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Así desmantelan los autócratas las democracias desde dentro

Así desmantelan los autócratas las democracias desde dentro
Artículo Completo 1,209 palabras
Presidentes y primeros ministros regresores son aquellos que por sí mismos y violando las reglas de la Constitución y las democracias locales, se dedican descaradamente y sin límites a destruir el sistema al que poco a poco van desprestigiando y derruyendo . Así de la democracia, que nunca fue perfecta, se va pasando al autoritarismo y a la autocracia . En principio, una especie de 'dictadura blanda' sin rumor de sables. El siglo XXI que debería ser el de la consolidación y extensión de las democracias en gran parte del mundo, está dando marcha atrás a pasos agigantados. Retroceso en las libertades y en las garantías jurídicas a los ciudadanos.Y esta regresión es tanto de derechas como de izquierdas . Pero la cuestión ideológica no es el principal motivo, ni siquiera la económica en las sociedades del bienestar, sino el de permanecer en el poder y controlarlo todo según un solo criterio y no el de las instituciones representativas del Estado.Ensayo 'Los regresores' Autora Susan C. Stokes Editorial Galaxia Gutenberg Año 2026 Páginas 310 Precio 22,90 euros Valoración **** Los mayores ejemplos que pone Susan C. Stokes de regresores son los de Chávez y Orbán . Stokes es catedrática de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago y su estudio es puramente científico sin escorarse a uno u otro lado. Ella utiliza su bibliografía, datos, estadísticas, encuestas y análisis a través de otras disciplinas. Su libro es una profunda muestra de los síntomas por los cuales cualquier ciudadano de una democracia puede darse cuenta de que la cosa no va por buen camino. Resumiéndolos son los siguientes: la convicción por parte de ese presidente o primer ministro de que la supervivencia de la nación depende de su liderazgo. El odio encarnizado contra la oposición tan legalmente elegida como él mismo. Este la considera ilegítima, maligna e innecesaria. Se vuelca en atacar a las instituciones jurídicas, especialmente a jueces y fiscales . Esto lo extiende a los grandes tribunales que están amparados por la separación de poderes, preparándose así un futuro que le evite el ser procesado. Se eligen directamente a los más afectos y se van desprendiendo de los más críticos o frígidos hacia su persona. Los autócratas sienten un deseo morboso por el poder. Y su espíritu tiránico lo es por naturaleza, instinto o problemas mentales. A medida que va pasando el tiempo ese autoritarismo paternalista se va transformando en violencia. Los regresores atacan y censuran los medios de comunicación. Los persiguen con leyes específicas contra ellos, los ahogan económicamente y únicamente favorece a quien los secundan. Los adversarios y los críticos, sobre todo aquellos que proceden de las mismas filas, son perseguidos y marginados; mientras los aduladores y cómplices, muchos procedentes de la intelectualidad, son premiados y halagados. Las elecciones son cada vez más inseguras y se buscan maneras de manipular los votos a su favor. A la administración pública y al funcionariado se le politiza y se le va reemplazando por un personal contratado sin oposiciones pero de una fidelidad perruna. Sánchez cumple a rajatabla todos los requisitos para ser uno de los principales y más peligrosos regresores antidemocráticosDespidos masivos de empleados públicos ( Trump ) para colocar a los suyos. Chávez y Maduro desde la supuesta izquierda progresista hicieron lo mismo. Sabotear los organismos públicos independientes y organizaciones de la sociedad civil. La mentira como arma atómica de confusión total. La necesidad de redactar una nueva Constitución «para todos» a imagen y semejanza del autócrata. Chávez lo hizo y además declaró: «Batallé contra el Congreso Nacional y lo desaparecí. Batallé contra la Corte Suprema de Justicia y la desaparecimos». Los regresionistas son maestros en el manejo de la polarización y en la división de la población en buenos y malos, en los míos y los enemigos. En las redes sociales los enmascarados pagados por el gobierno manipulan la opinión pública. El autócrata de izquierdas ha perdido gran parte de sus votantes proletarios. Los autócratas de derechas han 'robado' votos a todos los partidos por el asunto de la inmigración. El autócrata de izquierdas acusa al de derechas de racista y xenófobo, pensando que le va a dar más votos, pero la inmigración sin reglas ya no es vista como algo bueno por parte de la ciudadanía plural. Democracias zarandeadasLas democracias así zarandeadas han caído en una profunda depresión muy propicia para mayores extremos incluso del propio autócrata. Otra de las características del regresor o autócrata es su permanente obsesión por abolir los límites de su mandato. Daniel Ortega , el sandinista que se ha convertido en un mayor dictador que Somoza, declaró no hace mucho que nunca más volvería a haber elecciones porque «eran una pérdida de tiempo». Lo mismo hizo Castro en Cuba e igualmente de otra manera Chávez. Stokes habla de tres estrategias para mantener el electorado de su parte. Debilitar las elecciones como instituciones de control. Limitar el acceso al voto entre el electorado de la oposición o alterar los distritos electorales . Y, finalmente, negarse a aceptar los resultados y exacerbar la polarización. Trump, pero también Sánchez que va repitiendo mentirosamente que el ganó las elecciones cuando las perdió. Todo esto va aderezado del lenguaje basura contra la democracia, las instituciones o los ciudadanos. Y no solo los mayores apoyan a veces a estos personajes autoritarios, sino lo que es peor, la juventud. La manipulación emocional desde el poder se maneja con mayor soltura. Stokes finaliza su magnífico libro con las siguientes palabras: «Pero la regresión ha despertado una amplia resistencia. Hay un activismo en la sociedad civil que se organiza contra él , hay manifestaciones, la prensa libre lo denuncia, la resistencia se ha extendido por el ámbito legislativo y judicial. La resistencia ha sido eficaz, pero hay que continuar contra los autócratas».Este libro es fundamental para darnos cuenta de que Sánchez cumple a rajatabla todos los requisitos que la autora exige para ser hoy en día uno de los principales y más peligrosos regresores antidemocráticos. Es decir, destructores de la democracia. ¡Leánlo! Vale la pena para ratificarse de que no están equivocados como los monclovitas les quieren hacer creer.

