El avance de las fuerzas conservadoras en América Latina debe responder a las grandes aspiraciones ciudadanas sin socavar las instituciones ni la democracia
Regala esta noticia Añádenos en Google 15/06/2026 a las 02:00h.Perú, en cuanto la comprobación de las últimas actas electorales confirme el ajustado triunfo de Keiko Fujimori, y Colombia, que celebra el próximo domingo la ... segunda vuelta de las presidenciales en las que el aspirante opositor parte como favorito, serán los próximos países en sumarse al ya nutrido grupo de democracias latinoamericanas que giran a la derecha. Solo en el último año, Bolivia, Honduras y Costa Rica eligieron a mandatarios conservadores o confirmaron en el poder a los de Ecuador y Argentina. Lejos queda ya la primera década del siglo, el gran momento de la izquierda continental con figuras prominentes como Lula da Silva, Hugo Chávez, los Kirchner o Evo Morales. Solo el brasileño ha sobrevivido a las derivas autoritarias y a la corrupción que lastran una de las regiones políticamente más dinámicas del mundo.
La derecha que triunfa en Latinoamérica es heterogénea, agrupa el populismo autoritario del salvadoreño Nayib Bukele, el libertarismo del argentino Javier Milei y el conservadurismo más clásico de Daniel Noboa en Ecuador. A todos los une la oferta de mano dura contra la criminalidad, sobre todo la derivada del narcotráfico, y crecimiento económico a costa de la justicia social; un catálogo que encaja con la aspiración más básica de seguridad, empleo y comida en la mesa. En sociedades castigadas por la desigualdad endémica, el deseo de cambio prende especialmente entre un electorado menor de 40 años, que no guarda recuerdo de las dictaduras del siglo XX y al que tampoco repugnan los liderazgos fuertes. Más aún con Donald Trump y su desinhibida injerencia en los comicios de un continente del que quiere desalojar al expansionismo chino. Si quiere convertirse en duradero, el giro a la derecha deberá mejorar la vida de los ciudadanos, responder a las altas expectativas generadas sin socavar las instituciones y primar el compromiso con la democracia.
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