"¿Estás viendo lo mismo que yo?". La arqueóloga Clara Veiga llevaba varias semanas trabajando en una de las catas abiertas en el convento de Santa Clara (Pontevedra), retirando con pinceles y pequeñas perillas de aire la tierra acumulada durante siglos, cuando encontró algo excepcional. Trabajaba sobre los restos muy deteriorados de un cráneo, pero aquello no presentaba la misma textura ósea. Con las manos enfundadas en guantes, limpió con cuidado la superficie hasta poder distinguir mejor su forma. "No había visto nada parecido en persona, pero en ese momento se me conectaron las neuronas", recuerda.
Antes de sacar conclusiones por su cuenta, llamó a la restauradora de la intervención para pedirle una segunda opinión y le lanzó la pregunta. Bastaron unos instantes para comprobar que su intuición iba bien encaminada: habían encontrado un cerebro saponificado.
Toparse con algo así ya resulta extraordinario. En 2024, un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford rastreó excavaciones de todo el mundo para elaborar el catálogo más completo hasta la fecha de cerebros humanos preservados. Lograron reunir alrededor de 4.405 casos. Pero, de todos ellos, únicamente 1.308 se habían conservado mediante un proceso de saponificación.
El ejemplar de Santa Clara resulta todavía más peculiar por las condiciones en las que ha aparecido. Los responsables de la intervención destacan lo insólito de que un tejido tan perecedero como el cerebral haya resistido mientras el cráneo que debía protegerlo y buena parte de la estructura ósea -"normalmente mucho más resistentes al paso del tiempo"- se encontraban prácticamente deshechos. Esa inversión de lo esperable es la que ha reducido los precedentes arqueológicos conocidos y ha convertido el hallazgo en algo "histórico".
De hecho, la Diputación de Pontevedra asegura que sólo se conocen otros tres casos comparables a nivel mundial: uno localizado en Italia y fechado en el siglo XIII y otros dos documentados en Chile y Argentina a comienzos del XX.
Fragmentos de cerebro conservados durante unos 200 años en Bristol (Reino Unido), incluidos en el estudio 'Human brains preserve in diverse environments for at least 12,000 years', publicado en 2024 en la revista científica 'Proceedings of the Royal Society B'.Alexandra L. Morton-HaywardPor ahora, poco más se sabe. Con total seguridad, los restos son anteriores a 1915, año en que se acometió la última reforma documentada en el coro bajo de la iglesia, el lugar donde apareció. Todo lo demás sigue encerrado en ese pequeño fragmento de tejido. Su anónimo propietario -señor o señora X, de momento- permanece ahora a buen recaudo en una cámara frigorífica de la Universidad de Santiago, bajo condiciones controladas de temperatura y humedad.
En las próximas semanas, la propia Clara Veiga y el investigador Edgar Camarós prepararán los análisis de laboratorio con los que tratarán de arrancarle parte de lo que lleva siglos guardándose: ponerle edad y sexo, rastrear posibles enfermedades y hasta reconstruir parte del estrés al que estuvo sometido en vida.
¿Saponificado?
Pero si a estas alturas el lector aún conserva un pequeño resquicio de curiosidad arqueológica -o simplemente quiere saber qué demonios lleva varias líneas leyendo-, habrá una pregunta que ya resulta imposible esquivar. ¿Qué significa exactamente que un cerebro esté saponificado?
Un cadáver no siempre se descompone de la misma manera. La temperatura, el grado de humedad, la ventilación o el lugar en el que queda depositado pueden acelerar la putrefacción o, por el contrario, frenarla durante años. La medicina forense distingue tradicionalmente tres grandes fenómenos naturales de conservación: la más que conocida momificación (favorecida por la sequedad y la circulación de aire, que terminan deshidratando los tejidos), la corificación (propia sobre todo de cuerpos encerrados en féretros herméticos, donde adquieren una consistencia semejante al cuero) y la saponificación, que necesita precisamente unas condiciones casi opuestas.
