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El informe de competitividad se adelanta a julio y podría impulsar los siguientes pasos.
Los bancos y los Estados miembros de la Unión Europea aprietan para que la ola de simplificación en la que se encuentra inmersa la economía europea llegue cuanto antes al sector financiero. La Comisión Europea, que no había situado a este sector entre sus prioridades, parece haber recogido el guante y comienza a acelerar los tiempos previstos.
El Ejecutivo comunitario trabaja ahora mismo en la publicación de su informe de competitividad del sector bancario. Se trata de un documento que analizará el contexto en el que operan las entidades y las causas de la brecha en su rendimiento respecto a sus competidores en otras regiones como Estados Unidos.
Para su elaboración, el departamento dirigido por Maria Luís Albuquerque, la comisaria europea de Estabilidad Financiera, Servicios Financieros y Unión de los Mercados de Capitales, abrió una consulta pública hasta el pasado 19 de abril con el objetivo de que supervisores, entidades y otras partes interesadas aportaran su visión.
Las autoridades y los bancos europeos consideran este informe como el primer acercamiento a la reforma bancaria. Es una evaluación sobre el punto de partida que, junto con las recomendaciones del Banco Central Europeo y de la Autoridad Bancaria Europea, permitirá señalar qué debe reformarse para impulsar al sector sin debilitar su resistencia.
Inicialmente, la Comisión Europea barajaba terminar el documento en septiembre, pero fuentes comunitarias aseguran que la intención ahora es dejarlo listo en julio, antes del parón veraniego de las instituciones.
Dominó legislativo
Y si la primera ficha del dominó cae, también podrían hacerlo las restantes antes de lo esperado. Todas las partes afectadas por la reforma bancaria entienden en Bruselas que la publicación del esperado informe de competitividad abre la puerta a que el paquete de simplificación normativa para el sector bancario se adelante y pueda llegar incluso antes de finalizar el año, cuando antes estaba previsto, como pronto, para el primer trimestre de 2027.
"Sería una noticia excelente. Otras jurisdicciones están cogiendo el toro por los cuernos, mientras Europa opta nuevamente por un proceso excesivamente lento y burocrático", indican desde una entidad.
El sector bancario ha convertido la reforma en una oportunidad para, además de avanzar en la reducción de la fragmentación del mercado común, lograr una relajación de las exigencias de capital que consideran excesivamente complejas y redundantes.
Las entidades han reforzado su lobby en la capital europea, convirtiendo ésta en la principal batalla regulatoria de los últimos tiempos, por encima incluso de la relacionada con el euro digital.
Junto con la banca, los Estados miembros de la UE también han elevado la presión en los últimos meses sobre la Comisión Europea para que ponga en marcha la reforma. Los ministros de Finanzas de los países reclamaron ya en diciembre a la Comisión que "presentara con celeridad ambiciosos paquetes de simplificación para la regulación de los servicios financieros de la Unión, como parte de un plan integral para revisar, simplificar y, cuando proceda, derogar los actos legislativos vigentes en materia de servicios financieros".
Pero en las últimas cumbres el toque de atención ha pasado a instancias superiores, a los presidentes y jefes de Estado. Los países recogieron en las conclusiones de la última cumbre del Consejo Europeo un llamamiento a "la Comisión a que proponga modificaciones específicas del marco prudencial con el fin de mejorar la capacidad del sector bancario para financiar la economía europea, sin dejar de salvaguardar la estabilidad financiera y con el objetivo de preservar plenamente la igualdad de condiciones a nivel mundial".
A diferencia de la petición de los ministros, la procedente del Consejo Europeo sí conlleva un mandato político a que la institución que dirige Ursula von der Leyen inicie el proceso legislativo esperado.
Los países, explican fuentes comunitarias, entienden que el foco en los mercados de capitales, que también comparten, no tiene por qué retrasar el paquete bancario, sobre todo porque en junio se esperan ya avances significativos en lo que respecta a la Unión de Ahorro e Inversiones.
Eso sí, pese a que bancos y Estados miembros de la UE comparten su deseo de ver cuanto antes materializada la reforma bancaria, la finalidad es muy distinta. Los países recalcan que se debe preservar la resiliencia del sector bancario y solo optar por liberar el capital exigido en los casos en los que se pruebe un solapamiento con otras exigen
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