Fuente de la imagen, Air/Sea Heritage Foundation and Deep Sea Vision
Pie de foto, Información del artículo- Autor, Juan Francisco Alonso
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 19 minutos
"Señores pasajeros, bienvenidos a este vuelo con destino a (...). Antes de despegar, les pedimos su completa atención mientras repasamos las instrucciones de seguridad".
¿Quién no ha escuchado este mensaje cuando se encuentra dentro de un avión, a punto de iniciar unas vacaciones, emprender un viaje de trabajo o simplemente regresar a casa?
Sin embargo, las indicaciones que comienzan con el recordatorio de abrocharse el cinturón de seguridad y no reclinar los asientos durante las fases de despegue y aterrizaje, y que continúan con la petición de ubicar las salidas de emergencia, así como la localización de los chalecos salvavidas y cómo emplearlos en caso de amerizaje, no siempre existieron.
Las instrucciones entraron en vigor tras un fatal accidente aéreo ocurrido en 1952 en la isla de Puerto Rico, una tragedia que se cobró la vida de 52 personas y que ha vuelto a ocupar titulares más de siete décadas después, luego de que un grupo de exploradores y científicos localizara los restos de la aeronave siniestrada en el fondo del océano Atlántico.
El hallazgo del DC-4, propiedad de la desaparecida aerolínea estadounidense Pan Am, se produjo el pasado 2 de junio, alrededor de las 19:00 horas, informó la Air/Sea Heritage Foundation.
La organización, junto con las empresas de exploración Deep Sea Vision (DSV) y Eco Minerals, así como la cadena estadounidense Discovery Channel, participó en la búsqueda que permitió ubicar la aeronave.
La tragedia de Viernes Santo
El accidente del vuelo 526A sigue siendo uno de los peores desastres aéreos en la historia de Puerto Rico.
El 11 de abril de 1952, un Viernes Santo, 64 pasajeros —incluidos seis niños— y cinco tripulantes subieron a bordo del Clipper Endeavour, un DC-4 de cuatro motores de hélice comparable en tamaño a un Boeing 737 moderno.
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Final de Más leídas
El avión partió del aeropuerto de Isla Grande, en San Juan, rumbo a Nueva York, a lo que hoy es el aeropuerto John F. Kennedy. Horas después, aquella jornada quedaría grabada en la memoria de la isla como la "Tragedia de Viernes Santo".
Fuente de la imagen, Pan Am Historical Foundation/John Johnson Collection
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Episodios
Fin de Podcast
El aparato despegó a las 12:11 de la tarde, pero apenas unos minutos después el motor número 3 comenzó a presentar fallas y luego le siguió el número 4.
Ante la continua pérdida de altitud, el capitán John C. Burn abandonó su plan inicial de regresar al aeropuerto.
Según el informe elaborado por los investigadores del accidente, al que tuvo acceso BBC Mundo, el piloto decidió alejarse hacia la costa para evitar un posible aterrizaje de emergencia en una zona poblada o sobre un arrecife de coral.
Finalmente, Burn optó por realizar un amerizaje.
El comandante contaba con una amplia experiencia en vuelos transoceánicos y estaba familiarizado con las maniobras sobre el agua, ya que Pan Am había utilizado hidroaviones durante años en sus rutas internacionales durante las décadas previas, recoge un artículo publicado por la Pan Am Historical Foundation.
A pesar del enorme riesgo que implicaba la maniobra y de que la cola de la aeronave se desprendió tras el impacto, todos los ocupantes sobrevivieron en un principio.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,Una tormenta perfecta
Sin embargo, la alegría duró poco. Con el fuselaje fracturado, el agua comenzó a inundar rápidamente la cabina y, menos de tres minutos después del impacto, el avión se hundió, arrastrando consigo a 52 personas.
Solo 39 cuerpos fueron recuperados.
¿Qué ocurrió? La investigación de la Junta de Aeronáutica Civil de Estados Unidos, predecesora de la actual Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés), concluyó que el accidente fue provocado por fallas mecánicas en los motores que no fueron corregidas a tiempo.
En un vuelo anterior otro capitán reportó unos problemas.
No obstante, los investigadores concluyeron que la tragedia se vio agravada por otros factores, entre ellos la barrera idiomática, la falta de instrucciones claras para los pasajeros y la ausencia de procedimientos adecuados de evacuación.
