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Andrés, junto su hermano Carlos, actual rey de Inglaterra. Afp Andrés, de hijo predilecto de Isabel II a lastre para la monarquíaEl preferido de la reina fallecida ha pasado de ser un héroe en la guerra de la Malvinas a poner en riesgo a la Corona
Londres
Jueves, 19 de febrero 2026, 21:30
... al mismo tiempo, protagonista recurrente de controversias que, con el paso de los años, se transformaron en un problema estructural para la institución. Hoy, apartado de la vida pública, despojado de honores militares, sometido al escrutinio público por el escándalo Epstein, y finalmente detenido este jueves por conducta indebida en cargo público por sus lazos con el pederasta condenado, su figura vuelve a situarse en el centro del debate público como símbolo de una caída personal que arrastra implicaciones políticas, institucionales y familiares.Noticias relacionadas
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Los comprometedores correos del exduque de York
Esa condición se reforzó cuando el príncipe se alistó en la Marina Real y participó en la guerra de las Malvinas en 1982 como piloto de helicóptero Sea King a bordo del portaaviones HMS Invincible. Su regreso fue celebrado como el de un héroe nacional, y la imagen de la reina recibiéndolo con visible orgullo se convirtió en un símbolo de unidad en un momento de euforia patriótica. Durante un tiempo, Andrés encarnó el ideal de príncipe activo, valiente y útil para la nación.
Sin embargo, a partir de mediados de los años ochenta, su vida pública comenzó a asociarse con el lujo y los excesos. Su matrimonio con Sarah Ferguson en 1986, seguido de una intensa vida social internacional llena de lujos, alimentó una reputación de frivolidad que contrastaba con la sobriedad tradicional de la institución. Tras el divorcio en 1996, ambos continuaron compartiendo no sólo residencia junto a sus dos hijas, sino también compromisos sociales.
Como enviado especial del Reino Unido para el comercio y la inversión entre 2001 y 2011, el que fuera duque de York cultivó relaciones con dirigentes políticos, empresarios y élites económicas de todo el mundo. Ese papel también generó controversias por la naturaleza de algunas de sus asociaciones y por el uso de recursos públicos en viajes oficiales. La prensa británica lo apodó «Air-Miles Andy» debido al elevado coste de sus desplazamientos, una imagen que consolidó la percepción de privilegio excesivo.
El vínculo con la trama de Epstein
El vínculo con Jeffrey Epstein, sin embargo, marcó un antes y un después. El financiero estadounidense, condenado por delitos sexuales contra jóvenes menores de edad, se movía en círculos de poder y filantropía internacional que conectaban con las redes sociales del duque. Aunque Andrés sostuvo que su relación con Epstein era limitada y que había cometido un «error de juicio» al mantener el contacto tras la primera condena del empresario, las revelaciones sobre la magnitud de la red de abusos y las acusaciones de Virginia Giuffre situaron al príncipe en el centro de una tormenta mediática y judicial sin precedentes para un miembro de la familia real.
La entrevista concedida a la BBC en el 2019 se convirtió en el punto de inflexión definitivo. Lejos de restaurar su credibilidad, sus respuestas evasivas y su aparente falta de empatía provocaron indignación pública. Pocos días, después el Palacio anunció que Andrés se retiraba de sus funciones oficiales. En 2022 alcanzó un acuerdo extrajudicial con Giuffre sin admitir culpabilidad. La resolución evitó un juicio, pero no logró disipar el daño reputacional. El suicidio de Giuffre el año pasado, la publicación de su libro y los documentos hechos públicos por Estados Unidos han terminado de hundirlo.
También el año pasado, el historiador Andrew Lownie publicó la biografía no autorizada «Entitled: The Rise and Fall of the House of York». La obra ofrece un retrato exhaustivo de la trayectoria del duque, desde su ascenso como figura popular hasta su marginación institucional, y analiza las redes sociales, financieras y de influencia que habrían sostenido su estilo de vida.
Encuentros con mujeres jóvenes
Entre los episodios descritos se encuentra un evento de 2006 durante un viaje oficial a Tailandia, donde la suite del príncipe habría sido utilizada para encuentros con mujeres jóvenes a lo largo de un fin de semana. El libro también examinaba la profundidad de su relación con Epstein, que habría sido más prolongada y compleja de lo que se había reconocido públicamente, así como la continuidad de su estrecha convivencia con Sarah Ferguson y los costes asociados al mantenimiento de la residencia de Royal Lodge, donde vivían antes de su destierro.
Lownie argumenta que la indulgencia de Isabel II hacia su hijo fue un factor decisivo en la persistencia de comportamientos que, en otras circunstancias, habrían sido corregidos con total contundencia. Durante la presentación del libro a la prensa, afirmó que la reina tenía «un punto ciego absoluto con su hijo favorito» y que se resistía a aceptar críticas hacia él incluso cuando surgían evidencias problemáticas, una actitud que, según el autor, generó tensiones dentro de la propia familia, especialmente con el ahora rey.
La muerte de Isabel II marcó el final de esa protección. Carlos III adoptó una estrategia de distanciamiento progresivo, retirando honores, patronazgos y el uso del tratamiento de Su Alteza Real. El objetivo ha sido preservar la credibilidad de la institución.
La detención de Andrés este jueves, el día de su 66 cumpleaños, añade un nuevo capítulo a una trayectoria marcada por la oscilación entre privilegio y controversia, un desenlace que parece desbordar incluso los límites de la ficción histórica y que difícilmente habría podido ser anticipado por los guionistas de «The Crown».
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