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Una frágil paz tras una guerra sin vencedores

Una frágil paz tras una guerra sin vencedores
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El acuerdo de Trump refleja el fracaso de la intervención militar en Irán. Leer
Financial TimesUna frágil paz en Irán tras una guerra sin vencedores
  • GIDEON RACHMAN
Actualizado 15 JUN. 2026 - 14:13El presidente Donald Trump en el despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, EEUU.CHRIS KLEPONIS / POOLEFE

El acuerdo de Trump refleja el fracaso de la intervención militar en Irán.

¿Qué mejor manera de celebrar un acuerdo de paz que con una pelea a puñetazos en el jardín de la Casa Blanca? Donald Trump siempre ha preferido el conflicto de cara a la galería a la violencia prolongada. Ahora, por fin ha conseguido el tan anunciado acuerdo para poner fin a la guerra con Irán.

Pero cualquier paz es, probablemente, frágil. Independientemente de cómo Trump decida presentarlo, el acuerdo que se firmará en Ginebra el viernes no es una solución permanente. Se trata de una prórroga del alto el fuego actual de 60 días, que permitirá la reapertura gradual del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo estadounidense a Irán. Existe la promesa de resolver los problemas nucleares mediante la negociación, vinculada al compromiso de un levantamiento gradual de las sanciones contra Irán.

Es fácil prever cómo todo podría desmoronarse. El gobierno israelí está descontento, en concreto por el anuncio de que su campaña contra Hezbolá en el Líbano tendrá que cesar. Con las elecciones a la vista —y la condena unánime del acuerdo de paz en Israel—, Benjamin Netanyahu podría sentir la necesidad de reanudar los ataques contra Hezbolá, especialmente si este lanza ataques contra el norte de Israel. Irán podría entonces responder con ataques contra Israel.

Líbano es solo el foco de tensión más evidente. La reapertura gradual del estrecho de Ormuz —mientras se inician las conversaciones sobre el espinoso tema del programa nuclear iraní— deja mucho margen para disputas y malentendidos. En estas circunstancias, una relajación gradual de las tensiones —salpicada de ocasionales brotes de violencia— podría ser más probable que un cese total de las hostilidades.

Sin un vencedor claro en la guerra, cualquier acuerdo de paz debía ser un compromiso. La mejor señal es que los sectores más intransigentes de todos los bandos están descontentos con él.

Los halcones estadounidenses querían un cambio de régimen en Teherán o, al menos, el desmantelamiento completo del programa nuclear iraní. Pero el cambio de régimen ahora parece más lejano que cuando comenzó la guerra. Las promesas iraníes de cooperación futura en materia nuclear serán recibidas con gran escepticismo en Washington.

Los sectores más intransigentes también temen que la descongelación de los activos iraníes y el levantamiento de las sanciones permitan a la república islámica reconstruir su ejército y sus aliados regionales.

La semana pasada, el senador Lindsey Graham, uno de los republicanos más duros, seguía presionando a Trump para que intensificara la guerra cumpliendo su amenaza de apoderarse de la isla de Kharg, principal centro de exportación de petróleo de Irán. Sin embargo, los asesores militares de Trump le habrán advertido que cualquier fuerza de ocupación estadounidense sería un blanco fácil para un contraataque iraní. El acuerdo alcanzado refleja el fracaso de la intervención militar.

El gobierno israelí está especialmente descontento. Amit Segal, periodista cercano a Netanyahu, respondió al anuncio del acuerdo citando a Henry Kissinger: "Puede ser peligroso ser enemigo de Estados Unidos, pero ser amigo de Estados Unidos es fatal". A los israelíes les preocupa que Irán haya condicionado la apertura del estrecho a un alto el fuego en el Líbano, lo que limita la capacidad de Israel para librar una guerra en sus propias fronteras. En términos más generales, temen que Irán, su rival más peligroso, haya salido fortalecido del conflicto.

Además, los sectores más intransigentes de Irán también parecen indignados. La noticia del inminente acuerdo provocó manifestaciones en Teherán y ciudades de la región, con cánticos contra Abbas Araghchi, ministro de Asuntos Exteriores, y Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento.

Los críticos del acuerdo propuesto en Irán afirman que Teherán está intercambiando la apertura del estrecho por la promesa de un alivio de las sanciones que Estados Unidos podría no cumplir, sobre todo porque la propuesta podría ser bloqueada en el Congreso.

También habrá sentimientos encontrados en los estados del Golfo. Países como Arabia Saudí, Catar y los Emiratos Árabes Unidos necesitan urgentemente un acuerdo que permita el libre flujo de exportaciones de energía a través del estrecho y que restablezca la confianza en la estabilidad de la región.

Pero una paz frágil, interrumpida por ataques ocasionales con drones o misiles, podría no ser suficiente para tranquilizar a turistas y trabajadores expatriados. Algunos de los daños causados a infraestructuras clave, como la planta de gas natural licuado de Ras Laffan en Catar, podrían tardar varios años en repararse. Los estados del Golfo también tendrán que reflexionar sobre su futuro posicionamiento geopolítico.

Muchos responsables políticos de la región siguen indignados porque EEUU e Israel lanzaron una guerra contra Irán en contra de su consejo. Pero también les parece intolerable que Teherán los haya elegido como objetivo en represalia, a pesar de no haber participado directamente en la ofensiva inicial estadounidense-israelí.

En los próximos meses y años, los estados del Golfo se enfrentarán a una decisión crucial. ¿Reforzarán su relación con Estados Unidos —algunos incluso acercándose a Israel— argumentando que no existen aliados alternativos en materia de seguridad? ¿O pensarán que Estados Unidos, en la actualidad, es demasiado caprichoso e inestable como aliado y comenzarán discretamente a buscar un entendimiento con Irán?

El propio Trump tiene un largo historial de disfrazar el fracaso —ya sea un casino en quiebra o unas elecciones perdidas— y presentarlo como si fuera un éxito. Actuará con rapidez para hacer lo mismo con esta fallida guerra para un cambio de régimen. Pero para lograrlo, necesitará un largo periodo de calma en el que Irán y Oriente Próximo desaparezcan de los titulares. Quizás sea pedir demasiado.

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Fuente original: Leer en Expansión
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