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Los cuatros astronautas de la misión Artemis 2 han experimentado en sus cuerpos la ausencia de gravedad. efe Un corazón encogido, alteraciones en el cerebro y menos músculo: las consecuencias de viajar a la LunaLos astronautas de la Artemis 2 han tenido que hacer 30 minutos de ejercicio todos los días para paliar algunas de las consecuencias de la ingravidez
Martes, 14 de abril 2026, 00:36
... Wiseman, Jeremy Hansen, Christina Koch y Victor Glover han tenido entre sus muchas tareas una especialmente ineludible: entrenarse 30 minutos al día. Contaban para ello con una especie de máquina de remo llamada volante de inercia. Se trata de un artilugio con forma de caja de zapatos gigante de 14 kilos de peso con la que además de remo pueden hacer sentadillas, peso muerto y bíceps. La máquina puede simular una resistencia de hasta 181 kilos.Ampliar
El volante de inercia, la máquina para hacer ejercicio en la Orión. nasa«El objetivo es minimizar la pérdida muscular y ósea que ocasiona la ausencia de gravedad», explica la agencia espacial, que lleva cinco décadas analizando las consecuencias en el organismo de los periplos espaciales en el Programa de Investigación Humana (HRP, por sus siglas en inglés). Por eso saben que los astronautas crecen entre dos y cinco centímetros. En la reciente misión han controlado la salud de los cuatro tripulantes mediante una pulsera que registraba el estado de sus cuerpos y sus ciclos de sueño. «Se espera que los hallazgos proporcionen información vital para futuras misiones a destinos más allá de la órbita terrestre baja, incluido Marte. Las lecciones que aprendamos de esta tripulación nos ayudarán a realizar misiones e investigaciones en el espacio profundo de manera más segura», explicó antes del despegue Laurie Abadie, ingeniera aeroespacial del programa en el Centro Espacial Johnson de la Nasa.
La pérdida de masa ósea y muscular es una de las consecuencias más conocidas de los viajes espaciales. «La microgravedad provoca una disminución notable de la masa muscular, pérdida ósea y afecta al sistema cardiovascular. El corazón, los huesos y los músculos no necesitan trabajar tanto como lo hacen en la Tierra», apuntó en un un reportaje de este periódico el doctor Rodrigo Coutinho de Almeida, de la Agencia Espacial Europea (ESA).
En el caso del corazón, se 'encoge' y ve reducido su tamaño. Se sabe además que los astronautas del Apolo que viajaron a la Luna tenían casi cinco veces más probabilidades de morir de enfermedad cardiovascular y que a las 24 horas de abandonar las fuerzas gravitatorias de la Tierra, los astronautas experimentan un aumento de los volúmenes ventriculares y una disminución de la presión venosa central. Un estudio liderado por la Universidad Johns Hopkins certificó también que la pérdida de fuerza de contracción persistía incluso después del periodo de recuperación en la Tierra.
Estudio en gemelos
Hace una década, la Nasa llevó a cabo un experimento con Scott y Mark Kelly, dos astronautas gemelos idénticos. Mientras Scott pasó 340 días en la ISS, Mark permaneció en nuestro planeta. El resultado es que el primero tuvo un desgaste cardíaco significativamente mayor –perdió 0,74 gramos a la semana en su ventrículo izquierdo, según un estudio publicado en 2021– y una presión arterial muy superior a la de su hermano. También sufrió la mencionada pérdida de masa muscular, alteraciones del ritmo circadiano y problemas de visión –dos tercios de los viajeros espaciales regresan con miopía por los efectos de la falta de gravedad en el líquido encefalorraquídeo–. La mayor parte de estos cambios se revirtieron de vuelta en nuestro planeta. El cerebro también se ve afectado, Solo dos semanas en órbita son suficientes para que sus ventrículos se dilaten. Tardan unos tres años en recuperarse.
Otro de los grandes riesgos es la radiación. Sin la protección del campo magnético y de la atmósfera terrestres, los astronautas se exponen a una dosis un 50% mayor que el límite establecido en cinco años para los trabajadores de las centrales nucleares. Esto, en el caso de la Estación Espacial Internacional. Las cifras aumentan para los viajes a la Luna y todavía más a Marte, y se traducen en un mayor riesgo de sufrir cáncer y enfermedades neurodegenerativas.
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