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Victoria Huéscar, taxista en Benalmádena, relata los riesgos que enfrentan en el gremio. Carmen Barainca Victoria Huéscar, taxista: «Aquí no sabes a quién subes, y si eres mujer, hay riesgos que suman»La conductora de Benalmádena relata el riesgo añadido de trabajar al volante tras los atracos armados sufridos por varios compañeros en la provincia en las últimas semanas
Carmen Barainca
Sábado, 7 de febrero 2026, 00:43
... como una mano mal colocada. No hace gracia. Nunca la hace. Ella sigue conduciendo. Manos firmes al volante. Ojos abiertos, hasta que se los tapan desde atrás. Suele defenderse, pero a veces el silencio es la única forma de llegar a casa.Vecinos de La Palmilla condenan los atracos a taxistas y piden al gremio que «no vete» al barrio
Despliegue policial este jueves para capturar a los atracadores de los taxistas en Málaga
Victoria Huéscar es conductora de taxi en Benalmádena desde 2009. Tenía 20 años cuando empezó. Hoy tiene 37 y casi más noches acumuladas en el taxímetro que años fuera del coche. Su experiencia, atravesada en ocasiones por escenas de comentarios sexualizados, miradas insistentes, contacto físico o robos, sirve para entender una realidad que vuelve a colocarse en primer plano tras los tres atracos a conductores del sector registrados en Málaga en las dos últimas semanas, con un mismo modus operandi: falsos clientes, trayectos a Palma-Palmilla y amenazas con armas.
«Aquí todos estamos expuestos, eso está claro. Pero como mujer hay cosas que se suman», explica. No ha tenido situaciones de riesgo recurrentes, pero el espacio es reducido. Ella va delante, con las manos ocupadas, a escasos centímetros de quienes se sientan detrás. «Te preguntan a qué hora terminas, si te tomas algo luego, te dicen comentarios fuera de tono. Y muchas veces no tienes otra arma que callarte y seguir conduciendo».
Violencia al volante
Los últimos atracos han reactivado las demandas de mayor seguridad. Desde la Asociación Unificada Malagueña de Autónomos del Taxi (Aumat) y Elite Taxi Costa del Sol denuncian la falta de medidas preventivas y reclaman ayudas para la instalación de cámaras de videovigilancia. El coste ronda los 1.000 euros por vehículo, una inversión que no todo autónomo puede permitirse. Victoria todavía no tiene cámara, pero prevé instalarla por seguridad. Aunque es clara: «Las cámaras sirven después. Para identificar al que te ha hecho daño. Mientras te está pasando, no te protegen». Lo mismo ocurre con otros sistemas. No son preventivos, son solventes. El daño ya está hecho.
Hubo un tiempo en que los taxis de Benalmádena contaban con mamparas, ya no. La conductora asegura que impedía el trato con el cliente, lo que es imprescindible para ella, pero «había algo que te protegía». Además, no hay protocolo posible cuando el ataque es inmediato: «Si alguien te tapa los ojos o te saca un arma, no puedes hacer nada. Cualquier movimiento puede ser mortal. Lo mejor que puede pasar es que se lleven el dinero y se vayan».
Benalmádena es uno de los municipios de la provincia con mayor presencia de mujeres al volante, una cifra que va en aumento en los últimos años. No es casual. «La licencia te permite conciliar, organizarte. Yo venía del turismo, de horarios imposibles. Aquí soy autónoma, además tengo la licencia del taxi y noto más libertad». Victoria asegura que en Benalmádena nota gran refuerzo por parte de los compañeros del gremio.
Los primeros años no trabajó de noche. Le costó pelearlo en casa. «Mi padre estuvo 38 años trabajando de noche. Para su niña, eso era lo último que quería». Él conocía el peligro. Ella lo aprendió con el tiempo. Zonas como Puerto Marina o Solimar concentran buena parte del trabajo nocturno. También de los riesgos. «Antes la noche era distinta. Ahora hay más alcohol, más descontrol». Le han tapado los ojos «de broma» mientras conducía. Se han ido del taxi sin pagar. Incluso perfiles inesperados. «Gente con carrito de bebé. Luego descubres que el niño no existe. Mientras tú bajas al maletero, el otro se queda dentro y te roba». Del mismo modo que una anciana prometió volver tras salir a coger dinero. Nunca llegó.
Embajadores de día, ángeles de la guarda de noche
Aun así, Victoria defiende su oficio. De día, el taxi es otra cosa. «Somos los embajadores del pueblo. El primer contacto del turista cuando llega». Recomienda rutas, bares y paseos. El turismo, principal motor económico de la Costa del Sol, empieza muchas veces en un asiento trasero. De noche, el papel cambia. «Ahí eres un poco su ángel de la guarda». Lo asume como responsabilidad. «Hasta que no entren en el portal, no me voy». Si no tienen suficiente dinero, para el taxímetro. Prefiere que sus clientes, sobre todo si son jóvenes, «lleguen a casa».
La noche avanza y el coche sigue en marcha. Victoria conduce, traslada, acompaña y protege. Pero en ese mundo donde «por la noche todos los gatos son pardos», alguien queda fuera del relato. ¿Quién cuida al ángel? «No puedes pedir documentación. No sabes a quién subes». El sector reclama medidas mientras el miedo se normaliza. Y en ese equilibrio frágil entre el cuidado ajeno y la propia exposición, ella vuelve a casa cada madrugada un poco más alerta, un poco más cansada. Un ángel que mengua por no ser caído.
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