Son aproximadamente las 16.00 horas del viernes 28 de agosto. Vidal Angulo, de 77 años, llega a la puerta de su vivienda, ubicada en un edificio de siete plantas de la avenida Gernikako Arbola, en el barrio de San Vicente de Barakaldo (Vizcaya). Ha salido de casa sin llaves, por lo que toca el telefonillo que corresponde a su piso para pedirle a su mujer que le abra el portal. Así lo hace ella.
A Vidal le han diagnosticado un deterioro cognitivo pero ello no le impide salir a la calle sin necesidad de compañía, como es el caso. Regresa en concreto de dar un paseo por el monte Rontegi, una pequeña colina de 70 metros de altura que se encuentra al noroeste de Barakaldo. Eso, al menos, ha dicho que iba a hacer cuando se marchó de casa.
Su esposa le ha abierto el portal y se supone que Vidal ha entrado en el edificio y ha llamado al ascensor, puesto que vive en el último piso, el séptimo, y es demasiado trayecto para subir por las escaleras. Pasan los minutos, sin embargo, y Vidal no llega arriba, no acaba de tocar el timbre de la puerta de casa. Su mujer se impacienta, se preocupa en seguida. ¿Dónde estará? Conforme pasan los minutos la alerta se extiende a los vecinos y al resto de familia. Al caer la noche y seguir Vidal sin dar señales de vida acuden a poner una denuncia a la comisaría de la Ertzaintza y comienzan a difundir en redes sociales carteles de búsqueda con su descripción detallada y una fotografía reciente suya: "Vidal Angulo Rivas, de 77 años, se encuentra desaparecido desde la tarde de este pasado viernes en Barakaldo. El hombre, que sufre deterioro cognitivo, salió de casa para dar un paseo y ya no regresó. Vestía un pantalón vaquero y una camisa a rayas. Mide 1,70 cm de estatura".
La enigmática desaparición tiene bastante eco en Barakaldo, ciudad colindante con Bilbao que alcanza los 100.000 habitantes, pero más aún tendrá, por lo inesperado del hallazgo de Vidal, que no se había movido de su edificio.
Durante los cuatro días siguientes sin embargo se le busca concienzudamente en los alrededores. Participan en las tareas miembros del cuerpo de bomberos, Cruz Roja, la asociación de ayuda en carretera D.Y.A., Protección Civil y voluntarios, la Unidad Canina y la de drones de la Unidad de Vigilancia y Rescate de la Ertzaintza, patrullas de Protección Ciudadana de este cuerpo y de la Policía Local... Se peina el monte Rontegi, por si Vidal hubiera caminado sobre sus pasos y regresado allí y las márgenes del río Nervión, que cruza la ciudad. No hay rastro alguno de Vidal y en su familia comienza a cundir cierto pesimismo.
Al padecer más enfermedades y tener más facilidad para desorientarse, los mayores de 65 años son uno de los grupos más vulnerables ante una posible desaparición. Según los datos del Centro Nacional de Personas Desaparecidas (CNDE), en 2025 desaparecieron un total de 16.024 personas de las que 1.126 -muchos más hombres, 746, que mujeres, 380- había superado los 65 años de edad. Vidal lleva demasiados días fuera y ha estado todo este tiempo sin tomar la medicación que precisa. Su hija Iratxe contará después en el programa El Madrugador de Radio Nervión que se temieron lo peor. "Pensábamos que había fallecido. Después de tantos días sin medicación, sin comer y sin beber...", recogía la prensa local sus palabras.
Ni que decir tiene que puesto que la última señal de vida de Vidal lo situaba frente a la puerta que daba entrada a su bloque, el edificio había sido el primer lugar donde lo habían buscado: se había registrado de arriba abajo varias veces. Sobre las 16.00 horas del martes, justo cuando se cumplían cuatro días sin noticias del septuagenario, una vecina tuvo un presentimiento. Se acordó de una zona del edificio que no todo el mundo conocía. ¿Lo habrían buscado allí?
"Ayer por la tarde, cuando llego a mi casa, que vivo prácticamente al lado, me dicen que lo había encontrado una vecina", contaba la hija de Vidal al día siguiente en la radio. "Dice que se le ocurrió pensar que en los garajes hay unos baños que yo desconocía, es que no tenía ni idea... no sabía ni que existían. De hecho esa puerta yo pensaba que era la puerta al portal de al lado para subir por la escalera".
La composición de lugar que se hizo la familia es que Vidal efectivamente subió en el ascensor pero que alguien debió de llamarlo desde el garaje y al aparecer allí se desorientó y abrió la puerta que daba a ese baño tan poco transitado. Una vez dentro ya no pudo volver a salir, puesto que se necesitaba la llave para hacerlo. "Tiene una puerta para entrar de seguridad y no tiene para salir, un poco raro todo", decía un tanto desconcertada la hija.
"Cuando llegué ya estaban la Policía y las ambulancias. Estaba gritando, muy asustado. Creo que ni siquiera sabía dónde estaba", detallaba el estado en el que estaba su padre cuando lo encontraron. Con síntomas de agotamiento y desorientado, pero vivo, fue trasladado al Hospital de San Eloy.