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Política

Arancha González Laya: "Rodríguez Zapatero nunca medió en mi nombre en Venezuela"

Arancha González Laya: "Rodríguez Zapatero nunca medió en mi nombre en Venezuela"
Artículo Completo 2,166 palabras
Ex ministra de Asuntos Exteriores de Sánchez y ahora decana de la Paris School of International Affairs de Sciences Po, analiza en el libro 'Solos en el mundo' (Arpa) la crisis de influencia que atraviesa la Unión Europea Leer

Arancha González Laya fue ministra de Asuntos Exteriores del Gobierno de Pedro Sánchez desde enero de 2020 hasta julio de 2021. Un año y medio en el que lidió con la respuesta de la UE al Covid, cerró el primer principio de acuerdo sobre Gibraltar tras el Brexit y fijó una estrategia España-África. Pero también acogió al líder del Frente Polisario en España, lo que provocó una profunda crisis con Marruecos que se comenzó a cerrar tras la exigencia de los marroquíes de su cese. Ahora, como decana de la Paris School of International Affairs de Sciences Po, publica Solos en el mundo (Arpa), donde desgrana la encrucijada en la que se encuentra la Unión Europea frente al cambio de paradigma en las relaciones internacionales.

Lo primero que afirma en el prólogo es que este libro busca entender cómo hemos llegado hasta aquí y cómo Europa puede navegar esta nueva fase del orden internacionalLas certezas sobre las que se construye la Unión Europea han desaparecido. El orden internacional es un gran desorden. Eso hace que la Unión Europea necesite pensar hacia dónde quiere ir. Porque se abre una doble vía. La vía del quedarse donde estamos, en cuyo caso seremos vasallos de otros. O tomamos la otra vía, que es la de ser nosotros también un actor con poder en el mundo y escribir nuestro futuro. Y estamos en ese momento difícil de elegir el camino. Es un momento en el que hay un gran déficit de discusión sobre qué queremos para nuestro futuro.Habla de falta de debate, y en el libro afirma que «si queremos seguir viviendo en sociedades abiertas, prósperas y libres debemos asumir que tenemos que costear su seguridad». ¿Cree que el Gobierno va a tener que concienciar a los ciudadanos de esta necesidad?Absolutamente sí, y me disgusta que esto no sea objeto de un debate que sea un debate colectivo, porque esto no va de qué partido está en el Gobierno. Nosotros tenemos que aumentar el gasto militar, de hecho lo hemos hecho, pero lo hemos hecho hurtando ese debate ciudadano.¿Por qué cree que el Gobierno no hace ese debate?Ni el Gobierno ni la oposición hacen ese debate porque en nuestro país estamos instalados en el «quítate tú, que me quiero poner yo», y no estamos hablando realmente del fondo de los problemas. Nos dedicamos a lanzar exabruptos de los unos contra los otros que tienen al ciudadano bastante cabreado y que impiden que nosotros podamos plenamente ejercer esa función que tenemos que ejercer de ayudar a construir la vía de la Unión Europea hacia el futuro.Dice usted en el libro sobre África: «Quien controla sus rutas, puertos y campos no necesita disparar misiles a Europa».Una de las primeras cosas que yo hice al llegar al Gobierno fue una estrategia para la relación entre España y África. Es el continente más cercano geográficamente a España: hay menos distancia entre España y África que entre Madrid y París. Tenemos que mirar a este continente con los ojos de quien quiere tejer una relación a largo plazo, no con