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Augusta Amiel-Lapeyre, la memoria es nuestra galería de retratos

Augusta Amiel-Lapeyre, la memoria es nuestra galería de retratos
Artículo Completo 1,120 palabras
No sé si el retrato que aparece en este libro de Augusta Amiel-Lapeyre , en su adolescencia, es la única que existe o hay más. Sus bisnietos confirman su desconocimiento de la historia familiar. Quizás tampoco se conserve demasiada documentación. Queda la gran casona en Villegailhenc , Aude, en donde vivió toda su vida sin apenas moverse. Berta Vias, a quien le debemos esta primicia editorial en la que ha hecho una magnífica antología de textos, un estudio esclarecedor y una traducción a la altura de sus complejidades , nos dice que interiormente este inmueble ha cambiado mucho. En realidad, solo mantiene la escalera principal y está dedicado a usos hoteleros.'Pensamientos salvajes' Autora Augusta Amiel-Lapeyre Editorial Ladera Norte Año 2025 Páginas 147 Precio 19,90 4Volviendo al retrato, la muchacha simplemente agraciada, de rostro sereno y de mirada penetrante, lleva un colgante con una cruz. Su mano izquierda sostiene un pequeño libro que, probablemente, es un misal. Mientras la derecha prende un ramo de flores que se apoya en una pequeña mesa, quizás circular, donde está la reproducción de una Virgen de Lourdes iluminada por un cirio sobre un candelabro de cristal. El pensamiento de esta magnífica escritora está dentro de un orden moral y ético católico , pero en absoluto es una barrera de contención para explayarse libremente, sea correcto o incorrecto.Estos 'Pensamientos salvajes' surgen de una hija, esposa, madre y ciudadana ejemplar, de una persona aislada en la región de Occitania , a muy pocos kilómetros de Carcasone , su capital. Una ciudad medieval reconstruida por Viollet le Duc. Allí nació en el año 1858 y murió en el 1944. Apenas nadie de la familia conocía aquellos papeles escritos a lápiz donde anotaba sus pensamientos o reflexiones. Noticia Relacionada CRÍTICA DE: estandar Si 'Mitos progres', de Michael Huemer: el wokismo asesina a nuestras elites intelectuales César Antonio Molina Este filósofo estadounidense desmonta en este trabajo los dogmas más arraigados de esta ideología progresistaEl gran jardín y el bosque la acompañaban permanentemente. «Ven, charlemos guardando silencio», les dice. El silencio es uno de los asuntos más reiterados. Uno de sus familiares, Paul Lapeyre, fue un conocido escritor católico promotor de la Doctrina Social de la Iglesia del Papa León XIII. Curiosamente, nuestro actual Papa es León XIV . Apenas se conoce nada de su infancia y juventud. La guerra franco-prusiana muy lejana y la muerte de su jovencísima hermana mayor («Quienes no reciben la visita de la felicidad deben ofrecer hospitalidad a la resignación»).Siendo católica, la familia Lapeyre era republicana. Augusta se casó con André Amiel, hijo de un industrial. Era una persona de gran cultura. Músico, crítico de arte, bibliófilo, filántropo y arqueólogo. Sostenía todas estas devociones gracias a que era el presidente de la Sociedad de Seguros Mutuos Saint-Roch de Villegailhenc. Está dentro de un orden católico, pero en absoluto es una barrera de contenciónAugusta estuvo rodeada de este mundo, pero su intuición e ingenio personal le bastaban. Sus pensamientos no son muestra de problemas estruendosos, sino los cotidianos. Hay también muchas reflexiones sobre la mujer. Por ejemplo, reivindica la autoría literaria femenina: «Cuando una mujer escritora cubre su anonimato bajo un nombre masculino, insulta a su sexo». Ella lo hizo parcialmente. Firmó la primera edición de los 'Pensées sauvages' (París, 1913) con las siglas de su nombre A. A.-L. De otro pensamiento surge esta otra protesta: «El hombre de los países latinos le dijo a su mujer: 'Serás mi esclava además de mi amante '. Esas dos palabras se excluyen». ¿Augusta feminista? Sí, muy contestataria con algunas de las costumbres sociales de su tiempo con las que discrepaba.Berta Vias La escritora y traductora ha logrado en esta edición de ‘Pensamientos salvajes’ una excelente antología de textos y un análisis profundo.Algunos de los asuntos sobre los que tratan estos formidables aforismos son, por ejemplo, el dolor , la inutilidad de la gloria, la esperanza, los recuerdos, la felicidad, el amor, el tiempo, Dios («Está seguro de conocer el fondo de ciertas almas…»), las ilusiones, la amistad, la alegría, las penas, la vejez , la misantropía («Es la alegría amarga de estar sola»), la sinceridad, el engaño, la mentira, el rezo («Rezar es abandonar la tierra»), los sueños, la literatura («En literatura no reconocen talento más que a quienes están muertos»), los pensamientos («Un pensamiento profundo es un fragmento de alma» o «Frente a un escritorio, los pensamientos levantan el vuelo como los estorninos ante el espantapájaros»), la muerte, la naturaleza («Vivir en el campo es ponerse en conserva»), la mezquindad, la ignorancia, el suicidio («El heroísmo de la cobardía»), así como un sinfín de asuntos inabarcables aquí.GenialidadDe entre sus hijos, Pierre y Denys fueron los más famosos. Este último, exitoso dramaturgo, fue quien le enseñó a Francis Jammes la primera edición de 'Pensamientos salvajes'. El poeta se entusiasmó, preparó otra de su mano, la presentó a un premio de la Academia y lo ganó. El volumen apareció en 1923 con su prólogo. El autor de 'Del toque de alba al toque de oración', que la conoció, la describe como discreta, ignorante de ella misma, una sombra que habla y sonríe , poseída por la genialidad de sus pensamientos en un pueblo remoto y recóndito del Aude. ¿Hada, Sibila o Parca? El poeta no despejó esta duda. Lejos de París, de la sociedad literaria, de la universidad, de la prensa y las editoriales, fue haciendo su obra por simplemente capricho propio. Cuando se publicó, tuvo una cierta repercusión pero no más allá de su ámbito.Naturaleza y cultura. Movimiento y estatismo. Reflexiones a través de los objetos cotidianos o librescos, le dan a estos cuadernos, apuntes o anotaciones secretas aún hoy en día un valor excepcional. Augusta quedó por décadas en un limbo. Ya confesó ella misma que elaboraba palabras como miel agridulce . Sus textos brillan como una luz de faro entre tinieblas. Escritora culta, pero sobrepasada por su gran talento natural, dejó escrito: «Muchos leen para poder decir: 'He leído'. Y otros para decir: 'He pensado'".

