- CRISTINA ACEBAL
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The New York Times publica, cada año, no tanto un "ranking" como un termómetro cultural de lo que el mundo va a querer ver, entender y fotografiar en los próximos meses. En su edición de 2026, el periódico solo señala dos destinos españoles entre los 52 que recomienda. Y el detalle es revelador: son dos maneras muy concretas de viajar aquí: un barrio que resume una ciudad y una ruta artística que conecta dos capitales.
La fórmula de los "52 Places to Go" (así se llama la selección) tiene una ventaja: rompe el automatismo. En la misma lista caben capitales, paisajes, festivales, barrios o itinerarios temáticos, y eso empuja al viajero a salir del guion habitual. Es una forma elegante y también muy eficaz de redistribuir miradas y, de paso, turismo: a veces basta con que un medio así te ponga el foco para que una zona "secundaria" entre en el radar global. El año pasado fue el restaurante en un vagón de Canfranc (Huesca). Con esa idea, los dos elegidos para 2026 son: Poblenou (Barcelona) y "la España de Sorolla", una propuesta que enlaza Madrid y Valencia a través del pintor de la luz.
Poblenou, Barcelona: un barrio con espíritu de reinvención urbana
La Plaza de les Glorias Catalanas ha pasado de ser nudo de tráfico a respirar como parque público amable y biodiverso en la zona.Barcelona vive una paradoja que el Times no esquiva: es una de las ciudades más deseadas de Europa y, precisamente por eso, lleva años lidiando con el turismo masivo. Su recomendación tiene un punto de sentido común: si 2026 va a ser un año de celebraciones -Barcelona es Capital Mundial de la Arquitectura y, además, se conmemora el centenario de la muerte de Antoni Gaudí y ha sido elegida capital europea de la Navidad 2026- quizá lo más inteligente sea mirar hacia donde se ve la Barcelona de hoy, no solo la postal de siempre.
La Sala Beckett, instalada en la vieja cooperativa obrera Paz y Justicia, es una prueba de que en Barcelona los edificios cambian de uso sin perder memoria.Ahí entra Poblenou. Durante décadas fue músculo industrial; ahora es un laboratorio urbano donde conviven antiguas naves, viviendas de barrio, estudios creativos y edificios de nueva planta. El distrito 22, la gran operación de transformación de la zona, se ha convertido en sinónimo de innovación y también de una manera distinta de habitar la ciudad: más local, menos de "checklist" de monumentos, con mañanas de café largo y paseos que terminan en la playa.
Gastronomía auténtica
Can Recasens es ese clásico restaurante enel que los vecinos disfrutan de un buen vino catalán.El atractivo de Poblenou no está en un "must" único, sino en esa mezcla que lo hace funcionar como barrio vivo: una antigua fábrica textil del siglo XVIII convertida en museo, Can Framis, donde el pasado industrial no se disfraza sino que se incorpora al relato contemporáneo; la Sala Beckett, instalada en la vieja cooperativa obrera Paz y Justicia, como prueba de que en Barcelona los edificios cambian de uso sin perder memoria; y una Plaça de les Glòries que, de nudo de tráfico, ha pasado a respirar como parque público más amable y biodiverso. A esa reinvención urbana se suma una escena gastronómica que evita la obviedad: restaurantes inquietos como Atipical, con cocina hiperlocal y un guiño italiano, o Casa Güell, que reinterpreta recetarios catalanes sin solemnidad. Lo mejor es recorrerlo despacio: pasear por la frondosa Rambla del Poblenou y acabar al anochecer con una copa de vino catalán en Can Recasens, ese clásico que sigue dando sentido a la idea de barrio.
Can Framis, en Poblenou, es una antigua fábrica textil del siglo XVIII convertida en museo.En 2026, además, Poblenou funciona como "antídoto" suave frente a la congestión del centro: una Barcelona menos apretada, más caminable, donde la arquitectura se entiende también en clave cotidiana: cómo se rehabilita, cómo se mezcla lo viejo con lo nuevo, cómo se ganan espacios públicos. Eso es lo que el NY Times viene a sugerir cuando invita a "esquivar multitudes" y viajar con calma y responsabilidad.
La España de Sorolla: Madrid y Valencia celebran a su 'pintor de la luz'
El segundo destino español es, en realidad, una idea: viajar por España a través de la mirada de Joaquín Sorolla. El Times lo plantea como un recorrido cultural y emocional: paisajes, identidad, una forma de entender la luz… con dos anclas claras: Madrid, donde reabre el Museo Sorolla tras su ampliación, y Valencia, que refuerza el vínculo del pintor con su ciudad natal.
The NewYork Times propone un puente natural entre el jardín íntimo madrileño y el Mediterráneo abierto valenciano de Joaquín Sorolla (autorretrato del pintor, 1909)En Madrid, la experiencia empieza en un lugar poco común: un museo-casa que no se vive como museo. El Museo Sorolla, antigua residencia y estudio del artista en Chamberí, cerrado temporalmente por obras y ampliación, reaparece en primavera de 2026 tras una ampliación que duplicará su tamaño. La visita no es solo una sucesión de lienzos; es entrar en su ecosistema creativo: el taller, las estancias, el jardín, esa intimidad doméstica desde la que Sorolla pintó el Mediterráneo incluso cuando estaba lejos de él. Y, para completar el mapa madrileño, sus obras también se encuentran en instituciones clave como la Real Academia de Bellas Artes y, por supuesto, el Museo del Prado, donde su pintura dialoga con otra tradición de luz y materia.
El Museo Sorolla, antigua residencia y estudio del artista en Chamberí, cerrado temporalmente por obras y ampliación, reabrirá en primavera de 2026 con su tamaño duplicado.La vuelta a casa del pintor
La obra Paseo a orillas del mar, de 1909, es una de las obras más emblemáticas de Sorolla.En Valencia, el viaje se abre y cobra sentido de regreso. Aunque las playas y los festivales de la ciudad natal de Sorolla están presentes en sus cuadros, su obra no había tenido hasta ahora un escaparate tan protagonista allí. La novedad es rotunda: frente al Ayuntamiento, en el Palacio de las Comunicaciones, la ciudad estrenará la sede europea de la Hispanic Society Museum & Library, con 220 piezas del pintor. Hay algo de justicia simbólica en ese movimiento: parte de un legado que durante años se ha contemplado lejos vuelve a dialogar con el lugar donde nació esa luz.
Valencia estrenará la sede europea de la Hispanic Society Museum & Library, con 220 piezas del pintor en el Palacio de las Comunicaciones.Lo mejor es que esta "España de Sorolla" no obliga a elegir entre ciudad-museo y ciudad-playa: propone un puente natural entre el jardín íntimo madrileño y el Mediterráneo abierto. Es una ruta que encaja con lo que el New York Times suele premiar: experiencias culturales con contexto, no solo lugares bonitos. Y además es un plan fácil de encajar en una escapada: los trenes de alta velocidad conectan ambas ciudades en menos de dos horas, reforzando la idea de un itinerario inmersivo que se recorre con calma, pero sin complicaciones.
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