- IRATXE BERNAL Bilbao
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Slyngstad defiende que los gobiernos tomen medidas proteccionistas "en un mundo que va a cambiar mucho más de lo que ya lo ha hecho" y que tengan mayor "interrelación" con las empresas estratégicas.
Cuando el Government Pension Fund Global compra o vende, el mercado se detiene para tomar nota. El vehículo de inversión con el que el Gobierno noruego coloca el dinero de la venta del petróleo y el gas natural para mantener el sistema público de pensiones tiene hoy un valor bursátil aproximado de 1,9 billones de euros y goza de un prestigio que sus propios creadores no creyeron posible.
"Cuando lo pusimos en marcha, en 1996, no teníamos ni la confianza de los políticos ni la de los ciudadanos. Al fin y al cabo, los fondos soberanos no son muy propios de los países democráticos", ríe hoy Yngve Slyngstad (Noruega, 1962) al recordar aquellos inicios el que fuera su consejero delegado durante doce años, hasta 2019. Slyngstad ahora es el máximo responsable de la plataforma de inversión y gestión de activos industriales de Aker ASA, y ha visitado Bilbao esta semana invitado por el Instituto Vasco de Finanzas (IVF).
¿Qué papel deben de jugar las instituciones financieras públicas en la política industrial? ¿Podemos hablar de un 'modelo noruego'?Creo que allí la interrelación entre el sector público y el privado es mucho mayor que en la mayoría de países de Europa. Si nos fijamos en la Bolsa de Oslo, el 40% de su capitalización pertenece al Gobierno. Controla, por ejemplo, el 67% de Equinor, que es la energética más importante del país; el 57% de Telenor, el principal operador de telecomunicaciones; la mitad de Kongsberg Gruppen, que desarrolla tecnología militar; un 34% del fabricante de aluminio Norsk Hydro; otro tanto de DNB Bank ASA, el mayor banco noruego... Todas tienen una enorme participación estatal. No hay una diferencia estricta entre empresas privadas y empresas públicas y eso es una clara diferencia con lo que ocurre en otros lugares.¿Cree que los socios de la UE deben velar más por la propiedad de sus empresas estratégicas?Creo que muchas de las premisas en las que aún nos basábamos, como el libre comercio, ya no se sostienen y por eso necesitamos proteger nuestra industria. Sólo mirando el llamado 'milagro' de las exportaciones chinas, que ahora se están orientando hacia bienes, servicios y tecnologías de alta gama, ya podemos intuir que el mundo va a cambiar mucho más de lo que ya lo ha hecho.Asumiendo entonces que los gobiernos deben incrementar su presencia en las empresas estratégicas. ¿Cómo debe ser esa participación? ¿Deben ser meros socios que buscan rentabilidad o han de participar activamente en la gestión?Vivimos en países democráticos y la democracia exige una clara separación entre el poder político y el económico. Y esto es compatible con la participación en empresas. Lo que pasa es que, al menos así lo entendimos nosotros, y especialmente en las compañías cotizadas, hay que dejar que sea el mercado el que haga de supervisor. De modo que, aunque sí nombre a algunos de los miembros del consejo, el Gobierno no controla la compañía; sólo mantiene su participación.¿Qué mecanismos de control han de establecerse para que esa separación sea real, para blindar esas inversiones de intereses partidistas o incluso casos de corrupción?Bueno, a los noruegos nos gusta pensar que no tenemos ese tipo de problemas. Y, aunque eso es claramente absurdo, también es cierto que contamos con una larga tradición de transparencia financiera. Un ejemplo: nuestras declaraciones de la renta son públicas. Cualquiera puede consultar información sobre los ingresos de los demás. Ahora hay que dejar tu nombre, para que el otro sepa quién ha querido acceder a esos datos, pero antes no hacía falta ni eso. Lo mismo se aplica a las empresas, lo que facilita mucho la labor de los periodistas. Es algo que a los extranjeros os resulta muy extraño, pero eso es transparencia absoluta y es el máximo control posible contra la corrupción. Esa trasparencia, en nuestro caso, también se acaba traduciendo en confianza en el Gobierno.Pero esa confianza no puede ser ciega. De hecho, el Ejecutivo de su país tiene limitado por ley el porcentaje del fondo soberano que puede trasladar a sus presupuestos.Aunque en algunas circunstancias ese tope se ha modificado, sí vimos necesario poner un máximo para asegurar la sostenibilidad del fondo. Así que se estableció que el Gobierno sólo pudiera coger rentabilidad -no patrimonio- y no más de un 3%, un límite que creíamos que siempre iba a estar por debajo de la rentabilidad media anual obtenida por el fondo. Aunque en algunas circunstancias ese tope se ha modificado, sí vimos necesario poner un límite. Por otra parte, hoy los noruegos sienten que el fondo es algo que les protege, que protege el país y su bienestar, y eso hace que, a su vez, ellos protejan el fondo, de modo que los políticos no tocan más que ese 3%.Todos los casos de participación estatal que ha mencionado antes son ejemplos de empresas y sectores consolidados. ¿Debe un gobierno limitarse a invertir en esas apuestas ganadoras o ha de ser también el impulsor de proyectos más innovadores, aunque suponga asumir un mayor riesgo?Esa es otra peculiaridad del fondo soberano noruego; cada vez que se tiene que desarrollar una potencial nueva industria, el Gobierno se implica al 100%. Creo que la clave es explicar muy bien a la ciudadanía cuál es el objetivo de la inversión, a qué se destina y para qué va a servir. En nuestro caso, aunque técnicamente no hablamos de un fondo de pensiones, la gente lo percibe como tal; ven que es la garantía de que va a recibir una pensión y eso hace que lo apoyen. Así que la cosa es sencilla: para que el fondo esté bien financiado hay que intentar obtener la mayor rentabilidad posible. Nada más. Sólo hay una salvedad; la rentabilidad no puede comprometer la ética. Por eso, el fondo no invierte en empresas relacionadas con tabaco o el carbón.Sin embargo, después de décadas negándose a ello, sus actuales responsables se están planteando ahora invertir en la fabricación de armas prohibidas por el derecho internacional. ¿Qué opinión tiene de eso?Ese es un gran debate ahora mismo en Noruega, pero, si nos fijamos en lo que hemos hecho en los últimos dos años, vemos que tenemos alianzas empresariales para desarrollar submarinos y tanques con Alemania, fragatas con Reino Unido, un escudo antidrones con Polonia... La tecnología cambia tan rápido que no sabemos qué comprar, así que necesitamos contar con una industria que pueda avanzar rápido aplicando nuevas tecnologías y que además tenga una capacidad de producción masiva. Es decir, los presupuestos de defensa ya no pueden centrarse en comprar equipos, sino en construir industrias que lideren la tecnología. No es posible desarrollar poderío militar sin contar con una industria que lo respalde, así que, aunque tradicionalmente al fondo no se le ha permitido invertir en empresas que fabrican armas atómicas, biológicas o químicas, ahora tenemos bastantes empresas de defensa que están trabajando en ellas.Ya, como responsable de Industry Capital Partners, ¿dónde están poniendo hoy el foco de sus inversiones?Por un lado está la digitalización y la IA y, por otro, la transición energética, -como la eólica marina o los cables submarinos para transportar la energía- y la logística.Dónde invierten los fondos que ganan más del 100% en un añoVanguard, así es el nuevo equipo del gigante de la inversión en EspañaLas gestoras de fondos superan el billón de euros de negocio en España Comentar ÚLTIMA HORA-
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