"Para que lo entendamos de una manera muy simple, cuando coinciden una falta de oxígeno muy importante y un ambiente muy húmedo, el cuerpo acaba transformando parte de sus grasas en adipocira, una sustancia muy parecida al jabón que recubre los tejidos de dentro hacia fuera y que, con el paso del tiempo, se endurece y los protege frente a las bacterias responsables de la descomposición", resume el coordinador de la intervención y arqueólogo de la Diputación, Rafael Rodríguez. "Normalmente puede producirse bajo tierra, en una cripta o en una bóveda, y lo sorprendente es que se trata de un proceso completamente natural".
Y, aunque en Santa Clara haya aparecido en unos restos de gran antigüedad, la saponificación no es un fenómeno confinado a la arqueología o la antropología. También ha dejado episodios conocidos en la crónica negra española y uno de los más célebres ocurrió, precisamente, en Galicia. Cuando José Enrique Abuín Gey, alias 'El Chicle', condujo a la Guardia Civil hasta el pozo de una nave abandonada de Asados, en Rianxo (La Coruña), donde había ocultado el cadáver de Diana Quer, la joven llevaba cerca de 500 días sumergida. Aquella permanencia prolongada bajo el agua había favorecido un proceso de saponificación que permitió conservar en bastante buen estado parte de su aspecto exterior y de los tejidos blandos pese al tiempo transcurrido desde su muerte, por lo que los investigadores pudieron identificarla fácilmente.
Dos niños, un capellán y una tetera Ming
Pero el cerebro ha sido sólo el hallazgo más mediático. En el interior de la iglesia han aparecido también los restos de dos menores -"uno de alrededor de un año y medio, todavía con los dientes de leche y los zapatos"- y, delante del altar, el enterramiento de un capellán cuya indumentaria ha sorprendido especialmente al equipo. Se conservan las suelas del calzado, buena parte de la casulla e incluso los hilos metálicos de su decoración, algunos posiblemente de oro. En el coro bajo han aparecido además tres sudarios de época moderna, uno de ellos de seda. Rodríguez llega a considerar la casulla, desde el punto de vista arqueológico, "más excepcional que el cerebro".
La casulla recuperada del convento de Santa Clara, en Pontevedra.Diputación de PontevedraAdemás, los trabajos han permitido inventariar ya más de 3.000 piezas fechadas entre los siglos XIV y XIX, desde monedas y cerámicas hasta lozas de Manises. Entre todas ellas sobresale el fondo de una tetera de porcelana de la dinastía Ming que conserva todavía una inscripción en chino: "Hecho durante el reinado de Chenghua de la Gran Dinastía Ming". Que una pieza fabricada al otro lado del mundo terminase en un convento pontevedrés a finales del siglo XV abre ahora otra pregunta y apunta, según los arqueólogos, a unas redes comerciales mucho más extensas de lo que podría imaginarse y a un convento de Santa Clara con mayor capacidad económica de la que su aspecto actual deja entrever.
También el propio edificio está empezando a contar una historia distinta. La intervención ha permitido reconstruir buena parte de la planta del convento medieval, identificar un claustro de sólo tres alas y completar una antigua zona destinada al almacenamiento de cereal y vino. Ese era, al fin y al cabo, el objetivo con el que arrancó el proyecto en 2022: documentar qué quedaba bajo Santa Clara antes de acometer la rehabilitación que lo convertirá en el séptimo edificio del Museo de Pontevedra, donde está previsto que en el futuro puedan exhibirse parte de estas rarezas arqueológicas. Entre ellas, quién sabe, quizá también el cerebro de nuestro todavía misterioso señor o señora X.
Ficha técnica
La intervención arqueológica está dirigida por Israel Picón, de Azitania Arqueología, dentro de un equipo multidisciplinar de unas 20 personas coordinado por el arqueólogo de la Diputación de Pontevedra Rafael Rodríguez e integrado por arqueólogos, restauradores, antropólogos forenses y especialistas en textiles, madera, fotogrametría y topografía. El proyecto arquitectónico para la futura rehabilitación del convento corresponde, por su parte, al estudio Nieto Sobejano, ganador del concurso de ideas convocado tras los primeros trabajos realizados en 2022.