Pedro del Hierro, Simorra y Adolfo Domínguez abren la Semana de la Moda de Madrid con tres colecciones que parten de la contemplación, el pliegue y el color
Regala esta noticia Añádenos en Google Pablo Alborán desfila para Adolfo Domínguez. (Ifema)Madrid
14/09/2026 a las 21:10h.La primera jornada de la 84ª edición de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid reunió a tres nombres fundamentales de la moda española, Pedro del ... Hierro, Simorra y Adolfo Domínguez. Las tres firmas llevan el nombre de los hombres que las fundaron y, décadas después, siguen construyendo sobre esos legados desde equipos creativos y lenguajes diferentes.
Recuperar el tiempo
La colección de primavera-verano 2027 de Pedro del Hierro partió de la tradición japonesa de la contemplación de los cerezos en flor. La idea de detenerse para observar algo tan efímero funcionó como punto de partida para una colección que reivindicó el tiempo. Nacho Aguayo y Álex Miralles trasladaron la referencia del 'hanami' a un armario contemporáneo en el que convivieron códigos orientales y occidentales. Aparecieron cuellos mao, prendas cruzadas, fajines y plisados junto a sastrería, pantalones cargo y elementos deportivos. La inspiración japonesa no se planteó como una recreación literal, sino como una forma de introducir otra relación con el cuerpo y con la ropa.
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La colección femenina trabajó los volúmenes, los drapeados, los nudos y las siluetas relajadas, junto a prendas mini, cargo y deportivas. También recuperó el mantón de Manila desde una perspectiva diferente. En la línea masculina, el lino, el rayón y la seda lavada se combinaron con efectos arrugados y plisados y con una sastrería cruzada inspirada en el kimono.
Pero hubo una idea especialmente relevante en el planteamiento de los diseñadores, hacer ropa que pudiera salir de la pasarela y entrar en la vida real. Su objetivo, explicaron, fue conseguir «'looks' realistas, pero potentes» con prendas cotidianas y suficiente personalidad para funcionar también en ocasiones especiales.
El pliegue como lenguaje
En Simorra, todo comenzó con una acción aparentemente sencilla como doblar. El pliegue fue el eje de la colección, pero también una manera de entender la relación entre el cuerpo, la materia y el entorno. Eva Dimas, directora de la marca, y Victoria Mitjans, directora creativa, plantearon el pliegue como una forma de construir y, al mismo tiempo, como una metáfora de la capacidad de «adaptarse sin juzgar».
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Hubo faldas modulares cuya longitud podía modificarse mediante pliegues, tops envolventes y pantalones amplios. El tejido no permaneció rígido frente al cuerpo. Se adaptó a él, conservó la memoria del movimiento y generó nuevas formas. La materia volvió a ser protagonista. Gasa, algodón ultraligero, viscosa, organza, tafetán, popelín, tweed o denim aparecieron trabajados mediante diferentes tipos de pliegue. Lo estructurado convivió con lo fluido, lo mate con el brillo y lo opaco con la transparencia.
Dimas y Mitjans hablaron también del «abrazo del tejido» y de la necesidad de «mirar hacia adentro». Fueron conceptos que conectaron con la historia de una firma fundada en 1978 por Javier Simorra y que, desde su renovación, ha convertido el conocimiento de los materiales en una de sus principales herramientas. Sobre la pasarela, esa idea de continuidad entre generaciones adquirió además una dimensión literal, ya que Blanca Romero y su hija, Lucía Rivera, desfilaron juntas para la firma.
Experimentar para seguir avanzando
El relevo generacional forma parte de la identidad actual de Adolfo Domínguez. Tiziana y Adriana Domínguez representan la continuidad de una casa que lleva el nombre de su fundador, pero que busca avanzar sin quedarse anclada en su legado. 'Croma', la colección presentada en Madrid, lo hizo a través de la experimentación con el color.
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La investigación comenzó en el Ágora, el laboratorio creativo de la firma, y en un taller de tintes naturales donde el equipo estudió cómo las fibras y los pigmentos modifican la luz y la percepción. El resultado llegó a la pasarela en vestidos, camisas y faldas construidos a partir de pañuelos, patchworks geométricos, bordados de lentejuelas inspirados en el caleidoscopio y estampados fotográficos. Organza, tafetán, popelín y garza completaron una colección de materiales ligeros e irisados.
La colección coincidió con el 50 aniversario de la casa. Para Adriana Domínguez, mantener la identidad implica seguir experimentando, «Sabemos que el éxito pasa por seguir siendo una marca moderna sin perder tu esencia: coger tu legado y lanzarlo en mil direcciones innovadoras, como el caleidoscopio, y divertirse con ello».
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