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Trump se está sumiendo en un atolladero en Irán

Trump se está sumiendo en un atolladero en Irán
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Estados Unidos no puede conseguir sus objetivos mediante la negociación. Así, el cambio de régimen vuelve a abrirse paso en la agenda. Leer
Financial TimesTrump se está sumiendo en un atolladero en Irán
  • GIDEON RACHMAN
Actualizado 20 JUL. 2026 - 16:19El presidente estadounidense, Donald Trump.SAUL LOEB / POOLEFE

Estados Unidos no puede conseguir sus objetivos mediante la negociación. Así, el cambio de régimen vuelve a abrirse paso en la agenda.

Es probable que el legado de la política exterior del presidente Donald Trump quede definido por Irán. En estos momentos, las cosas no pintan bien. La guerra se ha reanudado. Pero Estados Unidos no cuenta con un plan viable para alcanzar la victoria.

El aparato de seguridad nacional estadounidense ya está definiendo qué significaría el éxito. En la reunión de la semana pasada del Foro de Seguridad de Aspen, Mark Esper, secretario de Defensa durante el primer mandato de Trump, argumentó que Estados Unidos podría conformarse con el logro de dos objetivos principales. Primero, la reapertura del estrecho de Ormuz sin el cobro de peaje. Segundo, la imposición de restricciones al programa nuclear iraní, equivalentes a las logradas por la Administración Obama. En otras palabras, el objetivo de Estados Unidos debería ser simplemente restablecer el statu quo previo a la guerra.

Pero incluso estos modestos objetivos podrían ser inalcanzables. Irán está decidido a cobrar peaje a los barcos que transitan por el estrecho de Ormuz, y resulta difícil vislumbrar cómo Estados Unidos podrá impedirlo. El peaje en el estrecho podría generar miles de millones de dólares en ingresos y otorgar a Teherán un control permanente del suministro energético mundial.

Estados Unidos ha declarado repetidamente que jamás aceptará tal situación. Sin embargo, es muy improbable que la intensificación de los bombardeos fuerce la apertura del estrecho —y actualmente la Casa Blanca no está dispuesta a desplegar tropas terrestres—. El general estadounidense retirado Barry McCaffrey estima que una guerra terrestre por Ormuz requeriría una fuerza de 600.000 soldados y podría durar un año. Mientras tanto, Irán ha respondido a la reciente intensificación de los combates atacando a Arabia Saudí por primera vez en meses. Esto recordó la extrema vulnerabilidad de los estados del Golfo Pérsico a los ataques a infraestructuras críticas, como plantas desalinizadoras y plataformas petrolíferas.

La Administración Trump sabe que la amenaza de los misiles y drones iraníes se intensificará en los próximos años. Teherán ya ha demostrado su capacidad para atacar diversos objetivos, incluyendo el aeropuerto de Dubái, las instalaciones de GNL de Catar y bases militares estadounidenses en la región (dos militares estadounidenses murieron en Jordania el viernes). Pero a los estrategas estadounidenses les preocupa que el rápido desarrollo de la tecnología de drones y misiles —sumado a la amplia ayuda de Rusia y China— haga muy probable que, en pocos años, Irán posea armas más precisas y de mayor alcance.

Entre los objetivos que podrían volverse vulnerables a un ataque del régimen iraní se encuentran el reactor nuclear israelí de Dimona y la base estadounidense de Diego García, crucial para la proyección de poder de Estados Unidos en el Indo-Pacífico. Los iraníes lanzaron misiles cerca de ambos objetivos al principio de este conflicto, sin éxito. Pero eso podría cambiar.

¿Cómo puede responder Estados Unidos a este sombrío panorama? La creciente constatación de que Estados Unidos quizás nunca logre contener a Teherán mediante la negociación implica que la idea de un cambio de régimen en Irán vuelve a estar sobre la mesa en Washington. Derrocar a la república islámica era el objetivo original de Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu cuando iniciaron la guerra con Irán el 28 de febrero. Sin embargo, sus esperanzas de que la acción militar pudiera conducir a un levantamiento popular exitoso contra el liderazgo iraní pronto se desvanecieron.

Durante algunos meses, la idea del cambio de régimen quedó en suspenso mientras Estados Unidos buscaba poner fin al conflicto por la vía diplomática. Pero ahora que la diplomacia parece haber fracasado, algunos sectores de la Administración Trump coquetean nuevamente con el Plan A: derrocar al régimen iraní.

La parte más visible de esta estrategia es la intensificación de la presión económica sobre Teherán. El bloqueo estadounidense a las exportaciones de petróleo iraní se ha reanudado. Los estadounidenses creen que, en pocos meses, pueden estrangular la mayor parte de los ingresos petroleros de Irán y provocar una profunda crisis económica en el país. También buscan a personas influyentes del régimen que puedan cooperar con Estados Unidos e Israel. Sorprendentemente, esto llevó a un intento fallido por parte de Israel de acercarse al expresidente iraní Mahmoud Ahmadi-Nejad, conocido por sus escalofriantes amenazas contra el Estado judío.

La idea de intentar promover una insurrección interna en Irán también está volviendo a abrirse paso en la agenda. Al comienzo del conflicto, Israel presionó para armar a los kurdos. Esta idea fue rechazada en Washington. Pero ahora podría resurgir ante la falta de mejores alternativas.

La reticencia de Washington a aceptar que Teherán pueda salir fortalecido de esta guerra es comprensible. Sin embargo, el problema radica en que intentar revertir esta situación conlleva sus propios peligros.

Cada intercambio de represalias con Irán genera nuevas bajas y amenaza con arrastrar a Estados Unidos aún más a otro atolladero en Oriente Próximo. Mientras tanto, la guerra con Irán ya ha agotado rápidamente las reservas de armas estadounidenses. Se ha informado ampliamente de que Estados Unidos consumió el 30% de sus misiles de crucero Tomahawk y el 50% de sus interceptores Patriot en las primeras semanas del conflicto con Irán.

Muchas de esas municiones estaban destinadas a un posible conflicto por Taiwán. Reabastecer el arsenal estadounidense podría llevar años. Por lo tanto, se abre una posible ventana de oportunidad para que China emprenda acciones militares. La guerra con Irán es actualmente la mayor crisis internacional que enfrenta el Gobierno estadounidense. Pero podría estar creando las condiciones para una crisis aún mayor en los próximos años.

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Fuente original: Leer en Expansión
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