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No sé si el retrato que aparece en este libro de Augusta Amiel-Lapeyre, en su adolescencia, es la única que existe o hay más. Sus bisnietos confirman su desconocimiento de la historia familiar. Quizás tampoco se conserve demasiada documentación. Queda la gran casona en ... Villegailhenc, Aude, en donde vivió toda su vida sin apenas moverse.

Berta Vias, a quien le debemos esta primicia editorial en la que ha hecho una magnífica antología de textos, un estudio esclarecedor y una traducción a la altura de sus complejidades, nos dice que interiormente este inmueble ha cambiado mucho. En realidad, solo mantiene la escalera principal y está dedicado a usos hoteleros.

Volviendo al retrato, la muchacha simplemente agraciada, de rostro sereno y de mirada penetrante, lleva un colgante con una cruz. Su mano izquierda sostiene un pequeño libro que, probablemente, es un misal. Mientras la derecha prende un ramo de flores que se apoya en una pequeña mesa, quizás circular, donde está la reproducción de una Virgen de Lourdes iluminada por un cirio sobre un candelabro de cristal. El pensamiento de esta magnífica escritora está dentro de un orden moral y ético católico, pero en absoluto es una barrera de contención para explayarse libremente, sea correcto o incorrecto.

Estos 'Pensamientos salvajes' surgen de una hija, esposa, madre y ciudadana ejemplar, de una persona aislada en la región de Occitania, a muy pocos kilómetros de Carcasone, su capital. Una ciudad medieval reconstruida por Viollet le Duc. Allí nació en el año 1858 y murió en el 1944. Apenas nadie de la familia conocía aquellos papeles escritos a lápiz donde anotaba sus pensamientos o reflexiones.

