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Telefónica, obligada a maniobrar en el avispero venezolano

Telefónica, obligada a maniobrar en el avispero venezolano
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La nueva situación del país latinoamericano abre perspectivas más optimistas de valor para la venta de la filial venezolana de la empresa española, aunque las incertidumbres son todavía enormes. Leer
Empresas TecnológicasTelefónica, obligada a maniobrar en el avispero venezolano
  • I. DEL CASTILLO
6 ENE. 2026 - 02:03Sede central de Telefónica Venezuela en Caracas.EXPANSION

La nueva situación del país latinoamericano abre perspectivas más optimistas de valor para la venta de la filial venezolana de la empresa española, aunque las incertidumbres son todavía enormes.

La captura de Nicolás Maduro por EEUU el 3 de enero ha abierto un escenario de incertidumbre para los intereses de las empresas presentes en Venezuela. Y Telefónica no es una excepción. Como diría Churchill, el futuro de Telefónica en Venezuela es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma.

Presente en el país desde 2004, cuando la española adquirió los activos de la estadounidense Bell South, Venezuela ha pasado de ser una mina de oro -en 2009 llegó a facturar 3.700 millones de euros- a costar provisiones milmillonarias cuando la corrupción e ineptitud de los gobiernos chavistas arruinaron el país y, con él, a la filial.

Ante esta situación, Telefónica se había planteado su venta, aunque en la situación previa al 3 de enero no estaba previsto a corto plazo ya que la desinversión era muy complicada puesto que, básicamente, debía contar con el visto bueno del Gobierno bolivariano, lo que suponía tanto como vender a quien el Gobierno le indicase. Y traspasar un activo del que no hay garantía de que se pueda sacar dinero vía dividendos -los dólares los adjudicaba también el Gobierno de Maduro- era muy complicado.

Ahora, mantener su presencia en el país sigue suponiendo gestionar un avispero y un problema reputacional, como lo demuestran las duras críticas que recibió el presidente de Telefónica, Marc Murtra, de parte de la opinión pública ante el anuncio por parte de la filial de una inversión de 500 millones de dólares en Venezuela, que contrastaba con la política de desinversión en la región.

En realidad, esos famosos 500 millones, no era tales, ya que se trataba, sobre todo, de un anuncio para el consumo interno de la clase política venezolana. La cifra era no sólo de inversión (capex) sino también de gasto (opex) para dos años, y bastante menor, ya que se calculó usando el cambio oficial bolívar/dólar, cuando en la ratio real el bolívar vale mucho menos.

A partir del 3 de enero, la situación ha cambiado, potencialmente a mejor, aunque con enormes incertidumbres. Las valoraciones de las empresas se basan en las perspectivas futuras y, ahora, Telefónica Venezolana (que opera con la marca Movistar) tiene mejores perspectivas que antes.

Si se produce un cambio de régimen -algo que está por ver- y eso supone una mejora económica para la población gracias a una reactivación de la industria petrolera y a una mejor gestión del futuro nuevo Gobierno -lo que no es difícil- la posición de liderazgo de Movistar en el país, puede valer bastante más de lo previsto hasta ahora.

Líder en móvil

Movistar tenía en 2024 alrededor del 43% del mercado móvil -no tiene apenas presencia en fijo, controlado por la estatal CANTV- frente al 35% de Digitel, su mayor competidor, propiedad del grupo Cisneros, una de las grandes familias de empresarios venezolanos, ahora radicados en Miami.

Movilnet, la filial de CANTV, tiene una cuota del 22%, aunque está tecnológicamente atrasada. Pero Movistar está perdiendo mucha participación en el mercado a favor de Digitel, ya que en 2020 tenía un 56% de cuota, y ha perdido 13 puntos en cuatro años.

Con todo, Movistar factura el equivalente a unos 300 millones de euros en Venezuela, aunque la volatilidad del bolívar haga difícil saber exactamente cuánto es su cambio en euros. En cambio, los márgenes deben ser elevados, puesto que en un entorno hiperinflacionario, una empresa que cobra a los clientes en el momento -tarjetas prepago- y paga a sus proveedores a plazo, logra que los márgenes se disparen.

En su momento llegó a tener mucho dinero guardado, al no poder repatriarlo, una caja cautiva que llegó a estar por encima de los 3.000 millones de euros, pero esa cifra se ha evaporado, debido a la enorme hiperinflación de los últimas décadas, con lo que los expertos señalan que se ha reducido a pocos cientos de millones de euros.

En la hipótesis más probable actual, de un Gobierno de transición chavista tutelado por EEUU, las potenciales desinversiones no son evidentes y puede haber amenazas a la vuelta de cada esquina.

Por ejemplo, el acreditado intervencionismo de Trump podría provocar que intentase forzar la venta de la filial a alguna teleco estadounidense, en cuyo caso habría que aceptar. Las telecos son empresas muy vulnerables a la regulación y cuando se controla el BOE de un país, la capacidad de generar problemas a las empresas es infinita, sobre todo si se las puede amenazar con problemas judiciales por "colaboracionismo" con el anterior régimen.

Posibles compradores

No está claro que ese horizonte de venta a una teleco estadounidense fuera plato de gusto para las agraciadas. Verizon ya estuvo en Venezuela y salió escaldada cuando Chávez nacionalizó CANTV en 2007 y AT&T ha tenido dolorosas experiencias en su aventura en México y con DirecTV en toda la región.

La hipótesis más probable como comprador es la de algún oligarca local, que haya mantenido conexiones razonables con el chavismo y que también pueda tejerlas con la futura administración venezolana y EEUU. Aunque tampoco habría que descartar otros candidatos potenciales: Venezuela es de los pocos países de la zona donde no está presente el grupo América Móvil, del mexicano Carlos Slim, y seguro que, en un mercado con mejores perspectivas, lo estudiaría con interés.

Lo mismo se puede decir de Millicom, la teleco regional -controlada por el intrépido magnate galo Xavier Niel- que ya ha comprado a Telefónica en 2024 y 2025 las filiales de Uruguay, Ecuador y Colombia y, anteriormente, Costa Rica, Panamá y Nicaragua.

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Fuente original: Leer en Expansión
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