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Decía esta misma semana el socialista Eduardo Madina que le dolía en el corazón que no haya ni un paso de este Gobierno "que se entienda". Y le saltaba Óscar Puente a la yugular con un exabrupto: "Lo que te duele todavía es el baño que te dio Pedro. El rencor es un veneno que te tomas tú, creyendo que vas a matar al otro. Pero el otro está vivito y coleando y es presidente del Gobierno. Y tú andas de tertuliano exhibiendo tu rencor cada mañana. ¡Para lo que has quedado!".
A la vista está que Puente no es capaz de aplicarse sus propias sentencias ni contener lo que le sale de las vísceras porque cuesta encontrar un ejemplo más claro de respuesta vehemente aderezada con rencor hacia un compañero de formación al que trata peor que si fuera Tellado. Un compañero que, por otra parte, no ha dicho ninguna barbaridad. Por poner un ejemplo, ayer sin ir más lejos la ministra y compañera de Puente en el Gobierno, Sira Rego, dijo que se sentía "profundamente agradecida" con Vinicius, Mbappé y Konaté por no haberse puesto las camisetas de apoyo a los ceutíes. Una cosa es entender que no lo hicieran, pero que un miembro del Gobierno esté profundamente agradecido con un gesto así es un desprecio a los ceutíes se mire como se mire. Esto no lo entiende ni Madina ni nadie y con estas formas que gasta Puente va a ser difícil que nadie crea que la polarización es culpa de la extrema derecha.
Vista la reyerta que se trae todos los días el sanchismo con la oposición y con cualquiera que deslice la menor crítica a Pedro Sánchez, aunque sea del propio PSOE, el muro que ha levantado el presidente no separa ya a dos Españas como creíamos sino a España y El Álamo. El espacio que se ha reservado el presidente sería ese reducto en el que se cobijan junto a él todos los renegados y su red clientelar. Ahí está la mayor parte del Gobierno, está Tezanos, el exfiscal general, el delegado del Gobierno en Ceuta y todos esos que en redes le dedican a Madina adjetivos como traidor, fracasado o resentido por haber osado decir suavemente que las incoherencias desbordan al Ejecutivo. Son los mismos que siguen creyendo que las joyas que se encontraron en la caja fuerte de Zapatero o no valen nada o las colocaron los israelitas. En ese lado del muro están también los que apoyan la continuidad de Sánchez para así poder seguir extorsionándole a costa de los españoles. Ahí se situarían los nacionalistas con Bildu y ERC a la cabeza, y Junts y el PNV algo más distantes.
Por supuesto ahí está la sincronizada y con ella ese responsable de un medio de comunicación que decía esta misma semana sin alterar su pulso que "en España vivimos un peligro real para la democracia que se llama Poder Judicial". Si se escuchara es posible que sintiera no vergüenza ajena sino propia, aunque es muy probable que no lo diga tanto porque lo piense sino porque es la consigna que ha pasado Moncloa a todos los que aún se mantienen fieles por convicción o interés. Solo le faltó decir que la oposición, la alternancia y el voto también son un peligro real para la democracia. Y así, tacita a tacita, hubiera llegado a ese modelo peculiar de pluralismo en el que realmente cree este Gobierno echado al monte. Tirando de ironía, se podría decir que con estos sujetos de convicciones tan democráticas, ¿quién necesita en este país recurrir a la ultraderecha para acabar con las libertades?
Esta radicalización no es gratuita y tiene un objetivo. Permite a Sánchez generar un ecosistema en el que sobrevivir, aunque pierda abrumadoramente las próximas elecciones generales. Como esos peces que se entierran en el barro cuando se seca el río y reaparecen incluso años después. Sánchez necesita hacer esto porque, acorralado y desprestigiado por los escándalos de corrupción y con una gestión que abrasó las instituciones, tiene escasa proyección para sobrevivir en otro lugar que no sea ese reducto. Las palabras gruesas que usa Puente permiten al sanchismo alinear a los cien mil hijos del rencor e irlos preparando para garantizar su continuidad.
A estas alturas Sánchez no está polarizando para ganar las elecciones, que las tiene más que perdidas, sino para seguir controlando el PSOE tras la debacle, impidiendo que lo racional se imponga a lo emocional en el seno del partido. Sánchez no va a atrincherarse en La Moncloa sino en Ferraz.
Son esos militantes cabreados, una inmensa minoría entre la masa electoral del país, los que le van a permitir ganar las primarias y perpetuarse contra los elementos. Contra una sociedad española y contra un socialismo que lo va a tener verdaderamente difícil para reinventarse. El objetivo es que pierdan la esperanza Emiliano García-Page, Felipe González, Juan Lobato, Susana Díaz, Nicolás Redondo, Tomás Gómez o el propio Madina. Sánchez carga contra todo lo que se mueve y no le es afín. Carga contra el Supremo por decir que las nacionalizaciones que contempla la ley de nietos se tienen que ajustar a lo que el Parlamento aprobó en la Ley de Memoria Democrática. Carga contra la Audiencia Nacional porque le dice que la ubicación de migrantes en el Puerto de Ceuta tiene que hacerse con garantías y cumpliendo la legalidad. Carga contra quien le recuerde que está sometido a ese imperio de la Ley que le molesta.
Iñaki Garay. Director adjunto de Expansión
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