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Alejandro Acosta López, guerras por necesidad

Alejandro Acosta López, guerras por necesidad
Artículo Completo 748 palabras
Aunque cierta historiografía localista y desfasada se empeñe en inventarnos un pasado fracasado, aislado, abúlico y triste, la verdadera historia de España, profesional, basada en investigaciones en archivos y bibliotecas y no en ocurrencias, sigue abriendo perspectivas fascinantes. Hace tiempo que la posición de neutralidad española en ambas guerras mundiales ofrece sorpresas que dejan las famosas novelas de espías en relatos aburridos. En 'Los voluntarios españoles en la Primera Guerra Mundial', Alejandro Acosta López explora con gran exigencia y poder narrativo uno de esos temas que la nueva historia militar y de las relaciones internacionales considera obligatorios. Ensayo 'Los voluntarios españoles en la Primera Guerra Mundial' Autor Alejandro Costa López Editorial Marcial Pons Año 2026 Páginas 376 Precio 36 euros Valoración ****Mientras la Primera Guerra Mundial dividía —zarandeaba, señala el autor— y segmentaba a la opinión entre germanófilos y aliadófilos, un mínimo constatable de 1.533 hombres de origen modesto, señala el autor, de todas partes de España, pero en especial de regiones mediterráneas, se unieron al combate y se adscribieron al bando aliado en la legión extranjera francesa, por razones que explica de modo muy convincente. Lejos de los excepcionalismos hispánicos, estos voluntarios expresaron sin duda la energía y también el ansia de aventura , trabada con la pobreza y la necesidad material, de la España de su tiempo. También refieren una historia conectada, europea y global. Un tercio de ellos murieron en combate en las durísimas condiciones que nos podemos imaginar, habituales en las tropas de choque. Sin embargo, también hay defunciones de legionarios españoles en los Balcanes y el frente oriental, norte de África, en Tonkín en China y hasta en Nueva York. Noticia relacionada reportaje No No La unidad española que mantiene viva una tradición de más de cinco siglos Manuel P. Villatoro¿De dónde procedían los españoles de la legión francesa ? Hay muchos catalanes y valencianos: constituyen la mitad del contingente. También hay castellanos, madrileños y vascos. Otra sorpresa. No proceden en su mayoría de la España rural, sino de ciudades grandes y medianas. Por supuesto, son jóvenes; su profesión se relaciona sobre todo con la industria y los servicios. El tercer capítulo de los ocho de los que consta el volumen aborda un tema clásico de la historia militar, la vinculación entre reclutamiento y procesos de nacionalización. Resulta extraordinario que el ethos, la imagen y el credo legionarios, tanto en Francia como de manera inmediata en España, donde fue establecida, por fin, en 1920, asimilaran tan rápido la nueva patria con el alistamiento. En páginas memorables, el autor recuerda casos como el del zamorano Antonio González, futuro recluta . En sus propias palabras, «como minero viví en Vizcaya. Habiéndome dejado una huelga en la calle, fui a pie hasta Covadonga, para ver si me admitían en una mina. Marché a Francia, donde hice ahorros para comprar libros que me instruyesen y para hacer un viaje de recreo a Suiza, y después, de mecánico». Otra sorpresa. No proceden en su mayoría de la España rural, sino de ciudades grandes y medianasPrófugos, aventureros, idealistas . Con el regreso a casa, para «seguir sobreviviendo», tuvo una función importante la recuperación de la nacionalidad, pues según la vigente constitución de 1876, en su artículo primero, «la calidad de español se pierde por adquirir naturaleza en país extranjero y por adquirir empleo de otro gobierno sin licencia del rey». Muchos se quedaron en la legión francesa, que daba «comida, cama y un techo». Otros se casaron con francesas, «viudas de guerra». Y finalmente algunos, gracias a una medida del gobierno de Antonio Maura , lograron el indulto y su deseado regreso. Quedará la debatida memoria de lo acontecido, a la que se dedica la última parte.

Aunque cierta historiografía localista y desfasada se empeñe en inventarnos un pasado fracasado, aislado, abúlico y triste, la verdadera historia de España, profesional, basada en investigaciones en archivos y bibliotecas y no en ocurrencias, sigue abriendo perspectivas fascinantes.

Hace tiempo que la posición de ... neutralidad española en ambas guerras mundiales ofrece sorpresas que dejan las famosas novelas de espías en relatos aburridos. En 'Los voluntarios españoles en la Primera Guerra Mundial', Alejandro Acosta López explora con gran exigencia y poder narrativo uno de esos temas que la nueva historia militar y de las relaciones internacionales considera obligatorios.

Mientras la Primera Guerra Mundial dividía —zarandeaba, señala el autor— y segmentaba a la opinión entre germanófilos y aliadófilos, un mínimo constatable de 1.533 hombres de origen modesto, señala el autor, de todas partes de España, pero en especial de regiones mediterráneas, se unieron al combate y se adscribieron al bando aliado en la legión extranjera francesa, por razones que explica de modo muy convincente.

Lejos de los excepcionalismos hispánicos, estos voluntarios expresaron sin duda la energía y también el ansia de aventura, trabada con la pobreza y la necesidad material, de la España de su tiempo. También refieren una historia conectada, europea y global. Un tercio de ellos murieron en combate en las durísimas condiciones que nos podemos imaginar, habituales en las tropas de choque. Sin embargo, también hay defunciones de legionarios españoles en los Balcanes y el frente oriental, norte de África, en Tonkín en China y hasta en Nueva York.

La unidad española que mantiene viva una tradición de más de cinco siglos

¿De dónde procedían los españoles de la legión francesa? Hay muchos catalanes y valencianos: constituyen la mitad del contingente. También hay castellanos, madrileños y vascos. Otra sorpresa. No proceden en su mayoría de la España rural, sino de ciudades grandes y medianas. Por supuesto, son jóvenes; su profesión se relaciona sobre todo con la industria y los servicios. El tercer capítulo de los ocho de los que consta el volumen aborda un tema clásico de la historia militar, la vinculación entre reclutamiento y procesos de nacionalización.

Resulta extraordinario que el ethos, la imagen y el credo legionarios, tanto en Francia como de manera inmediata en España, donde fue establecida, por fin, en 1920, asimilaran tan rápido la nueva patria con el alistamiento. En páginas memorables, el autor recuerda casos como el del zamorano Antonio González, futuro recluta. En sus propias palabras, «como minero viví en Vizcaya. Habiéndome dejado una huelga en la calle, fui a pie hasta Covadonga, para ver si me admitían en una mina. Marché a Francia, donde hice ahorros para comprar libros que me instruyesen y para hacer un viaje de recreo a Suiza, y después, de mecánico».

Otra sorpresa. No proceden en su mayoría de la España rural, sino de ciudades grandes y medianas

Prófugos, aventureros, idealistas. Con el regreso a casa, para «seguir sobreviviendo», tuvo una función importante la recuperación de la nacionalidad, pues según la vigente constitución de 1876, en su artículo primero, «la calidad de español se pierde por adquirir naturaleza en país extranjero y por adquirir empleo de otro gobierno sin licencia del rey».

Muchos se quedaron en la legión francesa, que daba «comida, cama y un techo». Otros se casaron con francesas, «viudas de guerra». Y finalmente algunos, gracias a una medida del gobierno de Antonio Maura, lograron el indulto y su deseado regreso. Quedará la debatida memoria de lo acontecido, a la que se dedica la última parte.

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