Presidentes y primeros ministros regresores son aquellos que por sí mismos y violando las reglas de la Constitución y las democracias locales, se dedican descaradamente y sin límites a destruir el sistema al que poco a poco van desprestigiando y derruyendo. Así de la ... democracia, que nunca fue perfecta, se va pasando al autoritarismo y a la autocracia. En principio, una especie de 'dictadura blanda' sin rumor de sables.

El siglo XXI que debería ser el de la consolidación y extensión de las democracias en gran parte del mundo, está dando marcha atrás a pasos agigantados. Retroceso en las libertades y en las garantías jurídicas a los ciudadanos.

Y esta regresión es tanto de derechas como de izquierdas. Pero la cuestión ideológica no es el principal motivo, ni siquiera la económica en las sociedades del bienestar, sino el de permanecer en el poder y controlarlo todo según un solo criterio y no el de las instituciones representativas del Estado.

Los mayores ejemplos que pone Susan C. Stokes de regresores son los de Chávez y Orbán. Stokes es catedrática de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago y su estudio es puramente científico sin escorarse a uno u otro lado. Ella utiliza su bibliografía, datos, estadísticas, encuestas y análisis a través de otras disciplinas. Su libro es una profunda muestra de los síntomas por los cuales cualquier ciudadano de una democracia puede darse cuenta de que la cosa no va por buen camino.

Resumiéndolos son los siguientes: la convicción por parte de ese presidente o primer ministro de que la supervivencia de la nación depende de su liderazgo. El odio encarnizado contra la oposición tan legalmente elegida como él mismo. Este la considera ilegítima, maligna e innecesaria. Se vuelca en atacar a las instituciones jurídicas, especialmente ajueces y fiscales.