los ojos de quien quiere única y exclusivamente barricadearse detrás de un muro.Nuestra frontera es con Marruecos. ¿Cómo ve la relación?Yo quiero hablar más de cómo tiene que ser la relación. Tiene que ser una relación lo mejor posible, pero desde la firmeza y la defensa de los intereses de nuestro país, como ellos hacen en la defensa de los intereses de su país, pero desde esa óptica la mejor de las relaciones posibles. Estamos condenados a entendernos, y cuanto más entendamos que estamos condenados a entendernos, mejor nos irá. Cuando buscamos influir en el otro de manera desleal, nos damos cuenta de que esa vía tiene una mecha muy corta.¿Echa de menos más firmeza de España en la defensa de sus intereses en la relación con Marruecos?Quiero evitar juzgar lo que se hace, pero sí ser muy clara en cuál es mi visión: lo tenemos que hacer sin complejos también como lo hacen los demás. Marruecos defiende sus intereses sin complejos, defendamos los nuestros sin complejos, buscando esa intersección de sus intereses con los nuestros que son muchos.¿Fue una defensa de nuestros intereses estratégicos acoger al líder del Frente Polisario en España?El líder del Frente Polisario tenía un pasaporte español, y no aceptar en el territorio español a un ciudadano que es español es un delito.¿Se arrepiente de esa decisión?No, ¿cómo me voy a arrepentir yo de no haber cometido un delito? ¿Cómo me voy a arrepentir de haber acogido a un español en su territorio? Eso sería violar la ley y yo no estoy para violar la ley.Meses después de eso pasó lo que denominaron «incidente fronterizo» en el paso del Tarajal, y dos meses después a usted la cesaron.A mí me cesaron en un cambio de Gobierno donde salieron otros ocho ministros y lo viví con plena normalidad. Uno sirve como ministro según la voluntad del presidente, y uno cesa según la voluntad del presidente, y eso lo tiene que entender uno muy bien antes de empezar.Tras su salida, para rearmar las relaciones con Marruecos se instauró una nueva hoja de ruta la que España abandonó su tradicional neutralidad sobre el Sáhara. ¿Qué le parece esa decisión?Yo lo que creo es que el conflicto del Sáhara se tiene que resolver con una negociación entre las partes, porque esa va a ser la manera de conseguir que a futuro la solución sea lo más sólida posible y creo que hay una oportunidad importante de hacerlo ahora con la mediación del representante del secretario general de Naciones Unidas, que está muy involucrado en ese proceso. A largo plazo lo que funciona es que eso sea de una manera pactada.Pero, ¿qué le parece que España haya abandonado la neutralidad?Como he sido ministra de Exteriores, procuro no pronunciarme sobre eso, porque me parece que sería condicionante y evito ser poco condicionante.Una semana después de su toma de posesión, Delcy Rodríguez aterrizó en España. ¿Usted recibe alguna directriz? ¿Se le comunicó?No, yo estaba en Bruselas en un consejo de Asuntos Exteriores y no estuve al mando de ninguna operación. Fueron otros los que gestionaron su llegada a España.¿Sabía que ella no podía pisar territorio español?Yo soy consciente cuando se anuncia su llegada porque mi equipo me lo dice, que esta persona está sometida a sanciones dentro de la Unión Europea.P. Y aunque usted estaba fuera, no formó parte del dispositivo y le comunicaron que no podía pisar España ¿Qué cree que había detrás de aquel vuelo?R. Pues no tengo ni la menor idea, no lo sé.Ángel Navarrete

