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Y a ti, ¿qué tal te cae Christopher Nolan?

Y a ti, ¿qué tal te cae Christopher Nolan?
Artículo Completo 1,120 palabras
Tuve un perro al que quise llamar Argos, igual que el can de Ulises en 'La Odisea' . Era adolescente y no había leído 'La Odisea' en mi vida, imagino que busqué en internet «nombres de perros famosos» y ese tenía empaque suficiente. Lamentablemente, el perro, que provenía de un refugio, era pequeño, sin raza determinada y algo feo. No tenía pinta de encajar como mascota del héroe más famoso de la historia. Mi familia me pidió por favor encontrar una alternativa, para evitarles la vergüenza de gritar '¡ARGOS!' por la calle y que, en lugar de un mastín o un labrador, apareciese aquel simpático pero humilde mestizo. Al final, lo llamamos Sam, en honor al hobbit de 'El señor de los anillos', el leal jardinero que ayuda a su amigo Frodo a lanzar el anillo único en los fuegos del Monte del Destino. Pensándolo bien, el perro terminó siendo bautizado por un héroe todavía mayor. Toca hablar de Christopher Nolan, que estrenó ayer 'La Odisea', y no acudo a esta anécdota por casualidad. En primer lugar, él mismo confirmaba en el ya desaparecido programa de Stephen Colbert, en la CBS estadounidense, que la relación de Ulises con su perro es uno de los elementos que le marcaron al leer a Homero, y que «'La Odisea' es la historia de perros definitiva». Por encima de esta curiosidad, creo que hay algo de la filmografía de Nolan que va profundamente atado a la adolescencia de cualquier amante del cine, que, para mi suerte o desgracia, era lo que yo era (adolescente y propósito de cinéfilo) cuando conocí a Sam. Nolan es un autor en el cine comercial y esta idea es importante, porque define la relación que crea con la audiencia. Sus películas buscan conectar con el mayor número de gente posible y hacerlo desde un estilo propio, con más personalidad de la que acostumbramos. Un terreno emocionante, pero que puede resultar peligroso para impresionables espectadores primerizos.Porque cuando uno tiene dieciocho o veinte años y ve 'Memento', igual que ocurre con 'El club de la lucha', 'Amélie' o 'Pulp Fiction', algo cambia. Los despertares son fuertes. Similar a la píldora de 'Matrix' (otra que podría estar en esta lista), hay un grupo de películas que, en el momento y lugar adecuados, nos hacen darnos cuenta de que estábamos comiendo puré procesado por un tubo. Los montajes son diferentes, la fotografía también. Hay mensaje en el diálogo, en la luz, en el sonido y hasta en los colores. No son visionados que supongan un reto mayúsculo (no son '2001: una odisea en el espacio' ni 'Los espigadores y la espigadora', ni 'Una mujer bajo la influencia', esas vienen después), pero en ese momento formativo nos dejan pensando, y eso ya es bastante. Nos cambiamos la foto de perfil por una de 'Sin perdón', o nos ponemos una frase de Jep Gambardella, no porque tengamos muy claro qué está diciendo, sino porque es la primera vez que alguien nos trata como adultos. La culpaLuego, en muchas ocasiones, llega la culpa. Porque nos volvemos pesados, especialmente los tíos. Pasamos años construyendo nuestra identidad alrededor del cine que vimos y que sentimos como nuestro. Algo que muy probablemente la generación Z ya no viva tan intensamente como los milenials, puesto que la gran pantalla cada vez es menos fundamental en una cultura que no deja de fragmentarse. Sea como sea, esa pesadez va muy unida al cine de Nolan. Su filmografía se coge como una espada y se zarandea a todo el mundo con ella. Porque tras 'Memento' viene 'Origen', y justo después las de Batman, y mete ya las que quieras, porque el tío no tiene una mala ('Tenet', es verdad que 'Tenet' da pereza). Vienen las lecciones de cinematografía, los análisis de los formatos, empezamos a ver las películas en versión original. Les doy un dato: 'La Odisea' es la única película rodada íntegramente con cámaras IMAX. Son muy pesadas y ruidosas, por lo que no son cómodas para todo lo que no sean documentales o escenas de acción. Nolan se empeñó y han rodado todo con esos armatrostes, hasta los diálogos, gracias a una serie de mecanismos (espejos, cajas de insonorización) que suavizan el trámite para los actores. Y qué hago yo ahora con todo esto que sé, más que contárselo a gente a la que no le importa.Mi teoría es que, en este frenesí, adolescente y cognitivo, es donde se encuentra el origen del odio a Christopher Nolan. Odiamos a Nolan porque nos recuerda una época en la que amábamos sin cuartel. Una etapa horrible, llena de inseguridades y granos, llena de rechazos de la vida en general, que siempre contradice por defecto, pero por aquel entonces todavía más. Odiamos a Nolan porque es nuestra manera de negarnos, porque nos permite distanciarnos de aquella fase en la que pensábamos que lo teníamos todo claro y que el bien y el mal eran tan evidentes como se mostraban en las calles de Gotham. Le cogemos tirria porque nos engañó, porque no nos mostró el mundo con la complejidad suficiente, con los matices necesarios, como luego lo hicieron otros, como Bergman, Tarkovski o los Javis. Y cuando quiso hacerlo, nos hizo la cabeza un lío, porque el hombre a veces no se entiende ni él. Por eso se odia a Nolan, porque una vez más, es la única forma de molar. Se odia a Nolan igual que Ulises se ataba a un mástil mientras cantaban las sirenas: para salvarse. Pero nos dejamos los oídos destapados, porque quién querría perderse semejante belleza de canto. Santiago Alverú Actor, escritor, crítico cinematográfico y monologuista

Tuve un perro al que quise llamar Argos, igual que el can de Ulises en 'La Odisea'. Era adolescente y no había leído 'La Odisea' en mi vida, imagino que busqué en internet «nombres de perros famosos» y ese tenía empaque suficiente. Lamentablemente, el ... perro, que provenía de un refugio, era pequeño, sin raza determinada y algo feo. No tenía pinta de encajar como mascota del héroe más famoso de la historia. Mi familia me pidió por favor encontrar una alternativa, para evitarles la vergüenza de gritar '¡ARGOS!' por la calle y que, en lugar de un mastín o un labrador, apareciese aquel simpático pero humilde mestizo.