Esto lo extiende a los grandes tribunales que están amparados por la separación de poderes, preparándose así un futuro que le evite el ser procesado. Se eligen directamente a los más afectos y se van desprendiendo de los más críticos o frígidos hacia su persona. Los autócratas sienten un deseo morboso por el poder. Y su espíritu tiránico lo es por naturaleza, instinto o problemas mentales. A medida que va pasando el tiempo ese autoritarismo paternalista se va transformando en violencia.

Los regresores atacan y censuran los medios de comunicación. Los persiguen con leyes específicas contra ellos, los ahogan económicamente y únicamente favorece a quien los secundan. Los adversarios y los críticos, sobre todo aquellos que proceden de las mismas filas, son perseguidos y marginados; mientras los aduladores y cómplices, muchos procedentes de la intelectualidad, son premiados y halagados. Las elecciones son cada vez más inseguras y se buscan maneras de manipular los votos a su favor. A la administración pública y al funcionariado se le politiza y se le va reemplazando por un personal contratado sin oposiciones pero de una fidelidad perruna.

Sánchez cumple a rajatabla todos los requisitos para ser uno de los principales y más peligrosos regresores antidemocráticos

Despidos masivos de empleados públicos (Trump) para colocar a los suyos. Chávez y Maduro desde la supuesta izquierda progresista hicieron lo mismo. Sabotear los organismos públicos independientes y organizaciones de la sociedad civil. La mentira como arma atómica de confusión total. La necesidad de redactar una nueva Constitución «para todos» a imagen y semejanza del autócrata. Chávez lo hizo y además declaró: «Batallé contra el Congreso Nacional y lo desaparecí. Batallé contra la Corte Suprema de Justicia y la desaparecimos».

Los regresionistas son maestros en el manejo de la polarización y en la división de la población en buenos y malos, en los míos y los enemigos. En las redes sociales los enmascarados pagados por el gobierno manipulan la opinión pública. El autócrata de izquierdas ha perdido gran parte de sus votantes proletarios. Los autócratas de derechas han 'robado' votos a todos los partidos por el asunto de la inmigración. El autócrata de izquierdas acusa al de derechas de racista y xenófobo, pensando que le va a dar más votos, pero la inmigración sin reglas ya no es vista como algo bueno por parte de la ciudadanía plural.

Las democracias así zarandeadas han caído en una profunda depresión muy propicia para mayores extremos incluso del propio autócrata. Otra de las características del regresor o autócrata es su permanente obsesión por abolir los límites de su mandato. Daniel Ortega, el sandinista que se ha convertido en un mayor dictador que Somoza, declaró no hace mucho que nunca más volvería a haber elecciones porque «eran una pérdida de tiempo». Lo mismo hizo Castro en Cuba e igualmente de otra manera Chávez.

Stokes habla de tres estrategias para mantener el electorado de su parte. Debilitar las elecciones como instituciones de control. Limitar el acceso al voto entre el electorado de la oposición o alterar los distritos electorales. Y, finalmente, negarse a aceptar los resultados y exacerbar la polarización. Trump, pero también Sánchez que va repitiendo mentirosamente que el ganó las elecciones cuando las perdió. Todo esto va aderezado del lenguaje basura contra la democracia, las instituciones o los ciudadanos.

Y no solo los mayores apoyan a veces a estos personajes autoritarios, sino lo que es peor, la juventud. La manipulación emocional desde el poder se maneja con mayor soltura. Stokes finaliza su magnífico libro con las siguientes palabras: «Pero la regresión ha despertado una amplia resistencia. Hay un activismo en la sociedad civil que se organiza contra él, hay manifestaciones, la prensa libre lo denuncia, la resistencia se ha extendido por el ámbito legislativo y judicial. La resistencia ha sido eficaz, pero hay que continuar contra los autócratas».

Este libro es fundamental para darnos cuenta de que Sánchez cumple a rajatabla todos los requisitos que la autora exige para ser hoy en día uno de los principales y más peligrosos regresores antidemocráticos. Es decir, destructores de la democracia. ¡Leánlo! Vale la pena para ratificarse de que no están equivocados como los monclovitas les quieren hacer creer.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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