Y aunque usted estaba fuera, no formó parte del dispositivo y le comunicaron que no podía pisar España, ¿qué cree que había detrás de aquel vuelo?Pues no tengo ni la menor idea, no lo sé.Cuando fue nombrada ministra de Asuntos Exteriores, ¿recibió alguna directriz respecto a la influencia del ex presidente Zapatero en Venezuela?Absolutamente ninguna, y de hecho mi política con respecto a Venezuela y las acciones que yo tomé fueron en el interés de nuestro país, no en ningún interés personal de nadie. Mi política hacia Venezuela fue siempre en interés de nuestro país y fue política discutida y debatida en el seno del Gobierno.¿Alguna vez tuvo algún contacto con el ex presidente Zapatero para hablar sobre Venezuela dado que él tenía esa relación tan cercana al régimen?El Gobierno tiene sus canales de contacto con las autoridades venezolanas. Hay un embajador en Venezuela, un embajador venezolano en España... Hay una serie de códigos, procedimientos y procesos establecidos en las propias relaciones con las autoridades venezolanas que también las tenía, como las tenía con todos los gobiernos de todos los países en el mundo con los que hablaba directamente sin necesidad de intervención.Por tenerlo claro, ¿alguna vez el ex presidente Zapatero ejerció como mediador en las relaciones con Venezuela?No fue mediador en mi nombre. La actividad que tuviera lo hacía en su nombre, y lo ha seguido haciendo así.Usted estaba en el Gobierno cuando se rescató Plus Ultra.Lo único que puedo decir es que hubo una decisión del Consejo de Ministros de adoptar un paquete de apoyo a todas las líneas aéreas españolas operando en rutas, y que se hizo después de un procedimiento arbitrado desde Bruselas.¿Alguien en el Consejo de Ministros preguntó por Plus Ultra? ¿Conocían la compañía?No puedo contar los debates del Consejo de Ministros, pero sí que la decisión que toma España está sometida al escrutinio de las autoridades de la Comisión Europea porque a ellas hay que dar cuenta siempre que uno dé una ayuda de Estado, y las autoridades comunitarias aprobaron el paquete de España.Cambiando de país, habla de China en su libro, adonde ha viajado en múltiples ocasiones. ¿Qué le parece el acercamiento de los países europeos, pese a que es un «rival sistémico»? ¿Cómo se equilibra la relación?Es un tema difícil, y es un tema que está ahora mismo en la mesa del Consejo. Los líderes han debatido en este último Consejo, precisamente, cómo tiene que ser esta relación con China, y es una discusión difícil dentro de la Unión Europea por dos razones fundamentales, y tenemos que ser capaces de discutirlos con las autoridades chinas. El primero tiene que ver con el apoyo que China presta a Rusia en su guerra contra Ucrania, que es para los europeos una cuestión existencial. El segundo problema es más peliagudo, es un desequilibrio estructural en la economía china, que hoy representa un tercio de la capacidad de producción en el mundo, y cuyo mercado no absorbe esta producción industrial que acaba en gran parte en el mercado comunitario. La cuestión ahora es cómo se gestiona estos dos ángulos: el de necesitar tener una relación estructurada con una agenda positiva con China, pero tener también la firmeza suficiente para tratar con China de dos cuestiones que a nosotros ahora mismo nos hacen daño.¿Y cómo se gestiona?Primero hay que buscar discutirlo con las autoridades. Los chinos hoy piensan que somos muy llorones. Para que nos tomen en serio, necesitamos hablar desde la firmeza, pero la firmeza no vacía, sino siendo capaces de responder en caso de que los términos de la discusión con China no lleguen a un fin que a nosotros nos parezca equilibrado. Pero hay que prepararse también con una serie de instrumentos que tendremos que desplegar para defender nuestros propios intereses económicos e industriales. Creo que lo más importante es explicarle a China que nosotros no buscamos limitar su crecimiento ni su desarrollo, pero que no podemos ser la variable de ajuste de sus desequilibrios internos.Habla del apoyo de China a Rusia en la guerra de Ucrania. En el libro afirma que no va a dejar a Rusia perder. ¿Cómo ve el conflicto?Lo que no podemos esperar es que China se coloque del lado de Europa en la guerra, pero nos bastaría con que China no azuce a Rusia a seguir atacando a Ucrania. Creo que ese sería nuestro objetivo, porque por ahora lo que vemos es que a pesar de todo este apoyo, Rusia no ha conseguido doblegar a Ucrania. Es más, se ha encontrado con una resistencia nacionalista ucraniana de hierro y con una respuesta europea muy firme. Lo que vemos ahora es quizás un momento en el que Ucrania está también mandándole un mensaje a Rusia de que quizás haya llegado el momento de sentarse a negociar y que lo que no consiga en el campo de batalla, no va a conseguirlo en la negociación. Es decir, lo que me parece intuir en estos momentos es una posición de fuerza de Ucrania apoyada por Europa para que se abra una vía de negociación con Putin, que evidentemente Putin hasta ahora no ha querido.
Fuente original: Leer en El Mundo - España
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