarburos que se consumen en el mundo, ha provocado un aumento del precio del crudo. 

En este sentido, analistas como Dan Shapiro, exembajador estadounidense en Israel y miembro del grupo de expertos del Atlantic Council, apuntan en una entrevista con Reuters, que si el coste político y económico se dispara, Trump podría optar por una salida temprana de la guerra, incluso si Netanyahu considera que el objetivo estratégico aún no se ha cumplido.

En esta línea, funcionarios israelíes han expresado en privado al Financial Times su preocupación por si Trump, más preocupado por la economía y el impacto que el conflicto está teniendo en sus aliados del Golfo Pérsico, seguirá comprometido a llevar la campaña hasta el final.

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Para Netanyahu, en cambio, que enfrenta acusaciones de corrupción y un enorme desgaste político desde su guerra en Gaza, la guerra es una oportunidad para sobrevivir políticamente. Según explicaba a la agencia británica Udi Sommer, politólogo de la Universidad de Tel Aviv, "si tiene éxito, relativamente rápido, funcionará mucho a su favor como protector de Israel y como quien ha tejido una relación particularmente exitosa con Washington".

Sin embargo, el analista Amotz Asa-el, del instituto Shalom Hartman, se muestraba en conversación con Reuters escéptico con la capacidad de resistencia del mandatario israelí y sostenía que un triunfo militar en Irán no borraría los problemas internos. "Los acontecimientos de los últimos tres años han sido tan traumáticos, tan dramáticos y tan repugnantes para ese voto decisivo que no creo que ningún tipo de salvación en Irán pueda compensar esto", advertía.

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