Te acaban de subir drásticamente el alquiler, Pedro. Te lo ha subido el único que podía hacerlo, el mismo casero que te alquiló el palacio a finales de 2023 a cambio de un precio abusivo: la igualdad de todos los españoles ante la ley. Pero aquella infame amnistía -siete votos por la impunidad de un golpista- que tres años después está a punto de consumarse no incorporaba una cláusula para prorrogar el contrato: expiró el mismo día de la investidura.
Nunca fuisteis más, nunca hubo mayoría progresista, no ha existido legislatura digna de ese nombre. Hubo una ocupación alegal del poder como espacio físico, una inquiokupación palaciega desde la que contemplar el meteórico deterioro de la nación, la imparable decadencia de una democracia chuleada por tu cachondo capricho, tu priapismo de autócrata vocacional. Desde entonces todos y cada uno de los problemas de los españoles han ido agravándose, de Paiporta a Adamuz, de la inflación a Pisa, de Cerdán a Begoña y Azagra, de Ceuta a Maricarmen. Tú en tu alcoba sorda, acolchada, manicomial, andabas caliente mientras reía la gente por no llorar. Le cambiaste la cerradura a la casa donde vivió Adolfo Suárez, degradada a búnker de un forajido trajeado en fuga permanente de su responsabilidad.
Ahora has llegado al final de la escapada. Tus ministros te susurran al oído que acaso sea el momento. Que ahora al fin tenéis una historieta para consumo de la famélica legión. Que aún es posible pastorear a un millón de abstencionistas de las plazas al colegio electoral: o la derecha carroñera o una mayoría capaz de espantar a los buitres. Y a cruzar los dedos para que la generación de revolucionarios más cándida de la democracia conciba la posibilidad y la deseabilidad de otra legislatura como esta.
Por supuesto los susurradores que te invitan a convocar distinguen perfectamente entre la calle y la urna, entre el relato y el cocido: ellos también son rentistas con pisos en propiedad, y siempre han confiado en que la legislación que fingen alentar jamás entre en vigor. Lo que les preocupa más bien es la agencia inmobiliaria en sí: el PSOE. Todos menos tú necesitan que encajes personalmente el castigo popular antes de las autonómicas y municipales de mayo, o el partido entero será puesto de patitas en la calle. Ellos son los que filtran que te lo estás pensando. Pero a mí me sorprendería que cedieras a ese instante de debilidad, de generosidad, de madurez. No estás programado para pensar en el partido, en el país, en nada remotamente ajeno a tu pellejo. Tu piel de cuero hialurónico es la única frontera que sabes defender.
Escribió el poeta que la historia de España siempre termina mal. Se equivocaba, porque no termina: quería decir que se repite. Todo remite a lo ya vivido en nuestra política con sabor a ajo. Hay diputados que han salido este viernes del Congreso por el mismo cordón policial de 2016. En Génova ya han presupuestado el coste de las lunas de las sedes rodeadas en la próxima noche de cristales rotos. Ya tenemos el recuerdo del primer mitin de Alicia del Río como candidata en las listas del Frente Amplio. Y desde luego volveremos a ver, como entonces, a un gallego en La Moncloa. La noticia sería que fuera capaz de romper el bucle.