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Las principales organizaciones agrarias alertan de que el precio del gasóleo agrícola es hoy un 50% más caro que hace un año, y anuncian movilizaciones urgentes con fechas aún por desvelar.
La guerra en Oriente Próximo, el prolongado bloqueo del estrecho de Ormuz y, como consecuencia de ello, el fulgurante ascenso de los precios energéticos han puesto contra las cuerdas al sector agrario español. "El campo no puede esperar más: la subida de los combustibles, imprescindibles para producir alimentos, ha llevado a las explotaciones a una situación límite", advirtieron ayer las principales organizaciones agrarias del país, Asaja, COAG y UPA, en un comunicado conjunto en el que anunciaron la convocatoria "urgente" de protestas en toda España por "la subida inasumible del combustible" y también de los fertilizantes, que "han disparado los costes de producción y hundido la rentabilidad de agricultores y ganaderos de todos los territorios y sectores". Las fechas y lugares de esas movilizaciones están aún por desvelar.
El campo español denuncia que el gasóleo agrícola es hoy alrededor de un 50% más caro que hace un año (su precio medio ronda los 1,65 euros por litro cuando en el septiembre del año pasado era de 1,1 euros) y que la subvención gubernamental de 20 céntimos por litro, amén de insuficiente porque no refleja el diferencial real de precios, expira el próximo 30 de septiembre sin que por parte de las Administraciones haya "respuesta ni alternativa sobre la mesa".
A poco más de diez días de esa fecha, el sector agrario está dispuesto a elevar en las calles la presión al Gobierno "hasta obtener respuestas", porque la actual crisis energética se produce "en plena campaña de siembras, vendimia, maíz y, en pocas semanas, aceituna, cuando el tractor no puede quedarse parado", avisan. Esto es, agricultores y ganaderos se encaminan "a afrontar el otoño sin ningún respaldo", por lo que sus protestas masivas buscarán forzar medidas "inmediatas" por parte de las Administraciones Públicas.
De momento, el Gobierno mantiene la puerta abierta a la eventual adopción o reactivación de ayudas, pero sin concreción. "Vamos a trabajar en las medidas del Plan de Respuesta para continuar acompañando y apoyando a las familias ante las subidas de los precios", afirmó el jueves el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, quien añadió que el Ejecutivo prestará ahora especial atención "a los sectores profesionales más afectados, como son el transporte y el agroalimentario, debido al efecto que produce en el resto de la cadena".
Cuerpo hizo estas declaraciones tras reunirse con la patronal y los sindicatos en el marco de una ronda de contactos con los representantes de diferentes sectores económicos para "abordar la continuidad del apoyo a familias y empresas ante el impacto de la inflación más allá del 30 de septiembre". De hecho, la semana que viene mantendrá un encuentro con representantes de la industria alimentaria, del comercio de materias primas agrícolas y de fabricantes de fertilizantes. Mientras, el titular de Agricultura, Luis Planas, se apresuró ayer a convocar para el martes al sector agrario tras el anuncio de movilizaciones, al tiempo que aseguró que se estudian medidas que compensen el alza del gasóleo.
¿Medidas selectivas?
Estos encuentros, según Cuerpo, buscan "calibrar las medidas de apoyo que puedan ser necesarias para acompañar a los más afectados". Una frase en la que subyace que las futuras medidas serán más selectivas, ya que, tal como advirtió el jueves la presidenta de la Airef, Inés Olóndriz, el margen fiscal del Gobierno para seguir ampliando las ayudas sin comprometer sus objetivos financieros es cada vez más restringido.
Ese reducido margen de maniobra coincide con un momento complejo para el poder adquisitivo de las familias: la inflación se catapultó en agosto hasta el 4,3%, su tasa más alta desde febrero de 2023, mes en el que el precio del gasóleo se encareció un 30,3%, casi el doble que en julio, mientras que el de la gasolina subió un 16,9%, de acuerdo con los datos del INE. En la actualidad, el precio medio del litro de gasolina 95, la más común, roza los 1,9 euros, mientras que el gasóleo A habitual ronda los 1,88 euros, situándose ya por encima del precio que tenía antes de que se elevara de 10 a 20 céntimos la bonificación fiscal al diésel durante este mes.
Aunque de momento ese acelerón de los precios energéticos no se ha contagiado con demasiada fuerza a los alimentos, puede ser solo cuestión de tiempo que lo haga si la crisis no remite. De hecho, los cereales registraron esta semana en las lonjas españolas sus precios más altos desde julio de 2025 por el efecto combinado del conflicto en Irán, la persistencia de la guerra en Ucrania y las malas cosechas europeas por culpa de los fenómenos climáticos. Por ejemplo, la cotización del trigo sube un 16,8% desde esa fecha, mientras que el maíz se ha encarecido un 12,7%, y la cebada un 21,6%.
Y todo apunta a que la tormenta está aún lejos de amainar. Esa es, al menos, la percepción que tienen los consumidores de la eurozona, cuyos pronósticos sobre la inflación para los próximos meses ha empeorado, de acuerdo con la última encuesta del BCE, publicada ayer. Ahora prevén una tasa media del 3% para los próximos doce meses, una décima más que en el sondeo anterior, de julio.
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