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Peter Brown, indiscutible referente en los estudios sobre la Antigüedad tardía, confiesa, en un añadido posterior a la primera edición de esta biografía, denominado 'Nuevas direcciones', que cuando se propuso escribir la biografía de Agustín de Hipona lo hizo para ofrecer un enfoque distinto ... a la historiografía.
Se trataba de hacer la historia del Imperio romano tardío, de un tiempo de eje, no desde fuera, desde los sucesos 'objetivos', la administración del imperio, las relaciones de clases, las maniobras de la élites …, sino desde la experiencia subjetiva, interna, de quienes participaron o fueron testigos de esos sucesos.
Con el estudio de Agustín de Hipona cayó en la cuenta de haber encontrado un camino hacia lo que pretendía. Había pocos acontecimientos, véase 'La ciudad de Dios', de aquel período que no hubieran sido interpretados por Agustín. Mediante la lente de su personalidad podía ayudar a ver un período de la historia que le resultaba fascinante, también por los procesos de cambio.
¿Qué se encontró? A un personaje con una gran capacidad para preocuparse por cualquier asunto que pudiera interpelar a la conciencia cristiana, véase su magna obra teológica, con una personalidad que en su descubrimiento del 'yo', 'Las confesiones', da un paso adelante significativo en la historia del pensamiento humano. Se topó con quien fue «el inventor de nuestra noción moderna de voluntad» y a quien se le considera como el responsable del cambio «desde el enfoque ontológico de la religión y la cultura al enfoque psicológico».
Demostró Brown cómo es posible escribir la historia de un hombre que creó las categorías que ahora utilizamos para analizar al sujeto biográfico y así reconstruyó la historia del primer hombre moderno con una notable precisión en la descripción de lo contextual, en detrimento de lo que pudiéramos denominar lo 'filosófico o teológico'. Si algo se comentó sobre la primera edición es que le faltaba filosofía y teología.
Hay que aclarar, como muy bien recuerda José Enrique Ruiz-Domènec en su ilustrativo prólogo a esta magna edición, que este Agustín de Hipona se publicó por primera vez en 1967. Después se hizo una segunda renovada edición, por aquí en 2001 en la desaparecida editorial Acento, en la que ya se incorporaba el epílogo de Brown en dos partes, motivado en gran medida por le descubrimiento de los nuevos textos de Agustín denominados 'Las cartas Divjak' y los 'Sermones Dolbeau'.
Hacer la historia del Imperio romano tardío no desde fuera, desde los sucesos 'objetivos', sino desde la experiencia subjetiva, interna
Agustín de Hipona pensaba con el corazón y sentía con la cabeza. Estamos ante una biografía de quien supo dar respuestas a las interpelaciones de un período de la historia cercano a los problemas que aún siguen siendo nuestros problemas, empezando por el de la felicidad, el sentido del cuerpo, el de la historia, el papel de la violencia…
Agustín, antes y ahora, es un referente, una guía para los tiempos de zozobra, «así lo proclamó urbi et orbi León XIV desde el balcón de la plaza de san Pedro el día de su elección como papa de la Iglesia católica» apunta como coda Domènec.
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