Al final, lo llamamos Sam, en honor al hobbit de 'El señor de los anillos', el leal jardinero que ayuda a su amigo Frodo a lanzar el anillo único en los fuegos del Monte del Destino. Pensándolo bien, el perro terminó siendo bautizado por un héroe todavía mayor. Toca hablar de Christopher Nolan, que estrenó ayer 'La Odisea', y no acudo a esta anécdota por casualidad. En primer lugar, él mismo confirmaba en el ya desaparecido programa de Stephen Colbert, en la CBS estadounidense, que la relación de Ulises con su perro es uno de los elementos que le marcaron al leer a Homero, y que «'La Odisea' es la historia de perros definitiva». Por encima de esta curiosidad, creo que hay algo de la filmografía de Nolan que va profundamente atado a la adolescencia de cualquier amante del cine, que, para mi suerte o desgracia, era lo que yo era (adolescente y propósito de cinéfilo) cuando conocí a Sam. Nolan es un autor en el cine comercial y esta idea es importante, porque define la relación que crea con la audiencia. Sus películas buscan conectar con el mayor número de gente posible y hacerlo desde un estilo propio, con más personalidad de la que acostumbramos. Un terreno emocionante, pero que puede resultar peligroso para impresionables espectadores primerizos.

Porque cuando uno tiene dieciocho o veinte años y ve 'Memento', igual que ocurre con 'El club de la lucha', 'Amélie' o 'Pulp Fiction', algo cambia. Los despertares son fuertes. Similar a la píldora de 'Matrix' (otra que podría estar en esta lista), hay un grupo de películas que, en el momento y lugar adecuados, nos hacen darnos cuenta de que estábamos comiendo puré procesado por un tubo. Los montajes son diferentes, la fotografía también. Hay mensaje en el diálogo, en la luz, en el sonido y hasta en los colores. No son visionados que supongan un reto mayúsculo (no son '2001: una odisea en el espacio' ni 'Los espigadores y la espigadora', ni 'Una mujer bajo la influencia', esas vienen después), pero en ese momento formativo nos dejan pensando, y eso ya es bastante. Nos cambiamos la foto de perfil por una de 'Sin perdón', o nos ponemos una frase de Jep Gambardella, no porque tengamos muy claro qué está diciendo, sino porque es la primera vez que alguien nos trata como adultos.

Luego, en muchas ocasiones, llega la culpa. Porque nos volvemos pesados, especialmente los tíos. Pasamos años construyendo nuestra identidad alrededor del cine que vimos y que sentimos como nuestro. Algo que muy probablemente la generación Z ya no viva tan intensamente como los milenials, puesto que la gran pantalla cada vez es menos fundamental en una cultura que no deja de fragmentarse. Sea como sea, esa pesadez va muy unida al cine de Nolan. Su filmografía se coge como una espada y se zarandea a todo el mundo con ella. Porque tras 'Memento' viene 'Origen', y justo después las de Batman, y mete ya las que quieras, porque el tío no tiene una mala ('Tenet', es verdad que 'Tenet' da pereza). Vienen las lecciones de cinematografía, los análisis de los formatos, empezamos a ver las películas en versión original. Les doy un dato: 'La Odisea' es la única película rodada íntegramente con cámaras IMAX. Son muy pesadas y ruidosas, por lo que no son cómodas para todo lo que no sean documentales o escenas de acción. Nolan se empeñó y han rodado todo con esos armatrostes, hasta los diálogos, gracias a una serie de mecanismos (espejos, cajas de insonorización) que suavizan el trámite para los actores. Y qué hago yo ahora con todo esto que sé, más que contárselo a gente a la que no le importa.

Mi teoría es que, en este frenesí, adolescente y cognitivo, es donde se encuentra el origen del odio a Christopher Nolan. Odiamos a Nolan porque nos recuerda una época en la que amábamos sin cuartel. Una etapa horrible, llena de inseguridades y granos, llena de rechazos de la vida en general, que siempre contradice por defecto, pero por aquel entonces todavía más. Odiamos a Nolan porque es nuestra manera de negarnos, porque nos permite distanciarnos de aquella fase en la que pensábamos que lo teníamos todo claro y que el bien y el mal eran tan evidentes como se mostraban en las calles de Gotham. Le cogemos tirria porque nos engañó, porque no nos mostró el mundo con la complejidad suficiente, con los matices necesarios, como luego lo hicieron otros, como Bergman, Tarkovski o los Javis. Y cuando quiso hacerlo, nos hizo la cabeza un lío, porque el hombre a veces no se entiende ni él. Por eso se odia a Nolan, porque una vez más, es la única forma de molar. Se odia a Nolan igual que Ulises se ataba a un mástil mientras cantaban las sirenas: para salvarse. Pero nos dejamos los oídos destapados, porque quién querría perderse semejante belleza de canto.

Actor, escritor, crítico cinematográfico y monologuista

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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