La religiosidad que hoy repunta entre las jóvenes generaciones no hay que confundirla con la de antaño
Regala esta noticia Añádenos en GoogleManuel Cruz
20/05/2026 a las 00:02h.En un muy interesante artículo publicado en El País el pasado 15 de mayo, Ignacio Urquizu señalaba como uno de los rasgos que define a ... la generación crecida tras el 15-M una cierta vuelta a la religiosidad. Dicho rasgo, sin duda, está resultando fuente de notable perplejidad para las generaciones precedentes, probablemente como consecuencia de no haber hecho el esfuerzo de intentar entender la especificidad de este repunte del catolicismo.
Si aceptamos la película Los domingos como una muestra bastante veraz de la forma en que los jóvenes de hoy han vuelto su mirada hacia el catolicismo, de inmediato comprobaremos que los trazos que permiten dibujar la especificidad de su experiencia no han sido adecuadamente destacados. Porque frente a fenómenos como el de la teología de la liberación de hace unos años, la religiosidad que aparece en la película en ningún momento se presenta como el relevo de los viejos discursos solidarios que prometían un mundo más justo y fraterno. Lo que vemos en pantalla es que la joven protagonista vive la llamada de la fe en términos rigurosamente individuales, como una revelación íntima que, por añadidura, no le proyecta a ninguna forma de amor hacia los demás (tan hijos de Dios como ella, por cierto). Su religión no encarna la promesa de un mundo mejor para todos, sino que cumple la función de proporcionarle sentido a su vida. En todo caso, la plenitud que espera encontrar en el convento es un asunto privado entre ella y Dios.
Dicho con otras palabras, nos encontramos ante una religiosidad conservadora en sentido fuerte (no en el superficial de, por ejemplo, considerar pecaminoso el sexo, estigmatización innecesaria en tiempos de intensa banalización del mismo). La religión que aquí se nos presenta no es una propuesta de liberación colectiva sino de salvación individual. Es el sálvese quien pueda del alma. Por eso, cuando la tía de la protagonista le presenta una enmienda a la totalidad, denunciando lo que considera el gran tinglado de la religión, la sobrina no desciende a rebatirla con argumentos. Su respuesta es la de quien está convencida de tener línea directa con Dios: «rezaré por ti».
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