- JUANDE PORTILLO @JuandePortillo Nueva York
Estados Unidos impone una tasa sobre el grueso de las importaciones procedentes de Brasil, cuyo gobierno denuncia motivación "política" y anuncia la activación de la ley de reciprocidad.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaba de iniciar un nuevo capítulo en su ya extenso historial de batallas comerciales. Su Administración ha anunciado la imposición de un arancel general del 25% sobre el grueso de importaciones procedentes de Brasil, país al que acusa de actuar "con mala fe" en las relaciones de intercambio comercial entre ambos países. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, quien se prepara para enfrentarse en campaña electoral con Flávio Bolsonaro (hijo de Jair Bolsonaro, expresidente del país y aliado de Trump), denunció la motivación "política" del castigo comercial y anuncio la activación de contramedidas recíprocas.
Oficialmente, el nuevo arancel ordenado por Trump responde al resultado de la una investigación comercial iniciada hace un año por EEUU al amparo de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. La Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR) aseveró durante la madrugada del miércoles al jueves que la investigación ha concluido detectando prácticas "irrazonables" del Gobierno brasileño que restringen el comercio estadounidense. Entre las cuestiones bajo lupa se encuentran, fundamentalmente, políticas relacionadas con el comercio digital y los servicios de pago electrónico; aranceles preferenciales considerados injustos; la aplicación de normas anticorrupción; la protección de la propiedad intelectual; el acceso al mercado del etanol y la deforestación ilegal.
El embajador y representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, afirmó que los nuevos gravámenes buscan proteger los intereses económicos estadounidenses después de que las negociaciones mantenidas con Brasil durante el último año no lograron resolver las diferencias. Greer, recoge Efe, acusó a Brasil de perjudicar a empresas tecnológicas estadounidenses; de dar marcha atrás en la aplicación de medidas anticorrupción o de permitir que agricultores brasileños obtengan ventajas competitivas mediante el uso de tierras deforestadas ilegalmente.
Los aranceles, que entrarán en vigor el 22 de julio, son relativamente generalizados, si bien eximen a productos que EEUU considera que pueden ser necesarios para cubrir su demanda, como el café, la carne de res, las naranjas y zumos de esta fruta, o los componentes para aeronaves. La medida afectará a las exportaciones brasileñas en cerca de 11.200 millones de dólares (9.800 millones de euros), según cálculos divulgados ayer por la Cámara Americana de Comercio para Brasil (Amcham Brasil). se Trata de cera de un tercio del valor de las exportaciones brasileñas anuales a EEUU.
"Que no haya confusión sobre el motivo: el presidente Lula y su Gobierno no han negociado con Estados Unidos de buena fe", acusó desde las redes sociales el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. "Sus políticas económicas son malas para los estadounidenses y malas para los brasileños. Durante el último año, Lula ha puesto su propio ego por delante de llegar a un acuerdo por el bienestar del pueblo brasileño, y estos aranceles son el precio por eso", apostilló, antes de inaugurar ayer en Washington una cumbre sobre el terrorismo de extrema izquierda.
Desde el gobierno brasileño respondieron con indignación, dejando entrever que la motivación de Trump es puramente política. La oficina del presidente alegó que, en 2025, el 76% de las importaciones procedentes de Estados Unidos destinadas a Brasil ingresaron en sus fronteras libres de aranceles, y que el gravamen promedio aplicado a los productos del país norteamericano fue de apenas el 3,1%.
"Brasil iniciará de inmediato con los procedimientos necesarios para invocar los mecanismos previstos en la ley de reciprocidad", anunció el Gobierno de Brasil, lo que se traducirá en la imposición de contraaranceles sobre los productos de EEUU. Además, el Ejecutivo de Lula avanzó que "llevará el asunto ante el mecanismo de solución de disputas de la Organización Mundial del Comercio".
El caso de Brasil es relativamente atípico dentro del mapa de batallas comerciales emprendidas por Trump desde su regreso a la Casa Blanca. Aunque, en teoría, su estrategia de fondo busca revertir los persistentes déficits comerciales de EEUU con el resto del mundo, con Brasil lleva años acumulando superávits. El año pasado, Brasil compró a Estados Unidos bienes por un valor superior en 42.000 millones de euros a los que le vendió.
Este es uno de los motivos por los que el Gobierno de Lula califica el castigo de político, recordando que Trump anuncio originalmente un arancel del 50% acusando a Brasil de ejecutar una "cacería de brujas" contra el expresidente Jair Bolsonaro, juzgado entonces -y declarado culpable después- de intento de golpe de Estado. La medida se revocó parcialmente pero comenzó entonces la investigación que ahora concluye con la nueva tasa.
El golpe llega a las puertas de unas nuevas elecciones. "Lula ya no está en condiciones de ser el presidente de Brasil. Estamos en un avión sin piloto", declaró ayer el hijo de Bolsonaro, que optará a la presidencia en los comicios del próximo mes de octubre. La sombra de los aranceles estadounidenses amenaza con convertirse en uno de los debates centrales de la campaña.
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