"Cada pasajero disponía de un chaleco salvavidas ubicado en un bolsillo situado en la parte posterior de cada asiento", señala el informe fechado en septiembre de 1952.
"Sobre cada bolsillo había un cartel en inglés y español indicando su localización", agrega el documento de 13 páginas.
Sin embargo, los testimonios de los sobrevivientes revelaron que "antes del amerizaje, ningún miembro de la tripulación informó a los pasajeros sobre dónde estaban los chalecos ni cómo debían usarse".
"Como resultado, se produjo una considerable confusión", concluyeron los investigadores, quienes admitieron que la falta de instrucciones dejó a muchos pasajeros sin saber qué hacer para salvar sus vidas.
Por si fuera poco, solo una de las tres balsas salvavidas inflables pudo desplegarse correctamente. A ella lograron subir el primer oficial, dos auxiliares de vuelo y tres pasajeros.
Mientras tanto, el capitán y otros diez supervivientes permanecieron flotando en el mar durante cerca de una hora hasta ser rescatados por unidades de la Guardia Costera de EE.UU.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,Los investigadores también determinaron que el hecho de que las balsas estuvieran almacenadas en un compartimiento detrás de la cabina de mando dificultó su acceso en un momento crítico y pudo haber contribuido al elevado número de víctimas.
"Si hubiera habido más balsas accesibles, podrían haberse salvado vidas adicionales", señala el informe.
"La Junta concluyó que probablemente podrían haberse salvado más vidas si los pasajeros hubiesen recibido instrucciones previas sobre la ubicación y el uso de los chalecos salvavidas", sentencia el reporte.
A raíz de estas conclusiones, el organismo recomendó que los chalecos y las balsas se almacenaran en lugares de fácil acceso y que pudieran desplegarse rápidamente durante una evacuación.
Asimismo, propuso que en los vuelos de largo recorrido sobre el agua las aerolíneas estuvieran obligadas a informar verbalmente a los pasajeros sobre la ubicación de los chalecos salvavidas, la forma correcta de utilizarlos, la localización de las salidas de emergencia y la ubicación de las balsas.
"Esta explicación deberá incluir una demostración práctica sobre cómo colocarse correctamente un chaleco", se proponía en el informe.
Las recomendaciones fueron acogidas por las autoridades estadounidenses e incorporadas a la legislación aeronáutica civil en 1965 y con el tiempo terminaron convirtiéndose en estándares de seguridad adoptados por gran parte de la industria aérea mundial.
"Este incidente se convirtió en un catalizador y contribuyó a impulsar mejoras en la seguridad, como el uso de mejores equipos de flotación y las sesiones informativas previas al vuelo", explicó John Cox, piloto y experto en seguridad aérea, según reseñó el diario londinense The Guardian.
"Fue un paso más en el camino hacia la seguridad aérea de la que hoy disfrutamos", concluyó Cox.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,Una tarea compleja
¿Por qué tuvieron que pasar más de siete décadas para encontrar el avión? La principal explicación es la enorme profundidad a la que yacen sus restos, según explicaron representantes de la Air/Sea Heritage Foundation.
Los restos del Clipper Endeavour se encuentran a unos 600 metros bajo las aguas del océano Atlántico.
Sin embargo, los avances tecnológicos de los últimos años han permitido superar obstáculos que durante años hicieron imposible localizar la aeronave.
La empresa Deep Sea Vision, especializada en exploración y minería submarina, ha desarrollado drones acuáticos equipados con sofisticados sensores capaces de escanear vastas extensiones del lecho marino a profundidades de hasta 6.000 metros y permanecer sumergidos durante cuatro días consecutivos.
"Esto allanó el camino para la expedición que llevó a cabo una extensa búsqueda submarina y que finalmente permitió identificar los restos", señalaron desde la Air/Sea Heritage Foundation.
La identificación definitiva del DC-4 se logró gracias a un estudio fotográfico del lugar del siniestro.
Las imágenes obtenidas mostraban claramente el icónico logotipo alado de Pan Am y el nombre de la aeronave, aún legibles en un fuselaje que, aunque dañado, permanece en gran medida intacto y bastante bien conservado.
El hallazgo podría ofrecer nuevas esperanzas a los familiares de las víctimas de otros accidentes aéreos, como el del vuelo MH370 de Malaysia Airlines, desaparecido hace más de 12 años con 239 personas a bordo.
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