Una neuróloga explica qué pasa antes de un derrame cerebral y cómo hay que actuar para evitar secuelas graves
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 17/09/2026 Actualizado a las 00:07h.Cuando hablamos de un ictus pensamos en una persona a la que se le queda un brazo dormido, se le tuerce la boca o es ... incapaz de hablar de forma repentina. Sin embargo, no siempre se presenta de forma tan evidente. En algunos casos, las señales son más sutiles (con síntomas clínicos menos intensos) y transitorias, por lo que se atribuyen erróneamente al cansancio o al estrés. El problema es que cada minuto cuenta y no reconocer estas señales puede retrasar una atención médica que se considera vital.
Alguien puede empezar a hablar de forma extraña, notar torpeza en una mano, dificultad para caminar o dejar de ver por una parte de un ojo y pensar que no tiene importancia. En ocasiones, estos síntomas pueden mejorar o incluso desaparecer, pero esta evolución aparentemente benigna oculta con alta probabilidad una alteración del flujo sanguíneo que va al cerebro, que es lo que origina un ictus. «Si una persona de forma repentina presenta imposibilidad de mover un lado del cuerpo, el brazo, la pierna o ambos, es más probable que piense que tiene algo importante. El problema es que los ictus con síntomas leves o poco evidentes pueden ser más difíciles de reconocer precisamente porque la persona puede continuar hablando, caminando o realizando aparentemente con normalidad algunas de sus actividades», precisa la especialista.
Además, los signos de alerta pueden confundirse con otra enfermedad, sobre todo si se acompañan de otros síntomas que son más inespecíficos y con posibilidades de ser atribuidos a otras causas como podría ser un dolor de cabeza o un mareo. Se tiende a pensar, por ejemplo, en la migraña.. «No todo dolor de cabeza es un ictus. Aunque si este es especialmente intenso y de comienzo súbito, o cuándo se acompaña de síntomas como dificultad para hablar, o pérdida de fuerza en un brazo o en una pierna, si estos aparecen por primera vez, o son diferentes a los habituales en una persona con migraña, debemos pensar en la posibilidad de un ictus y conviene consultar», apunta la doctora Freijo.
«Estás bien y de repente...»
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el ictus es un accidente cerebrovascular con una elevada incidencia, que afecta a unas 120.000 personas cada año en España, de las cuales alrededor de 25.000 fallecen. En algunos países de Europa, incluso, está considerado como la primera causa de muerte. A pesar de su gravedad, es importante destacar que la prevención juega un papel fundamental en su control, ya que el 90% de los casos podrían evitarse. Cuando los síntomas aparecen «a veces esperamos demasiado y esta demora impide la respuesta médica rápida, dado que es clave llegar lo antes posible a un hospital», advierte la neuróloga.
El ictus no avisa. El cerebro no suele advertir poco a poco o de forma gradual durante varios días. Cuando ocurre, ocurre. «Lo más característico es que sea brusco o que progrese en pocos minutos: estás bien y de repente se manifiesta», precisa la especialista. Los síntomas más habituales son la aparición brusca (repentina) de déficits neurológicos: alteración de la visión, problemas para hablar o entender, dificultad para mantener el equilibrio o caminar, la pérdida de la sensibilidad, de fuerza o debilidad en el brazo, pierna o en la cara.
Existen unos factores de riesgo concretos y bien conocidos que aumentan la posibilidad de tener un ictus: la tensión alta, la diabetes, la elevación del colesterol, arritmias cardiacas, el tabaco... Dicho riesgo aumenta si no se reconocen y no se tratan de forma adecuada, manteniéndose en el tiempo. Ante cualquier sospecha, por insignificante que sea, los neurólogos insisten: no esperar a que los síntomas mejoren por sí mismos o desaparezcan. «Si presentas estos síntomas estando solo o estás con un amigo o con un familiar que presenta un déficit neurológico repentino, es importante reconocerlo y avisar al 112. Así se activa el código ictus y el Servicio de Emergencias puede trasladar al paciente al centro especializado más cercano», señala la doctora Freijo.
Cada segundo perdido aumenta el riesgo de sufrir secuelas graves o, incluso, la muerte. Vivir tras haber sufrido un ictus implica un proceso de adaptación y rehabilitación complejo, donde una gran parte de los pacientes logra recuperar su autonomía o mejorar significativamente con el apoyo adecuado y hábitos de vida saludables. Sin embargo, detectarlo y actuar a tiempo puede suponer la diferencia entre una recuperación completa y un daño irreversible. Existe una ventana de tiempo concreta para poder recibir determinados tratamientos. Alguno de ellos no se puede administrar si han pasado más de cuatro horas y media desde el inicio de los síntomas. Es importante recordar que «cuanto antes llegues, menos zona del cerebro se va a quedar dañada de forma irreversible y más tejido podremos salvar con un tratamiento. La rapidez es clave», zanja la especialista.
Factores de riesgo diferentes entre hombres y mujeres
En un ictus también es importante tener en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres. Globalmente, es más frecuente en ellos, pero esta diferencia también está condicionada por otros factores como la edad. A partir de los 80, la incidencia es mayor en el género femenino debido a su mayor esperanza de vida. En España, según los datos del INE de 2025, es la segunda causa de muerte en las mujeres y la tercera en hombres. Los síntomas pueden ser los mismos en ambos géneros, pero no la frecuencia de los factores de riesgo, como son la hipertensión en ellas y el alcohol y el tabaquismo en varones. Nuevas evidencias ponen de manifiesto la necesidad de que la investigación y la atención clínica sea distinta para hombres y mujeres. Según la neuróloga Mari Mar Freijo, «es fundamental que los estudios analicen los datos desagregados por sexo y que incorporen también una perspectiva de género para conocer mejor estas diferencias y avanzar hacia una prevención y un tratamiento más adecuado para hombres y mujeres».
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