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Karsten Jänicke, CEO de Renolit desde enero de 2025, combina liderazgo accesible y visión estratégica global para guiar a la multinacional alemana con más de 4.000 empleados. Desde su experiencia en Barcelona hasta la expansión en Norteamérica, Asia e India, Jänicke demuestra que la apertura cultural y la cercanía con los equipos son claves para el crecimiento empresarial y la innovación en el sector de membranas y soluciones poliméricas.
El mensaje de Bad Bunny durante el descanso de la sexagésima edición de la Super Bowl fue claro: "Lo único más fuerte que el odio es el amor". Es difícil no estar de acuerdo con esta aseveración ya que, incluso en el mundo ejecutivo, el amor puede determinar mucho más que un MBA o cualquier escuela de negocio. Al menos así lo cree Karsten Jänicke (Kamen, Alemania, 1968), CEO de Renolit, multinacional especializada en la fabricación de láminas, membranas y soluciones poliméricas de alta calidad; que, durante su etapa en Barcelona en la compañía logística Thyssen Haniel, encontró a su media naranja: "Ir a España y trabajar en Barcelona fue, sin duda, el paso más importante de mi vida". Por aquel entonces, Jänicke era un joven idealista que quería aprender castellano para trabajar en proyectos sociales en Hispanoamérica. Así conoció a su esposa, una profesora de idiomas que le ayudó a adaptarse a nuestros usos y costumbres y que le ancló durante siete años a la capital catalana.
Aquella etapa le aportó, más allá de una compañera de vida, una apertura mental que hoy considera su principal activo como directivo: "España no es Alemania; aprendí a convivir y entender otras culturas e ideas". Valor que le ha acompañado durante más de 17 años en Renolit, empresa alemana que lidera desde enero de 2025. Pero no es el único. También acopia las lecciones de sus predecesores para dirigir esta compañía que cuenta con más de 4.000 trabajadores y que facturó en 2024 (su último ejercicio fiscal público) más de 1.196 millones de euros. "Michael Kundel [anterior CEO de Renolit] me enseñó a tener una disciplina férrea, control financiero y una visión comercial envidiable", señala el ejecutivo alemán.
No obstante, Jänicke busca su propio rumbo en una etapa marcada por la volatilidad geopolítica. La guerra en Ucrania, detalla el directivo, ha supuesto la pérdida definitiva del mercado ruso, un vacío que ya están llenando competidores coreanos y chinos: "El mercado que teníamos en Rusia no lo recuperaremos en mucho tiempo". Para compensar este golpe, Jänicke y su equipo miran hacia Norteamérica y Asia, con la esperanza de crecer en el sector de la salud con sus plantas en Chicago y Los Ángeles. También a India, país donde la multinacional ha encontrado un nuevo motor de crecimiento, impulsado en gran medida por el objetivo gubernamental de alcanzar las cero emisiones netas de dióxido de carbono en 2070. Allí, Renolit está invirtiendo en fábricas de membranas para centrales hidroeléctricas. Producto de alta ingeniería que hasta la fecha solo se producía en su planta de Sant Celoni en Barcelona.
Y es que nuestro país, más allá de su romance, ocupa un lugar especial en la vida del directivo teutón. "Dentro del organigrama de Renolit, España no es un mercado más; es una pieza estratégica fundamental. La fábrica de Sant Celoni es la más grande del grupo en cuanto a volumen de producción, superando incluso a la sede central de Worms en Alemania. Es allí donde se fabrican las famosas membranas Alkorplan para piscinas y las cubiertas de ingeniería civil que se exportan a medio mundo, desde túneles hasta embalses en India", detalla Jänicke, que además lidera más de 30 plantas repartidas por el mundo para la fabricación de PVC para automoción, construcción, piscinas y farmacia entre otros.
Puertas abiertas
Desde que Jänicke asumió el cargo ha tenido clara su prioridad: derribar los muros invisibles que separan las fábricas de las moquetas. Para el jefe, el liderazgo no es una cuestión de estatus, sino de accesibilidad. Rechaza de plano los privilegios tradicionales de la alta dirección, como los comedores exclusivos. "Aquí tenemos una cantina en la que te puedes sentar con quien quieras, sea o no ejecutivo", afirma con naturalidad. Esta cercanía es el pilar de lo que él define como su filosofía de gestión: "Predico con la política de puertas abiertas... Cualquiera puede entrar a mi despacho. Da igual si es el jefe de la unidad de negocio o si es un becario". Asimismo, Jänicke cree que el modelo de autoridad vertical ha caducado:"Hay poca gente a la que todavía le guste recibir órdenes o seguir los mandatos de sus superiores. Creo que el futuro de los líderes no consistirá en dar órdenes. En su lugar, optarán por el trabajo en equipo y fomentar el espíritu empresarial y propósito". No obstante, para que este sistema funcione, el líder de Renolit sostiene que la comunicación y la confianza deben ser bidireccionales. "Inspirar confianza es una cosa mutua. Cada empleado debe sentirse dueño de su parcela, mi labor es promover el compromiso y el desarrollo personal como motores de crecimiento del grupo", comenta.
Gestionar una agenda global que abarca desde China hasta Estados Unidos exige una capacidad de desconexión radical al llegar a casa. Jänicke reconoce que, aunque en el pasado sus dos hijos -que hoy ya tienen más de 25 años- lo veían permanentemente pegado al ordenador, la familia ha sido siempre su vía de escape: "Tener hijos ha sido una gran suerte porque así olvidas lo que está pasando en la fábrica", confiesa el CEO de Renolit, que valora esos momentos de charla y juego como el mejor antídoto contra el estrés corporativo.
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