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Desfile procesional de El Rico. Migue Fernández La Tribuna Una Semana Santa que crece... y exige entenderseMálaga no tiene una Semana Santa estática. Crece. Y lo hace cada año
Mario Bermúdez Postigo
Cofrades y analista de Semana Santa
Martes, 21 de abril 2026, 02:00
... perder fuerza, parece atravesar uno de sus momentos de mayor vitalidad. La Semana Santa malagueña no muestra síntomas de desgaste, sino todo lo contrario: se encuentra en un estado de forma notable, tanto desde el punto de vista participativo como en su proyección en la ciudad. Pero ese crecimiento, que en sí mismo es una buena noticia, empieza a plantear nuevos retos.El Lunes Santo es probablemente uno de los ejemplos más claros. La presencia de Nuestro Padre Jesús Cautivo marca el pulso de la jornada y condiciona el comportamiento del público, los tiempos y la propia experiencia cofrade en la calle. En ese escenario, la convivencia entre hermandades deja de ser únicamente una cuestión organizativa para convertirse en un ejercicio de equilibrio. Algunas cofradías han comenzado a entenderlo así.
El equilibrio entre tradición y evolución es lo que permite que la Semana Santa siga siendo reconocible sin dejar de ser viable
La Cofradía de la Pasión, con la ampliación de su recorrido y su paso por enclaves como el entorno de San Julián, ha apostado por una lectura distinta del día. No se trata solo de alargar el itinerario, sino de ganar espacio, tiempo y capacidad de respiración dentro de una jornada especialmente exigente. Es una decisión que no busca protagonismo, sino adaptación.
El Lunes Santo no es el único ejemplo. El Jueves Santo, uno de los días grandes de la Semana Santa malagueña, presenta una realidad similar. La presencia de la Congregación de Mena, con el desembarco de La Legión y todo lo que genera a su alrededor, convierte la jornada en uno de los puntos de mayor concentración de público de toda la semana. La coincidencia de cortejos y la propia configuración del recorrido oficial hacen que determinados enclaves, como el entorno de calle Cisneros, se conviertan en espacios especialmente tensionados. En este escenario, empiezan a surgir lecturas que apuntan a la necesidad de seguir ajustando el modelo organizativo, explorando fórmulas que permitan distribuir mejor los tiempos y favorecer un desarrollo más equilibrado de la jornada.
El crecimiento no es solo cuantitativo. También es social y organizativo.
Cada vez son más los que participan desde dentro, pero también los que se acercan desde fuera, atraídos por una celebración que forma parte de la identidad de la ciudad. Esa mayor participación está obligando a las propias cofradías a introducir ajustes en su forma de organizar los cortejos. En este sentido, durante la pasada Semana Santa pudieron verse soluciones puntuales como la configuración de tramos de nazarenos en cuatro filas en lugar de las tradicionales dos. La Cofradía de El Rico aplicó esta medida de forma ágil en un momento concreto del recorrido, con el objetivo de optimizar tiempos y facilitar el desarrollo del conjunto de la jornada. Se trata de decisiones prácticas, probablemente mejorables con el tiempo, pero que evidencian la capacidad de adaptación de las hermandades ante situaciones cada vez más exigentes. No se trata de limitar, sino de ordenar.
De entender que el equilibrio entre tradición y evolución es lo que permite que la Semana Santa siga siendo reconocible sin dejar de ser viable. Y en ese proceso, las decisiones que se toman en torno a los recorridos, los horarios o la configuración de los cortejos adquieren una importancia que va más allá de lo estético. Porque afectan directamente a la esencia de lo que ocurre en la calle. También a lo que ocurre bajo el trono. Cuando una cofradía gana tiempo, espacio o recorrido, el foco se desplaza inevitablemente hacia su forma de andar, hacia su identidad. Ya no basta con estar, hay que saber cómo se está. Y ahí es donde muchas hermandades tienen aún margen de crecimiento. No desde la ruptura, sino desde la evolución.
La Semana Santa de Málaga siempre ha sabido adaptarse a los cambios, aunque a veces lo haya hecho de forma lenta. Hoy, ese proceso parece acelerarse por la propia dimensión que ha alcanzado. Y eso exige una mayor capacidad de análisis, de planificación y, en muchos casos, de toma de decisiones valientes. El reto no está en crecer, sino en saber sostener ese crecimiento. En evitar que la cantidad termine condicionando la calidad de la experiencia cofrade. En garantizar que, más allá de los números, la Semana Santa siga siendo un espacio de encuentro, de identidad y de disfrute real para quien la vive desde dentro y para quien la contempla desde fuera. Málaga no necesita reinventar su Semana Santa. Necesita entenderla. Entender que cada día tiene su lógica, que cada decisión tiene consecuencias y que el equilibrio entre tradición y adaptación es lo que permitirá que siga creciendo sin perder su esencia.
Porque la Semana Santa no se sostiene solo por lo que ha sido, sino por la capacidad de interpretar lo que es. Y en ese camino, algunas cofradías ya han empezado a marcar la diferencia.
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