- SERGIO SAIZ
Nueva York presume de contar con algunos de los museos más visitados del mundo, pero más allá del MoMA, el MET o el Guggenheim existe una red de espacios culturales pequeños, singulares y a menudo sorprendentes que permiten descubrir otra cara de la ciudad.
Lejos de la milla de los museos y de las rutas más transitadas por turistas, estas originales propuestas combinan historia, nostalgia, tecnología analógica y experiencias inmersivas. Una ruta alternativa para quienes buscan algo diferente en la Gran Manzana.
Red Hook Pinball Museum
Nacido como una iniciativa casi improvisada en la trastienda de un bar de Brooklyn durante el sofocante verano de 2025, este museo dedicado a las máquinas de pinball vintage se ha consolidado gracias al entusiasmo de los vecinos del barrio. Fundado por Kevin Murray y Wesley Michalski, dos apasionados del pinball y de su restauración, el espacio permite algo poco habitual en un museo: tocar, jugar y experimentar. Se puede jugar en casi todas las máquinas, algunas de ellas de los años cuarenta y cincuenta, y cada una incluye explicaciones sobre su historia y su relación con la ciudad.
Curiosamente, el pinball se prohibió en 1946 en Nueva York, al asociarse con el juego ilegal, y no fue plenamente legalizado hasta tres décadas después. El museo abre los fines de semana y funciona gracias a donaciones.
Chinese Scholar's Garden
El Chinese Scholar's Garden, en Staten Island, no puede estar más apartado de las rutas turísticas convencionales y, sin embargo, bien merece una visita. Integrado en el complejo del centro cultural Snug Harbor, este espacio es uno de los dos únicos jardines chinos clásicos auténticos que existen en Estados Unidos -el otro está en Portland (Oregón), en la otra punta del país-.
Inspirado en los jardines de la dinastía Ming, combina arquitectura tradicional, naturaleza y el simbolismo característico de la cultura china. Pabellones, estanques con carpas koi, cascadas y bambúes de más de tres metros de altura crean una atmósfera de calma difícil de encontrar en el resto de la ciudad. Cierra durante el invierno y reabre en primavera, cuando se convierte en una de las experiencias más recomendables para quienes buscan una pausa lejos del ruido urbano. Por fortuna, coge de camino para los fans del turismo de compras y caza de gangas que tienen marcada en la ruta turística los outlets de Staten Island.
Museo de la nostalgia
Creado por los coleccionistas Phebe Taylor y Jeff Zappala, este espacio es un híbrido entre museo y tienda que recrea la cultura popular de las últimas décadas del siglo XX. Juguetes, videojuegos, muñecos y objetos cotidianos se almacenan en mesas y estanterías que recuerdan a una casa de los años ochenta y noventa.
Hay televisores emitiendo dibujos animados clásicos y vitrinas que despiertan recuerdos inmediatos en varias generaciones. Parte de la colección procede del archivo personal de sus fundadores, y otra parte está a la venta, lo que permite prolongar la experiencia. Aunque es un vestigio de la era analógica, los horarios de apertura no son fijos y se anuncian principalmente a través de redes sociales.
Autophoto
La tecnología analógica también es protagonista en Autophoto Photobooth Gallery+Museum, en el Lower East Side. Se inauguró en octubre de 2025, coincidiendo con el centenario de la invención de la cabina de fotos automática. Se trata de exposición que explica el origen del fotomatón, su funcionamiento mecánico y el trabajo casi artesanal de los técnicos que mantienen vivas estas máquinas en peligro de extinción. Lo más divertido es que también cuenta con varias cabinas analógicas plenamente operativas, en las que los visitantes pueden hacerse fotografías y esperar a que salgan las tiras de papel inmortalizando el recuerdo de la visita.
Intrepid Sea
Anclado en el río Hudson, sobre un antiguo portaaviones de la Marina estadounidense, este museo es el más cercano a la ruta turística habitual, pero generalmente descartado por los turistas internacionales. Combina historia militar, exploración tecnológica y divulgación científica. El Intrepid permite recorrer la cubierta de vuelo de un portaaviones real, visitar submarinos, aviones históricos y exposiciones dedicadas a la carrera espacial, incluido el transbordador Enterprise.
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