Hacerlo ante las cámaras se ha convertido en un tic de futbolistas y de políticos
Regala esta noticia Prestianni se tapa la boca para dirigirse a Vinicius durante el polémico Benfica-Real Madrid. (Patricia de Melo Moreira / Afp) 04/05/2026 a las 00:01h.Salen al terreno de juego muy serios y formales cogiendo de la mano a los críos impresionados por compartir el césped con sus ídolos, pero ... en cuanto arranca el partido se esfuma el buen rollo y aparecen las patadas alevosas, las bocas tapadas para provocar al contrario o la rueda acosadora si el árbitro decide en su contra. Ahora que llegan los mundiales y que millones de niños están tomando nota, la FIFA ha decidido alumbrar la ley Vinicius-Prestianni tras el incidente entre ambos: los colegiados podrán expulsar a los jugadores que se tapen la boca con la mano o la camiseta al momento de encarar a un rival durante el partido. Igual la Federación Internacional se ha quedado un poco corta, porque el feo y furtivo gesto de taparse la boca en el banquillo o en la banda se ha convertido en un tic en el que han caído jugadores, entrenadores, técnicos y auxiliares. ¿Qué esconden?
No sabemos si la justicia acabará ajustando las cuentas a los bocazas, pero está claro que ese desahogo, grabado durante años de sanchismo, destila un clima de impunidad y macarrismo que las apariencias formales no hacían sospechar. Debían pensar, como algunos jugadores, que lo que sucede en el campo se queda en el campo. O que lo que sucede en el coche oficial se queda en el coche oficial. También aparecen ahora las manos tapándose la boca entre los socios de Sánchez, para que la opinión pública no se entere de lo que en realidad piensan del estilo de juego de Koldo y compañía. El árbitro de la política también debería sacarles tarjeta roja a los Rufián, Sumar y nacionalistas que van de 'fair play', pero se ponen la mano en la boca cuando el juego sucio aparece en la política y el resultado del partido les beneficia. Ignorar ese juego sucio de la política puede servir para salir del paso en un canutazo de pasillo, pero las urnas, al final, no perdonan.
comentarios Reportar un error