«Nuestra hija de ocho años se ha ido con sus tíos porque está aterrorizada», denuncia un afectado, y advierte de que estas personas hacen sus necesidades y se drogan delante de los niños
Regala esta noticia Añádenos en Google Daniel señala a su casa en la plaza Lex Flavia, con un indigente durmiendo en la misma puerta. (Moreno)Málaga
09/06/2026 a las 00:16h.Hace apenas un mes, cuando compraron su nueva casa en la plaza Lex Flavia, en el céntrico barrio de El Ejido, lo único que les ... preocupaba era la adaptación de Almudena, su hija de ocho años. Aunque malagueño de origen, Daniel (es nombre ficticio por seguridad), de 42 años, y su familia han pasado casi 20 años en Sevilla, y querían volver. Lo que no se podían imaginar es que llegarían a sentir miedo de entrar en su piso.
«Lo primero que mi hija pequeña vio al llegar a su nuevo hogar fue a un indigente haciendo sus necesidades delante de nosotros»
Daniel
Vecino de la plaza Lex Flavia
«Lo primero que mi hija vio al llegar a su nuevo hogar fue a un indigente que duerme allí y que estaba haciendo sus necesidades delante de nosotros», exclama. Muy cerca hay un parque infantil, donde los niños conviven a diario con este tipo de actitudes; además de las heces, los orines y, lo que es peor, con las agujas y los restos del consumo de drogas que estas personas dejan tirados por cualquier parte.
«Intentamos razonar con él, y nos hizo caso durante dos o tres días, pero después volvió e incluso se ha enfrentado a nosotros varias veces. Es un momento muy incómodo con una niña pequeña que tengo de la mano, y que está aterrorizada». Tanto es así que, por el momento, ella está durmiendo en casa de sus tíos: «Le da miedo venir a su casa porque dice que les ve 'hacer sus necesidades y sacarse sus cositas' delante de ella», clama el padre.
Indigentes en la puerta
En esta situación hay, según el día, tres, cuatro o más personas acampadas en los soportales que hay delante de su vivienda, y que pernoctan rodeados de basura, de insectos y de enseres. La gota que ha colmado el vaso ha ocurrido este lunes, cuando Daniel no ha podido ni siquiera entrar porque se han encontrado con otro indigente bajo los efectos de las drogas, tumbado en la misma puerta y que se negaba a marcharse. De hecho, tenían a un albañil contratado para hacer unos arreglos y se ha tenido que ir, porque no había forma de pasar.
«Le hemos pedido que se aparte y se ha encarado con nosotros». Después de varias llamadas y de perder horas de permiso en el trabajo frente a su portal sin poder hacer nada, dos agentes de la Policía Nacional han acudido y han conseguido que esta persona se levante y les permita al menos entrar en su domicilio.
Es una pequeña victoria, pero no se les va de la cabeza que al día siguiente volverán a tener el mismo problema. «Desde hace un mes hemos llamado muchísimas veces a la policía, y algunas veces han venido, pero otras nos dicen que ellos no pueden hacer nada directamente... Ya estamos desesperados, porque no sabemos qué más podemos hacer para poder vivir en paz».
En el mes que llevan tratando de instalarse en su nuevo hogar, por allí han pasado, además, técnicos de Servicios Sociales del Ayuntamiento, pero tampoco sirvió para nada. «Hablaron unos minutos con ellos, les aconsejaron ir a un centro asistencial, ellos se negaron, y ya está».
Además, la familia se siente amenazada, porque muchos de estos pasan todo el día dando vueltas por el barrio y cada vez que se cruzan tienen que soportar que les increpen. «Les hemos intentado explicar que tenemos una hija menor y no les importa. Entendemos que son personas enfermas, pero necesitamos una solución porque así no se puede vivir».
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