En diciembre, mi querida abuela Rita cumplió 99 años y cuatro generaciones de nuestra familia nos reunimos en Buenos Aires para celebrar su vida y la sabiduría que ha compartido con cada uno de nosotros.
La vi radiante, rodeada de hijos, nietos y bisnietos, y no pude dejar de pensar en una realidad muy distinta para muchas personas mayores, a miles de kilómetros de Argentina: la de Ucrania, donde millones de personas afrontan en estos momentos el invierno más duro desde el inicio de la guerra a gran escala que asola el país desde hace cuatro años.
Al frente del trabajo de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, en el este de Ucrania, soy testigo cada día del impacto que la guerra tiene sobre la gente común y corriente. Las zonas en las que mi equipo y yo brindamos asistencia humanitaria se encuentran entre las más castigadas por la guerra, muy cerca de una línea del frente que avanza hacia nosotros constantemente.
Menores desprotegidos, pérdida de terreno y más refugiados: el coste de la retirada de apoyo militar de Trump a UcraniaMi trabajo, entre otras cosas, consiste en apoyar a personas que están tomando probablemente una de las decisiones más difíciles de su vida: quedarse en sus hogares y arriesgar la vida, o abandonarlo todo y huir hacia lo desconocido.
"Irnos no fue fácil; la incertidumbre daba miedo. Todavía echo de menos nuestra casa, incluso la sopa que había cocinado el día antes de marcharnos", me contó Svitlana, de 63 años.
Había sido evacuada recientemente de una zona cercana al frente en la región de Zaporiyia, y la conocí en un centro que ofrece alojamiento temporal a personas desplazadas con discapacidad o movilidad reducida.
Svitlana estaba sentada en una silla de ruedas, desarraigada de su hogar y con toda su vida anterior hecho pedazos. Cuando ella y su marido aceptaron finalmente ser evacuados, su casa ya había sufrido daños por los bombardeos y no quedaba casi nada de su pueblo. Fueron evacuados en un vehículo blindado, sin saber adónde los llevarían.
La historia de Svitlana refleja la realidad de millones de ucranianos cuyas vidas han sido trastocadas por la guerra. Y las personas mayores son las que más sufren, a menudo enfrentándose a estos desafíos en soledad.
Mi abuela, que vivió el turbulento siglo XX y la Segunda Guerra Mundial —y que fue activista por los derechos de las personas mayores— siempre me recordaba que el desplazamiento forzado afecta de manera distinta a las personas mayores: abandonar el hogar es más difícil, la adaptación es más lenta y las pérdidas se sienten con mayor profundidad.
En Ucrania veo esto todos los días. Muchas personas mayores se niegan a abandonar zonas con hostilidades en curso porque se sienten profundamente unidas a sus hogares, que en muchos casos han pertenecido a sus familias durante generaciones.
Aproximadamente 4,5 millones de personas huyen de la guerra en Ucrania, más de la mitad a Polonia. REUTERS
O porque deben cuidar de familiares vulnerables, proteger a sus mascotas o su ganado, o simplemente, porque no pueden soportar la idea de marcharse. "Preferimos morir aquí, donde está enterrada toda nuestra familia", es una frase que escuchamos con frecuencia en las comunidades cercanas al frente.
Quienes sí huyen, tienen que dejar atrás toda una vida y recurrir a su resiliencia y fortaleza para reinventarse en otros lugares, con el apoyo de organizaciones humanitarias como ACNUR, que trabaja para ayudarles a sobrellevar el desplazamiento, recuperarse y preservar su dignidad.
Solo en el último año, más de 250.000 residentes han abandonado la región oriental de Donetsk — epicentro de la actual ofensiva rusa — mientras continúan las evacuaciones en las regiones vecinas de Dnipropetrovsk, Járkov, Sumi y Zaporiyia.
Casi la mitad de quienes son evacuados y pasan por los centros de tránsito — establecidos por el Gobierno, donde ACNUR y otros actores humanitarios prestan apoyo — son personas mayores o con movilidad limitada.
Mientras Ucrania se acerca al cuarto año de esta guerra a gran escala, también sigo los intentos globales por encontrar una salida o, al menos, un cese de las hostilidades. Ucrania y su población necesitan la paz: el fin de los ataques constantes, de la muerte de civiles y de la destrucción de viviendas e infraestructuras civiles. Pero esa paz debe ser justa y duradera y en línea con el derecho internacional.
Al mismo tiempo, veo con claridad que las necesidades en el terreno no han disminuido. Al contrario, han aumentado, especialmente a medida que el invierno ha ido estrechando su cerco sobre Ucrania.
En este invierno, millones de familias han pasado semanas sin calefacción ni electricidad cuando las temperaturas exteriores descendían hasta los 22 grados bajo cero. La población —incluidos algunos de mis propios colegas— está durmiendo completamente vestida en viviendas heladas y a oscuras, sin poder cocinar, darse una ducha caliente o cargar sus dispositivos electrónicos.
El drama de las refugiadas más allá de la guerra de Ucrania: miles de desplazadas huyen por ser mujerPara las personas mayores, las personas con discapacidad y las familias con recursos limitados, estas condiciones suponen una amenaza para la vida. Cuando contamos con financiación suficiente, proporcionamos ayuda vital como la reparación de viviendas dañadas, instalación de aislamiento y sistemas de calefacción, para ayudar a la población a sobrevivir este invierno.
Cuando pienso de nuevo en Svitlana, recuerdo la energía de su mirada cuando hablamos. A pesar del miedo, de la pérdida y del desarraigo forzado, sus ojos seguían llenos de esperanza.
"Aquí no hace frío y hay paz, y la gente es amable. Nunca pensamos que nos tratarían con tanto cariño", me dijo al hablar de su vida en el alojamiento temporal. Svitlana y su marido están ahora a salvo y han recibido apoyo de nuestra organización.
Pero hay millones más como ellos en toda Ucrania: personas que han sido desplazadas de manera forzada, familias que afrontan otro invierno en hogares dañados por misiles y drones, mientras el conflicto continúa. ACNUR seguirá apoyando a quienes se han visto obligados a huir o han sido afectados por la guerra en Ucrania.
Mi mensaje es sencillo: estas no son cifras abstractas; detrás de cada número hay hombres y mujeres, niños, niñas y personas mayores que no deberían enfrentarse a otro año más de guerra.
*** Federico Sersale es jefe de la oficina de ACNUR en Dnipro (Ucrania).