A simple vista, diríamos que son buenas noticias. Este 2025, la renta agraria española ha marcado un récord histórico y se ha puesto en 41.262 millones de euros. Es una tendencia robusta: la España agroalimentaria está que se sale. Y, sin embargo, entre 2020 y 2023, desaparecieron 130.730 explotaciones. Es decir, un 12,4% de ellas se han evaporado.
No es magia, son los costes que, en diez años, se han duplicado.
¿Tan mal está la cosa? Depende de con cuando nos comparemos. Si comparamos con 2022, cuando el universo entero conspiró para batir todos los récords históricos en cuanto a costos se refiere, la situación está bastante bien. Si comparamos con 2025, la situación es bastante complicada.
Y no solo por las subidas generalizadas que se han ido acumulando, sino sobre todo porque la estructura de costes ha saltado por los aires. Los cambios que ha sufrido el sector en fertilizantes, energía, maquinaria o mano de obra hacen que la mera hipótesis de volver a una situación parecida a la de hace una década suene a ciencia ficción.
En Xataka
El nuevo agricultor español ya no vive en el pueblo: se llama John, estudió en Wharton y gestiona olivos desde Nueva York
Pero hablemos de los costes. Las cifras son del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Si tomamos como referencia los precios previos a la escalada de costes, los datos de finales de 2025 ya lo señalan como el tercer año más costoso de la serie. Y aún no habían empezado el bombardeo de Irán.
Los sueños de que, tras la crisis de 2022 y las consecuencias de la guerra de Ucrania, todo iba a volver a su sitio, se han pulverizado.
Hagamos un repaso: los fertilizantes han subido un 74%, el gasóleo agrícola un 68%, la electricidad un 53%, los piensos un 31,7%, la maquinaria un 5,5%, las semillas un 3,2 y los salarios entre un 4,7 y un 7,6%. Solo los fertilizantes representan ya entre el 15 y el 30% del coste total de producción.
Y, pese a todo, el sector no deja de ganar dinero. Como decía, la renta agraria española alcanzó 41.262 millones de euros. Un 12,9% con respecto a 2024 y, a todas luces, la cifra más alta del histórico.
En buena parte, esto se explica por la lluvias del año pasado (se produjo entre un 10 y un 20% más) mientras que los precios se mantuvieron y el consumo creció un 5%. Pero también a algo mucho más estructural: el número de explotaciones agrarias se está reduciendo, pero el de la tierra útil no (una caída del 12,4% frente a una de un 1,6%). Para que nos hagamos una idea, ahora mismo España tiene menos de la mitad de explotaciones que las que tenía en 1989.
Las cifras de la acumulación. En términos globales, solo el 6% de las explotaciones tienen más de 100 hectáreas, pero ese 6% concentra el 58% del suelo agrícola útil y el 30% de la producción. Progresivamente, a medida que los empresarios agrícolas se jubilan sin relevo o quiebra, los gigantes van adquiriendo más y más tierras reordenando completamente el campo español.
Esos gigantes tienen más margen de negociación hacia abajo (con los proveedores) como hacia arriba (con los distribuidores). Además, tienen capacidad financiera y productiva para diversificar más y, por tanto, capear los temporales mejor. Sin embargo, como hemos visto en los últimos años, tiene consecuencias.
Más de las que parece.
Imagen | Chris Ensminger
En Xataka | En California, los fondos descubrieron que no hay inversión más rentable que la tierra de cultivo. Ahora le toca a España
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La noticia
Trabajar la tierra cada vez es más caro: El coste agrícola se ha duplicado en los últimos diez años
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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Trabajar la tierra cada vez es más caro: El coste agrícola se ha duplicado en los últimos diez años
No le puedes pedir peras al olmo: pero sí rentabilidades récords a un sector con costos totalmente enloquecidos
A simple vista, diríamos que son buenas noticias. Este 2025, la renta agraria española ha marcado un récord histórico y se ha puesto en 41.262 millones de euros. Es una tendencia robusta: la España agroalimentaria está que se sale. Y, sin embargo, entre 2020 y 2023, desaparecieron 130.730 explotaciones. Es decir, un 12,4% de ellas se han evaporado.
No es magia, son los costes que, en diez años, se han duplicado.
¿Tan mal está la cosa? Depende de con cuando nos comparemos. Si comparamos con 2022, cuando el universo entero conspiró para batir todos los récords históricos en cuanto a costos se refiere, la situación está bastante bien. Si comparamos con 2025, la situación es bastante complicada.
Y no solo por las subidas generalizadas que se han ido acumulando, sino sobre todo porque la estructura de costes ha saltado por los aires. Los cambios que ha sufrido el sector en fertilizantes, energía, maquinaria o mano de obra hacen que la mera hipótesis de volver a una situación parecida a la de hace una década suene a ciencia ficción.
Pero hablemos de los costes. Las cifras son del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Si tomamos como referencia los precios previos a la escalada de costes, los datos de finales de 2025 ya lo señalan como el tercer año más costoso de la serie. Y aún no habían empezado el bombardeo de Irán.
Los sueños de que, tras la crisis de 2022 y las consecuencias de la guerra de Ucrania, todo iba a volver a su sitio, se han pulverizado.
Hagamos un repaso: los fertilizantes han subido un 74%, el gasóleo agrícola un 68%, la electricidad un 53%, los piensos un 31,7%, la maquinaria un 5,5%, las semillas un 3,2 y los salarios entre un 4,7 y un 7,6%. Solo los fertilizantes representan ya entre el 15 y el 30% del coste total de producción.
Y, pese a todo, el sector no deja de ganar dinero. Como decía, la renta agraria española alcanzó 41.262 millones de euros. Un 12,9% con respecto a 2024 y, a todas luces, la cifra más alta del histórico.
En buena parte, esto se explica por la lluvias del año pasado (se produjo entre un 10 y un 20% más) mientras que los precios se mantuvieron y el consumo creció un 5%. Pero también a algo mucho más estructural: el número de explotaciones agrarias se está reduciendo, pero el de la tierra útil no (una caída del 12,4% frente a una de un 1,6%). Para que nos hagamos una idea, ahora mismo España tiene menos de la mitad de explotaciones que las que tenía en 1989.
Esos gigantes tienen más margen de negociación hacia abajo (con los proveedores) como hacia arriba (con los distribuidores). Además, tienen capacidad financiera y productiva para diversificar más y, por tanto, capear los temporales mejor. Sin embargo, como hemos visto en los últimos años, tiene consecuencias.