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Cómo (y por qué) comprar 99 preservativos en Misisipi

Cómo (y por qué) comprar 99 preservativos en Misisipi
Artículo Completo 630 palabras
Otoño de 1933. Lugar: «Una pequeña ciudad situada en la parte de arriba del mapa del estado de Misisipi ». Birdie, de veinticuatro años, entra en una farmacia para, aprovechando que ya no se necesita receta, vencer su vergüenza y comprar ¡noventa y nueve preservativos! Y el lector se pregunta: ¿dónde me habré metido? En una novela entretenidísima, como no tardará en averiguar.Son los años de la Gran Depresión , ni siquiera los ricos tienen un duro –perdón: un dólar–, los bancos se lo quedan todo… e impera la ley seca. Otra cosa que impera es la Liga contra el Vicio , que husmea en las conductas y en las intimidades ajenas. Por si fuera poco, está en vigor el programa de esterilizaciones forzadas de mujeres por motivos raciales, económicos o de salud mental, práctica copiada posteriormente por los nazis. Charlie, una de las protagonistas de 'El club de las indomables' , lo explica a su modo: te declaran débil mental , te tumban en una camilla y te cortan el vientre con un cuchillo para arrancarte la matriz y que no puedas volver a tener hijos. (La cita no es textual, pero seguro que ustedes se hacen una idea).Narrativas 'El club de las indomables' Autora Kathryn Stockett Traducción Claudia Conde Fisas Editorial Planeta Año 2026 Páginas 896 Precio 24,90 euros Valoración ****Por estas coordenadas se mueven Birdie, la jovencita del principio, la de los preservativos, y Meg, una de las internas del Hogar de Niñas Huérfanas del Condado de Lafayette desde que su madre la abandonó. Para su desgracia, Meg, alias Megadera, dibujó una última cena con un rótulo llamativo –'Jesús manda a Judas a tomar por saco'–, y así le va. En torno a Birdie y a ella, todo un enjambre de personajes a cuál más peculiar y pintoresco cuyas historias se cruzan y enredan mientras nos conducen hasta el 'Calamity Club' que da título al libro en su edición original y explica por qué alguien querría comprar, de golpe, noventa y nueve preservativos. Quizá algunos más.Mujeres al poder o, por lo menos, mujeres en lucha y todas a una, eso es lo que hay en 'El club de las indomables'. Y desparpajo, y picardía, y ternura, y ganas de divertir. En ese sentido, la literatura de Kathryn Stockett (Jackson, Misisipi, 1969) recuerda, y mucho, a la de su compatriota Fannie Flagg ( 'Tomates verdes fritos en el café de Whistle Stop' , 'Daisy Fay y el hombre de los milagros', 'Bienvenida a este mundo, pequeña', 'Todavía sueño contigo', 'Me muero por ir al cielo'). De acuerdo: la de Stockett es una novela kilométrica –casi novecientas páginas–, pero en ella no dejan de pasar cosas y el interés del lector no decae en ningún momento, lo cual me atrevería a calificar de prodigioso. Porque Stockett tiene chispa , cuenta y no para, sabe imponer ritmo a su narración y sacarles punta a las situaciones, a los diálogos, a los personajes. Y, sí: me apuesto lo que sea a que 'El club de las indomables', como antes 'Criadas y señoras', su anterior novela, será una gran película.

Otoño de 1933. Lugar: «Una pequeña ciudad situada en la parte de arriba del mapa del estado de Misisipi». Birdie, de veinticuatro años, entra en una farmacia para, aprovechando que ya no se necesita receta, vencer su vergüenza y comprar ¡noventa y nueve ... preservativos! Y el lector se pregunta: ¿dónde me habré metido? En una novela entretenidísima, como no tardará en averiguar.

Son los años de la Gran Depresión, ni siquiera los ricos tienen un duro –perdón: un dólar–, los bancos se lo quedan todo… e impera la ley seca. Otra cosa que impera es la Liga contra el Vicio, que husmea en las conductas y en las intimidades ajenas. Por si fuera poco, está en vigor el programa de esterilizaciones forzadas de mujeres por motivos raciales, económicos o de salud mental, práctica copiada posteriormente por los nazis.

Charlie, una de las protagonistas de 'El club de las indomables', lo explica a su modo: te declaran débil mental, te tumban en una camilla y te cortan el vientre con un cuchillo para arrancarte la matriz y que no puedas volver a tener hijos. (La cita no es textual, pero seguro que ustedes se hacen una idea).

Por estas coordenadas se mueven Birdie, la jovencita del principio, la de los preservativos, y Meg, una de las internas del Hogar de Niñas Huérfanas del Condado de Lafayette desde que su madre la abandonó. Para su desgracia, Meg, alias Megadera, dibujó una última cena con un rótulo llamativo –'Jesús manda a Judas a tomar por saco'–, y así le va. En torno a Birdie y a ella, todo un enjambre de personajes a cuál más peculiar y pintoresco cuyas historias se cruzan y enredan mientras nos conducen hasta el 'Calamity Club' que da título al libro en su edición original y explica por qué alguien querría comprar, de golpe, noventa y nueve preservativos. Quizá algunos más.

Mujeres al poder o, por lo menos, mujeres en lucha y todas a una, eso es lo que hay en 'El club de las indomables'. Y desparpajo, y picardía, y ternura, y ganas de divertir. En ese sentido, la literatura de Kathryn Stockett (Jackson, Misisipi, 1969) recuerda, y mucho, a la de su compatriota Fannie Flagg ('Tomates verdes fritos en el café de Whistle Stop', 'Daisy Fay y el hombre de los milagros', 'Bienvenida a este mundo, pequeña', 'Todavía sueño contigo', 'Me muero por ir al cielo'). De acuerdo: la de Stockett es una novela kilométrica –casi novecientas páginas–, pero en ella no dejan de pasar cosas y el interés del lector no decae en ningún momento, lo cual me atrevería a calificar de prodigioso. Porque Stockett tiene chispa, cuenta y no para, sabe imponer ritmo a su narración y sacarles punta a las situaciones, a los diálogos, a los personajes. Y, sí: me apuesto lo que sea a que 'El club de las indomables', como antes 'Criadas y señoras', su anterior novela, será una gran película.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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