Nadie en el PP valenciano se atreve a vaticinar qué futuro inmediato aguarda al partido y, sobre todo, a Juanfran Pérez Llorca. Si la ausencia de gestos en Génova que lo apuntalen como candidato del PP a la Generalitat ya había generado no pocas tensiones internas en los últimos meses, con la operación de espionaje a Llorca y su entorno el partido ha entrado directamente en convulsión.
La filtración de un dosier que apunta al supuesto enriquecimiento del presidente de la Generalitat y su familia en su época de alcalde de Finestrat -con datos de su patrimonio y empresas-, así como a reuniones de sus personas de confianza con empresarios, ha destapado una guerra interna en el PP valenciano. No tanto por el contenido de un dosier que el PSOE de Diana Morant llevará a la Fiscalía Anticorrupción y que el entorno de Llorca minimiza, sino por la sospecha de que tras él hay «fuego amigo».
Y ello porque el expediente es anónimo, si bien las fuentes del PP consultadas creen que es obra de un conocido detective en Valencia. Su despacho es especialista en la elaboración de informes económicos y está conectado con altos cargos del PP. Además, el documento está fechado en junio de 2026.
En el partido no son pocos los que en privado aseguran que se trata de un montaje para "tumbar a Llorca desde dentro". Dicho con otras palabras, que el encargo del dosier -con destino a Génova- partió de algún miembro del PP valenciano. Y aquí hay quien ve la mano negra del ex presidente Francisco Camps, que lleva meses reclamando un congreso regional para volver a optar a presidir el partido, y del actual presidente de la Diputación de Valencia, Vicent Mompó, que aceptó en su día ser el sucesor de Carlos Mazón. Ambos, sin embargo, se han desvinculado de una maniobra semejante que tildan de "juego sucio".
La indignación entre los cargos del PP consultados, de hecho, es patente. La opinión generalizada es que la operación para derribar a Llorca no solo debilita aún más al presidente valenciano. "Este juego peligroso no beneficia a nadie y daña a todo el partido". Es más, se señala que "Génova debería dar un golpe en la mesa", pues también las expectativas de Alberto Núñez Feijóo de alcanzar la Moncloa en unas próximas elecciones generales podrían verse comprometidas si flaquea uno de sus principales graneros de voto.
"Hemos pasado de ser el bastión del PP a ser el paria", lamenta una voz crítica con la actual dirección del PPCV. En esta línea, otra fuente califica de "humillación" que Génova diese vía libre a la celebración de congresos en otras regiones y provincias mientras mantiene en el congelador la gestora del PPCV que preside el propio Llorca. El convencimiento de unos y otros es que la dirección nacional debería ya tomar cartas en el asunto.
Primero, porque la incógnita sobre Llorca está consumiendo por dentro al partido, hasta el punto de que hay quien piensa que "la culpa de que se haya llegado al juego sucio la tiene Madrid y nadie más". Con su silencio, Génova no hace sino alimentar las dudas sobre quién será el candidato, a pesar de que en el Palau de la Generalitat siguen convencidos de que Llorca no tiene alternativa. Y segundo, en el PPCV se mira también con estupefacción a Génova por su inacción a la hora de frenar la bola de nieve del dosier. "Igual están esperando a ver cómo rueda para decidir qué hacer... y a quién nombrar", especula un cargo del PP.
La indefinición de Génova ha dado alas a las quinielas en el PP y al reagrupamiento de las cuatro familias "en liza". Por un lado, Llorca y su tropa, de la que cada vez se alejan más los barones provinciales, según las fuentes consultadas. "Hay distanciamiento entre Llorca y los presidentes provinciales", aseguran fuentes populares, que ven al jefe del Consell con menos apoyos y "encerrado en su núcleo duro". Por otro lado, Mompó, cuyos últimos movimientos -incluida su comparecencia en la comisión de la dana- no han gustado a Génova, pero mantiene el pulso en la provincia de Valencia y mantiene una relación estrecha con la presidenta de Castellón, Marta Barrachina.
En Valencia, sin embargo, Mompó pugna con la alcaldesa María José Catalá, cuya candidatura barajó Feijóo. El nombre que se mantiene en las quinielas es el de la actual vicepresidenta de la Generalitat, Susana Camarero, aunque ella ha descartado postularse pese a tener interlocución con Génova. Por último, quien reclama su espacio es Camps. "No está tan alejado como parece de Mompó", apunta una fuente. Otras voces sostienen que, de convocarse un congreso que hoy parece improbable, el ex presidente renunciaría finalmente a postularse.