Puede parecer un largo trayecto llegar a un museo atípico, el Chillida Leku, un lugar donde uno puede ir sin la expectativa de encontrar una nueva exposición y sólo disfrutar de ese entorno y las ya tradicionales piezas de su inmenso jardín en Hernani.
Pero quien acuda allí hasta el 26 de octubre se encontrará con 'Cuerpos geométricos', la exposición que reúne piezas del propio Chillida en diálogo con otras dos, una obra de Larry Bell (Chicago, 1939) y otra de Nora Aurrekoetxea (Bilbao, 1989).
El objetivo de la cita es proponernos un recorrido que muestra unas cuarenta obras de Eduardo Chillida, desde las elaboradas en los años 40, en yeso, hasta las de carácter arquitectónico a partir de los 80. La dinámica del museo por mantener vivo su legado pasa por estas propuestas que ayudan a generar intercambio con otros centros y artistas con los que, probablemente, el nexo creativo provenga de una clara deuda conceptual y gran admiración por una de las figuras más fascinantes de la escuela vasca.
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'Cuerpos geométricos' pone a dialogar a dos artistas con una profunda inquietud por las temáticas más recurrentes del donostiarra. Centrada en el tratamiento de los volúmenes por parte de los tres autores, enfatiza el uso de esos cuerpos geométricos de Chillida como aspecto más formal de su obra que, en realidad, tenía una conexión espiritual con el entorno, lo invisible, el vacío que generaban los volúmenes y las reflexiones más alejadas de esa primera impronta voluminosa, dura, firme; esa fragilidad, levedad y suavidad de las cavidades donde guarecerse, que revolucionaron una forma de entender la escultura.
Y es por esto que, ahora, la pieza de otro artista como Larry Bell, con unos materiales nada parecidos a los de Eduardo Chillida ('Triolith D' (2020) es la obra cedida por Hauser & Wirth para esta cita), es una escultura que permite que los vacíos del vasco se mezclen, confundan, se compongan y transformen con la luz formada gracias a sus planos triangulares, que van cambiando a la vez que el espectador se sumerge en su observación.
Por su parte, 'Aulki bat' (2019), desarrollada por Aurrekoetxea, propone la observación de un objeto, una silla tejida con pelo sintético (obra realizada en colaboración con la estilista Milena Diekmann y que pertenece a la colección del CA2M de Móstoles).
¿Acaso no es toda una reflexión sobre el individuo, los espacios que ocupa y las dimensiones en torno a su propio diálogo interno con el entorno? Hay que reconocer el esfuerzo de este espacio por mantener vivo el legado de Chillida, que, dando un mayor giro a la cuestión, hace dialogar sus obras con las de otros contemporáneos, que encuentran en estas aperturas del museo otra forma de construir puentes invisibles sujetos a los propios diálogos internos del espectador cuando se encuentra con ellos.
En este caso, como indican Estela Solana y Mikel Chillida, invitándonos a descubrir cómo la geometría, lejos de ser un lenguaje cerrado o puramente formal, se convierte en herramienta para pensar el espacio, la escala, el límite y la relación entre la materia y el vacío, y disfrutando los contrapuntos y los encuentros del tratamiento de las formas de los tres artistas.
En el seno de 'Cuerpos geométricos', Chillida-Leku coproducirá una nueva obra de Nora Aurrekoetxea para integrar en los próximos meses y ampliar el diálogo. Habrá que volver.
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Dialogar con el silencio en Chillida-Leku
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