Este filósofo estadounidense desmonta en este trabajo los dogmas más arraigados de esta ideología progresista

El gran jardín y el bosque la acompañaban permanentemente. «Ven, charlemos guardando silencio», les dice. El silencio es uno de los asuntos más reiterados. Uno de sus familiares, Paul Lapeyre, fue un conocido escritor católico promotor de la Doctrina Social de la Iglesia del Papa León XIII. Curiosamente, nuestro actual Papa es León XIV. Apenas se conoce nada de su infancia y juventud. La guerra franco-prusiana muy lejana y la muerte de su jovencísima hermana mayor («Quienes no reciben la visita de la felicidad deben ofrecer hospitalidad a la resignación»).

Siendo católica, la familia Lapeyre era republicana. Augusta se casó con André Amiel, hijo de un industrial. Era una persona de gran cultura. Músico, crítico de arte, bibliófilo, filántropo y arqueólogo. Sostenía todas estas devociones gracias a que era el presidente de la Sociedad de Seguros Mutuos Saint-Roch de Villegailhenc.

Está dentro de un orden católico, pero en absoluto es una barrera de contención

Augusta estuvo rodeada de este mundo, pero su intuición e ingenio personal le bastaban. Sus pensamientos no son muestra de problemas estruendosos, sino los cotidianos. Hay también muchas reflexiones sobre la mujer. Por ejemplo, reivindica la autoría literaria femenina: «Cuando una mujer escritora cubre su anonimato bajo un nombre masculino, insulta a su sexo». Ella lo hizo parcialmente. Firmó la primera edición de los 'Pensées sauvages' (París, 1913) con las siglas de su nombre A. A.-L. De otro pensamiento surge esta otra protesta: «El hombre de los países latinos le dijo a su mujer: 'Serás mi esclava además de mi amante'. Esas dos palabras se excluyen». ¿Augusta feminista? Sí, muy contestataria con algunas de las costumbres sociales de su tiempo con las que discrepaba.

La escritora y traductora ha logrado en esta edición de ‘Pensamientos salvajes’ una excelente antología de textos y un análisis profundo.

Algunos de los asuntos sobre los que tratan estos formidables aforismos son, por ejemplo, el dolor, la inutilidad de la gloria, la esperanza, los recuerdos, la felicidad, el amor, el tiempo, Dios («Está seguro de conocer el fondo de ciertas almas…»), las ilusiones, la amistad, la alegría, las penas, la vejez, la misantropía («Es la alegría amarga de estar sola»), la sinceridad, el engaño, la mentira, el rezo («Rezar es abandonar la tierra»), los sueños, la literatura («En literatura no reconocen talento más que a quienes están muertos»), los pensamientos («Un pensamiento profundo es un fragmento de alma» o «Frente a un escritorio, los pensamientos levantan el vuelo como los estorninos ante el espantapájaros»), la muerte, la naturaleza («Vivir en el campo es ponerse en conserva»), la mezquindad, la ignorancia, el suicidio («El heroísmo de la cobardía»), así como un sinfín de asuntos inabarcables aquí.

De entre sus hijos, Pierre y Denys fueron los más famosos. Este último, exitoso dramaturgo, fue quien le enseñó a Francis Jammes la primera edición de 'Pensamientos salvajes'. El poeta se entusiasmó, preparó otra de su mano, la presentó a un premio de la Academia y lo ganó. El volumen apareció en 1923 con su prólogo. El autor de 'Del toque de alba al toque de oración', que la conoció, la describe como discreta, ignorante de ella misma, una sombra que habla y sonríe, poseída por la genialidad de sus pensamientos en un pueblo remoto y recóndito del Aude. ¿Hada, Sibila o Parca? El poeta no despejó esta duda. Lejos de París, de la sociedad literaria, de la universidad, de la prensa y las editoriales, fue haciendo su obra por simplemente capricho propio. Cuando se publicó, tuvo una cierta repercusión pero no más allá de su ámbito.

Naturaleza y cultura. Movimiento y estatismo. Reflexiones a través de los objetos cotidianos o librescos, le dan a estos cuadernos, apuntes o anotaciones secretas aún hoy en día un valor excepcional. Augusta quedó por décadas en un limbo. Ya confesó ella misma que elaboraba palabras como miel agridulce. Sus textos brillan como una luz de faro entre tinieblas. Escritora culta, pero sobrepasada por su gran talento natural, dejó escrito: «Muchos leen para poder decir: 'He leído'. Y otros para decir: 'He pensado'".

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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