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Vecinos de Avenida de Europa, número 15. Migue Fernández Avenida Europa, 15, un conflicto enquistado entre la propiedad y los inquilinos18 arrendatarios se han organizado para no irse cuando les venza el contrato y el Sindicato de Inquilinas ha convocado una manifestación para apoyarlos
Jueves, 12 de marzo 2026, 00:07
... es lo que allí sucede para que se haya convocado una protesta? Un conflicto entre la propiedad y los inquilinos que data ya del año 2024 cuando Geslau S. L. se constituyó y adquirió el edificio o, de manera más precisa, las 23 viviendas que tienen inquilinos de un total de 28 que componen el bloque, ya que las otras cinco tienen su propietario –una de ellas, gestionada por la empresa municipal de la vivienda–. El edificio, cuando se construyó, a finales de los años 50, comenzó a operar en régimen de alquiler. El primer propietario sufrió un proceso de embargo, el inmueble salió a subasta, algunos inquilinos ejercieron su derecho a comprar su piso, y el resto pasaron a una segunda sociedad que fue la que en 2024 vendió las 23 viviendas al actual propietario. El administrador único de la sociedad, que tiene otras tres a su nombre, una de ellas dedicada también a la explotación de viviendas en alquiler, y otras dos ligadas al sector farmaceútico, explica a SUR que su ánimo era invertir para rehabilitar el inmueble y volver a sacarlo al mercado, respetando a las personas (cinco, dicen los inquilinos; hasta ocho, comenta la propiedad) que tienen renta antigua, de la que pueden disfrutar a perpetuidad y cuya cuantía no llega a los 90 euros mensuales, como luego confirmará uno de los residentes en esas condiciones.El propietario, en conversación con este medio, desliza que pagó un buen precio por el inmueble, pero que sabía que la inversión se iba a incrementar porque, según afirma –sin que los vecinos lo hayan confirmado–, a quienes tienen más distante la fecha del vencimiento de su contrato, les ha llegado a ofrecer 20.000 euros para que se vayan. Dice que empatiza con los vecinos que muestran su resistencia a irse después de tantos años viviendo en ese lugar –algunos ya están en la quinta generación de residentes en el edificio–. Pero también pone de relieve un par de cosas: por un lado, que el bloque necesita reformarse, que las autoridades locales han de facilitar –e influso forzar– que se rehabiliten las casas que lo necesiten y también favorecer la construcción de viviendas para ingresos medios y afea que exista ese solar sin usar justo enfrente, el que componen los antiguos terrenos de Repsol.
También reconoce que barajaba la idea de dividir los pisos para crear más unidades y contribuir al incremento de la oferta. Además, en conversación con SUR, el propietario señaló que ya se había deshecho de ese edificio, que además consideraba a la vista de lo sucedido, una mala inversión, cosa que la documentación oficial desmiente, puesto que Geslau comparte domicilio social contra otras de sus sociedades. Niega, en todo caso, que haya utilizado medidas de extorsión para echar a los inquilinos.
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Migue FernándezÉstos, los vecinos, que son, bien familias que llevan toda la vida en el edificio, bien migrantes de diferentes orígenes geográficos, comentan que, desde 2024, el propietario sólo se ha puesto en contacto con ellos en una ocasión, cuando les envió la carta informándoles de la adquisición y de la nueva cuenta bancaria a la que habrían de ingresar la renta, y una segunda a quienes ha avisado del término de su contrato de alquiler. Ellos dicen que quieren negociar con la propiedad para renovar los contratos de alquiler al precio razonable que consideran que ahora están pagando: «Es el 40% o el 50% de nuestro sueldo», comenta Jéssica Muñoz, de 33 años, y con un bebé de un año en un carrito. Ella se queja de las viviendas no tienen toma de tierra, las tuberías son todavía de plomo y las terrazas corren el riesgo de desplomarse sobre la acera. Confiesan que del anterior propietario aceptaron que no asumiera el mantenimiento de las viviendas a cambio de un alquiler más bajo. Y ahora, con el nuevo casero, también les cuesta que asuma las labores de mantenimiento.
«Psicológicamente estamos muy mal, porque no sabemos dónde nos vamos a ver... Hay muchas cosas para invertir, la bolsa, las criptomonedas, pero no destrozando las vidas de las personas»
«En este edificio vivimos en armonía, somos personas civilizadas, pedimos poder pagar una vivienda, que no tengamos que elegir entre comida o techo. Los precios de la vivienda en Málaga están desorbitados», clama Muñoz, que añade: «Psicológicamente estamos muy mal, porque no sabemos dónde nos vamos a ver... Hay muchas cosas para invertir, la bolsa, las criptomonedas, pero no destrozando las vidas de las personas. Si tuviera mil euros para pagar de alquiler, me iría, pero no tengo otra alternativa que quedarme. Aquí nadie quiere vivir gratis».
Niegan extorsiones directas, pero sí creen que Geslau ha adoptado una «estrategia de desgaste», dándoles a entender que no hay ninguna oportunidad de negociación para que se les «agote la esperanza» y acaben yéndose por su propio pie.
Un «ejemplo» para el Sindicato de Inquilinas
Si el Sindicato de Inquilinas ha decidido organizar una manifestación alrededor de este caso es por dos razones: por un lado, comenta Carmela Olmedo, portavoz de la organización, para poner en valor la organización de los vecinos: «Ante el primer riesgo, hay que actuar todos los vecinos juntos«. Y, por otro, porque, afirma: »Este no es un caso aislado: que un propietario decida no renovar un contrato de alquiler es algo que sucede en toda la ciudad, como también la concentración de muchas viviendas para uso rentista». «Aunque lo que hace la propiedad no es algo ilegal, está en juego la vida de la gente, y por eso planteamos esta lucha social y política, porque es injusto y contraviene el derecho a la vivienda, que ha de estar por encima del derecho de mercado; las casas son para vivir, ése es nuestro lema y ése ha convertido ya en el sentido común de Málaga». Y pone sobre la mesa otra cuestión: «Todo el mundo está asustado por la posibilidad de que le echen de su casa y por eso a veces no informa al propietario de averías y asume cuestiones del mantenimiento de la vivienda que le corresponderían al casero».
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